12 enero 2016

Barbara Grande






AUSENTES
El miedo ya no se esconde 
en el blister 
o los semáforos.
No está en el buzón,
en la espera,
la estación fría
ni en el tiempo.
El miedo se esconde aquí dentro, 
en mi pecho,
justo al segundo de rozar el recuerdo,
cuando mi corazón se desboca
y muero un poco.
Llueve a cántaros en el salón
y sólo temo
a los ojos del destino
cuando miran fijos
al horror del juicio
y de la culpa.
También la ausencia.


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