10 enero 2016

Aída Acosta





Amarrado, así estás,
preso de ti
no puedes liberarte
no quieres liberarte.

La golondrina revolotea
 en la húmeda nuca
busca la gota que endurezca
el barro para su nido;
ilusa de su libertad
bebe la amargura del encadenado.

Esclavizado, así estás,
atado a ti
y así seguirás cuando la golondrina
levante su vuelo hacia la luz.
                                                              

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