09 diciembre 2016

Pepa Martínez Márquez





La mesa sin recoger,
los zapatos en medio del salón,
el cenicero lleno,
los ladridos de los perros,
la asfixia de la ausencia
y el amargo olor del miedo.
El lavado centrifuga
y todo queda adentro,
los platos y los zapatos,
las colillas y los perros,
la asfixia, el olor amargo
y la celda de los miedos.
Y en el ruido frenético
de un lavado intenso,
el susurro de una nana
estalló dentro del pecho.


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