12 abril 2017

María José Collado





TRAVESÍA DE UN SUEÑO
Asustados ojos escrutan en la niebla
en medio de dos mundos,
el frío y el hambre revolotean siniestros,
el miedo se dispara como un cañonazo.
Se amontonan los cuerpos como fardos
en el exiguo espacio de la barca,
se eterniza la noche entre tablones,
tiemblan los miembros, tiembla el agua.
Cara o cruz es la apuesta,
la rueda del azar gira despacio,
el destino fija sus eslabones
en la líquida negrura del océano.
Siluetas mojadas, frágiles, vulnerables
se aferran a las rocas hasta alcanzar la playa,
un pequeño ingenio parlante en el bolsillo,
un reguero de huellas salpica las dunas,
un zapato perdido en la ardua carrera,
un cuerpo rendido a la hipotermia.
En las tinieblas son sólo sombras,
el blanco de sus dientes, los amuletos de hueso,
la luz de una linterna reflejada en un rostro

les devuelve la humanidad que les resta la noche.


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