05 abril 2017

Isabez Rezmo





NÉCTAR DE AJENJO

Pérfida. Angosto mal.
Ícaro perpetuo donde dormir en el trasiego.
Las esquinas hablan con un vacío en el quicio,
y borran vientos, ¿acaso el mar?
Dime la silueta equivocada como las voces.
Los fríos intensos de la mentira, o la burda tragedia.
No soy un sainete despeinando llamas.
El quemazón es enorme.
Como las sílfides que reniegan en el placer
de los minutos equivocados por la boca.
El pez muerto, inviolable,
la usurpadora estirpe del motín de mi enemigo.
La inquietud o la supremacía.
Los brazos en cruz y el norte
perdido en la cuaresma del destierro.
Y trago el aguardiente en la tráquea
de los sustantivos que invoco, que pierdo o reniego
en la equidistante marquesina de implorar y sucumbir.
Una y otra, otra conducta cruel
entre Dios y yo, o lo siguiente.
Amante muerto o quizás
el dedo en los labios moribundos.
El amor que escapa,
la indigencia de los besos,
de la fiebre angustiada por el tedio.
Y yo pensando en ti como los roces,
en la mano hacia mi sexo
doliente de codicia
mundana.




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