16 diciembre 2016

MARIA PAZ MARTINEZ GAMBOA

Al despertar





Las madrugadas tienen un hálito de misterio,
poco se de ellas
quizás
conozcan cada respiro
de este tejido humano que se contrae
ante la luz de ajenos intereses.

La conciencia que me llega de sus albores
me deja en el espíritu
el enorme vacío de una década
forjado a golpes
sucesivo mazo de los desencantos
que desgajan la entraña
arrojando nostalgia
a la mirada.

Pero la aurora ha de intimar con los sueños,
es madeja y aguja del sentimiento
y la palabra
el hilo de luz
que zurce las heridas,
advirtiendo el color de los labios
fruncidos de brisas
conjeturas
de la soledad del alma.

Oír recitar el verso matutino
en cada  trama de la carne viva,
inscribe el drama que bulle en la memoria
y señala las huellas   
de ese dogma que cae para siempre. 


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