16 julio 2016

Alfonso Pedro






A ELISA.

Nunca te a tanto
como cuando no te conocía,
cuando no eras más que un suspiro
en una tarde lluviosa.
Nunca te amé tanto
como cuando, conociéndote, no te tenía,
cuando eras del aire, de le gente, pero no mía.
Nunca te a tanto
como cuando me descubriste,
me miraste y me sonreíste.
Nunca te a tanto
como cuando te besé por primera vez
y nuestros labios fueron la boca
de un solo volcán.
Nunca te a tanto
como cuando nos hicimos uno
y se nos olvidaron nuestros nombres
y nuestros cuerpos.
Nunca te a tanto
como cuando me diste los hijos
y en ellos perpetuamos lluvia, aire,
sonrisa y volcán.
Nunca te a tanto
como ahora que nieva en tu pelo
y compartes conmigo
la escarcha del tiempo.
Nunca te a tanto
como en este poema que ahora escribo
y desde antes de conocerte vivo.
Nunca te a tanto
como mañana cuando te hayas ido
o sea yo quien se hubiere marchado
sin que lo queramos.
Nunca te a tanto
y, mientras tanto,

¡tanto te amé!



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