15 julio 2016

Ana Deacracia






Es el viento quien alimenta y deja morir en la aridez
de una catarata urgente por estallar de pronto.

La metralla se oculta en el laúd previsto de las hadas
lloviendo sobre el caos más absoluto, junto al pretil del beso
y la contención de las manos,
cuando los dedos se atrapan a sí mismos.

Sin horarios ni estadísticas…
El te quiero y el me voy, el me quedo y el no puedo,
aunados a una misma voz o gritados en ecos distintos.

El poniente es el culpable, y tus ojos…
y mi forma de sonreírte cuando me miras.

Es el viento, amigo mío, el viento, cuando el agua...






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