17 enero 2017

Oscar Wilde





Mi voz



En este mundo inquieto, moderno, apresurado, 
tomamos todo aquello que nuestro corazón deseaba -tú y yo, 
y ahora las velas blancas de nuestro barco están arriadas 
y agotada la carga del navío. 

Por ello, prematuras, empalidecen mis mejillas, 
pues el llorar es mi contento huido 
y el dolor ha apagado el rosa de mi boca 
y la ruina corre las cortinas de mi lecho. 

Pero toda esta vida atiborrada ha sido para ti 
solamente una lira, un laúd, el encanto sutil 
del violoncello, la música del mar 
que duerme, mímico eco, en su concha marina.

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