05 diciembre 2016

Laura Villanueva





 Vapor de un lienzo de Matisse

DANZAN uvas de lluvia en la iluminación natural de Pompeya.
Un grito de ojos verdes abandona su cueva
y se dirige al movimiento callado de las nubes.

¿En qué flor muere el mar cuando tus labios evitan el infinito?
¿El sol es un intento de huída del calor del planeta,
un refugio anegado de amarilla hiedra?

Tus manos flotan en un globo hermético de sueños.
Yo juego a que mi vida nace en la extraña voz
de tu ombligo.
Las rosas de mis hombros esperan delicada poda.
Cuento los sobresaltos de tu cintura
cada vez que te muerdo.
Olas rojas rompen aceleradas en una orilla redonda.

¿Es posible dejar huellas en alambres de arena, delgada onda que sostiene el futuro retroactivo de mi existencia?

¿Y si amanece
y tu cuello respira en mis dedos 
y la luz se vuelve volcán en la ventana abierta
y el mundo se desplaza horizontal debajo de tus pies
y yo miro el aire para atrapar espejos vacíos 
y la música del lago florecido suena en los besos del agua
y la luna se reduce a gota de sangre circulante
y la estrella fugaz por fin se posa
y una lágrima de tierra vuelve a su escondrijo
y tú me llamas amor con el sonido de tu nombre
y el universo es una fresa madura
en el que nuestros cuerpos se hunden juntos
y las algas blancas de tu latido acarician mis senos?

DANZAN rayos de algodón dentro de mi pensamiento.
Se fugan las hojas vivas a un país sin otoño
donde el suelo es crecida paz suave
y los peces suben a trepar trenzados árboles azules.

¿Tu piel es la respuesta de todas las alas,
el lugar humano al que emigran ángeles, aves y esporas?

¿Y si anochece y tu aliento
es vapor de un lienzo de Matisse
uniendo tu boca y mi boca?

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