14 marzo 2017

Teresa Ramos



XIII

Una hoja como un pájaro,
un pájaro como una flor,
una flor como la del almendro,
un campo rosa de almendros,
el amor…

el amor que ha roto la cornisa,
y mi piel goteada de lluvia resbalando
por los no sé qué será y los porqués.

La luz tan nuestra que guardé entre los lápices,
la música que me acompaña,
siempre la música que me devuelve a ti,
a ese limbo que me atrapa, cautiverio elegido
al que regreso cada noche.

Robaste el oro de mis entrañas para hacer crecer tu imperio:
cinturón que ardía con la espalda sobre el verde.

Tú te escondes de la tierra virgen y su desnudez de agua,
tú te sabes arrullado por los cipreses del jardín,
tú te mantienes lejos del oro de tu sueño, del oro de mi sueño.
Tú no sabes llorarle a la aurora, ni cantar a los tejados,
ni a los gatos callejeros, no sabes de chimeneas.

Tú no sabes llorar perlas, no sabes.

Y yo, pretendiendo ser una hoja como un pájaro,
un pájaro como una flor.




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