18 mayo 2018

Ana Vivero Megías





Escucho tu silencio desnudo
mostrando su lacerada piel
gritando tras la boca amordazada
de la sangrante herida

Tu silencio, arrullado por la muerte,
con grito de hospital sobre sábanas
opacas en el resplandor frío de la lejía

Escucho tu voz dolida y callada
acariciando el suelo como hilo roto
que quisiera descoserse de la agonía

Quisiera hablarte
decirte todo lo que ayer callé
cuando aún eran pequeñas tus pupilas
pero la anestesia del dolor en mi garganta
me declara muerta en vida

En el electroencefalograma plano de un papel
mancho mis versos de palabras
que nunca quisieron ser escritas.





1 comentario:

RECOMENZAR dijo...

Que bonito esribes.es de madrugada tus palabras encierran misterios