13 julio 2016

Ana Deacracia






En el tejado un puñado de hojas al lado sur,
el viento las ha ladeado, jugando hasta ganar.

La puerta de entrada está semiabierta, o semicerrada,
nadie lo sabe…

Sin rejas en las ventanas,
aun así es imposible salir por ellas,
sólo se puede mirar afuera,
saber si el horizonte sigue ahí, o la luna…

No hay jardín desde hace tiempo,
ni hierba ni árbol ni columpio de niños.

Dentro, en las habitaciones, retumban voces viejas,
asilo perpetuo de la ausencia.

En el salón un sofá queda a la espera.
Por los pasillos se descuelgan
las fotografías de la memoria.

No es posible pintar las paredes
con la sensación de que no hay tiempo.

El baño guarda rescoldos de incandescencia,
ocultos tras el espejo. Él lo sabe.

No hay cocina.
Aire, queda aire aún para poder bajar las escaleras
y quedarte absorto, pensando.





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