martes, 22 de enero de 2013

Natalia Carbajosa


TENGO

Tengo dos ojos
tengo dos manos
tengo dos piernas
tengo un sexo
nocturno y de alborada
un techo bajo el frío
un jardín sobre el calor
tengo la luz del invierno del sur
la promesa brumosa del dócil verano
tengo un puerto de mar y he tenido
un pinar un río
una muralla
tengo
una herida intacta
que lamo sin sutura
para que no se pudra ahí debajo
tengo un amor como los de antes
de la guerra o el olvido
tengo sueños que no he vivido
sueños que no viviré
-también yo soy de su misma materia-
y puñados de horas muertas sin preguntas
y de horas multiplicadas
voraces horas-páginas
y páginas de tiempo sin dueño
sin espacio
que hablan la lengua extraña del origen
tengo la infancia otra vez
su pájaro azul revoloteando
en el cuarto de al lado
tengo una ira mansa
una serenidad siempre al acecho
una esperanza por lo que habrá de ser
y los que habrán de ser
aunque aún no exista y no lo sepan
tengo
la acedía de la soledad
y el sabor agridulce de tantos encuentros
cuyo último trago a veces yo misma
arrojé al foso de la ingratitud
tengo siempre que termino la certeza
de encontrarme otra vez en el principio
sólo de ella –la certeza- tengo miedo
no de mi oscura propensión
a escarbar en lo que borbotea
bajo el limo
tengo en mí más amiga que enemiga
desde que arrojé por la ventana
las muletas para almas ortopédicas
-lejana herencia sin fruto- tengo de cuándo en cuándo
el motín de mis obsesiones
las abejas pasajeras
la retina insobornable
de perro abandonado al borde de una calle
la adicción de los confines.
Tengo tanto y no pedí
tanto y no he merecido
que sólo este gozo he de apurar
-este dolorido gozo-
sabiéndome simple inquilina fugaz,
jamás y nunca propietaria de mi vida.