07 enero 2016

Pedro Salinas






A la noche se empiezan
a encender las preguntas.

Las hay distantes, quietas,
inmensas, como astros:
... preguntan desde allí
siempre
lo mismo:
cómo eres ?

Otras,
fugaces y menudas,
querrían saber cosas
leves de ti y exactas:
medida de tus zapatos,
nombre de la esquina del mundo
dónde me esperarías.

Tú no las puedes ver,
pero tienes el sueño
cercado todo él
por interrogaciones
mías.
Y acaso alguna vez
tú, soñando, dirás
que sí, que no, respuestas
de azar y de milagro
a preguntas que ignoras,
que no ves, que no sabes.
Porque no sabes nada...

y cuando te despiertas,
ellas se esconden, ya
invisibles, se apagan.

Y seguirás viviendo
alegre, sin saber
que en media vida tuya
estás siempre cercada
de ánsias, de afán, de anhelos,
sin cesar preguntándote
eso que tú no ves
ni puedes contestar.

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