06 septiembre 2011

CARMEN GARRIDO ORTIZ



AZARES


A veces, el destino se limita a escupirme así, a la cara.
No recibo postales con preaviso que digan: Mujer, levántate y anda. Mujer, levántate y huye. Mujer, presiónate la cabeza con fuerza y se la primera en saltar del barco.
A veces, la Fortuna, voluntariosa, me da una tregua, un respiro para que crea en las bonanzas de la vida. Chiquita, fúmate un Ducados Rubio y déjate morir lentamente jugando a las damas con las Parcas.
Suele ser imprevista mi Tykè y presentarse cuando tomo los aviones al vuelo.
Entonces, los Delayed poseen mi mente y yo me siento sobre el juego de maletas, los pies para dentro y una boina francesa cayendo por el precipicio de mi perfil.
Los aviones van llegando de Karachi, mientras yo compro una colonia para ladies, So Miracle!, y me agarro a su título como las borracheras al tatuaje del marinero.
Mi vuelo ya ha salido. La azafata debe estar repartiendo los maníes mientras mi cabeza pudre el calendario y la voz de niña bien de los altavoces repite algún mantra que sólo entienden los hippies bien rasurados.
Cada enero compro dos agendas. Una se llena de predicciones de sibila, la otra de citas en el ci
El film noir suele hablar mejor que mi vida, así que a 31 de diciembre me reconozco más como el mayordomo del Halcón Maltés, de asesino perdido, que como la señorita aplicada que acudió puntual al alcohol de todos los bares.
Un día de uno de estos años me internarán por ser la chica con sueños con sabor a un vodka insalubre que nunca tomó. Como mis ojeras hablan por mis labios, no me podré desdecir.
En mayo, las gitanas me suelen leer las arrugas de la frente y me auguran el porvenir citando a Henry Miller:
Le espera sexo, París y una calma cochambrosa. ¿Cómo la de un cuadro de Turner? Sí, sólo que con campiña y olivos azules.
Yo me hago las friegas de romero y albahaca, pero el esmalte de las uñas sigue cayéndose y mi dedo más pequeño se afirma en su enanismo.
Mi amante me hace volar sobre la Rue de Rivoli y los abanicos se dibujan contrahechos, pasivos, mientras repaso el rosario en Saint Sulpice. Todo se cumple, excepto la protagonista del cuento: mi sombra, engrandecida por las gabardinas de esta ciudad, Il en reste assez pour moi.
Acudo a los oráculos desmayada por el calor. Sólo el viento de la madrugada les permite auscultar mis venas y desdibujarlas.
Niña, son demasiado azules, predican flores de romero y abstinencia en el placer.
Yo me trabuco al hablarles y rogarles que no me priven de la mala manzana, la liga de Intimissimi y el bocado educado en el cuello ajeno.
Delfos sabe de lo que llaga el dolor, de lo que grita una mujer antes de haber parido un monstruo, siempre poético.
Siempre me arrepiento de mis gestaciones, pérfidas, abortables, veleidosas, ignorantes.
Prescinden de la madre y cubren al nonato de pelusa de ángel, colores tibios y mantas hechas con mi sangre y mi piel.Cuando nacen, los pérfidos bebés demandan mis pechos mientras la leche nace desnatada, yerma, herida.
A veces, el destino me escupe así, a la cara.
Yo me dejo, por no contradecirle, pero le ruego que baje la voz, para no despertar a mis ángeles guardianes.

05 septiembre 2011

Tu Risa - Olga Manzano Y Manuel Picon




Tu risa
Quítame el pan si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de planta que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí
todas las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.

Pablo Neruda

Joan Manuel Serrat - Testamento de miércoles



Quiero aclarar que este testamento
no es el corriente colofón de vida
más bien se trata de un legado frágil
vigente sólo hacia el final de un día

digamos pues que lego para el jueves
las inquietudes que me puso el martes
cambiadas sólo un poco por los sueños
y esa tristeza que es inevitable.

Lego una nube de mosquitos y una
computadora que no tiene pilas
y hasta mi soledad con la esperanza
de que mis legatarios no la admitan.

Lego al jueves cuatro remordimientos
la lluvia que contemplo y no me moja
y el helecho ritual que me intimida
con la vieja elegancia de sus hojas.

Lego el crujido azul de mis bisagras
y una tajada de mi sombra leve
no toda porque un hombre sin su sombra
pierde el respeto de la buena gente.

Lego el pescuezo que he lavado como
para un jueves de horca o guillotina
y un talante que ignoro si es recato
o estupidez malsana o alegría.

Lego los arrabales de una idea
un tríptico de espejos que me hiere
el mar allá al alcance de la mano
la hiedra que abanica las paredes.

Y sólo ahora pienso que en mi árbol
en mis brumas sin rostro y en mi vino
me quedan por legar tantas historias
que alguna se me esconde en el olvido.

Así que por si acaso y por las dudas
y para no afligir a quien me herede
las dejo para otro testamento
digamos el del viernes.


Mario Benedetti

Aurelio González Ovies,



USTED seguro que ha sentido vergüenza alguna vez
al decir que en su cuarto caía una gotera
o que su pobre madre le hacía el bocadillo
siempre de natas con azúcar
-son cosas de la vida-.
Confieso que en mi casa el olor a humedad
era casi entrañable

y todos los domingos se comían garbanzos,
salvo en alguna fecha señalada.
Que lloré muchas veces por no querer llevar
los jerseys con coderas
o no tener un lápiz con enanito arriba.
Confieso que la ropa nos la daban los primos
que ahora son albañiles
y que nuestra familia se rompió por la herencia
de unos metros cuadrados de baldosas con taras
-son cosas de la vida-.
Que, a escondidas de todos y hasta los siete años,
tuve el chupete debajo de la almohada.
Confieso que los míos son personas sencillas:
usted sospecha que hablo de un padre que no sabe
lavarse bien los dientes,
de una mujer que escribe con mala ortografía,
de unos hermanos fieles como la misma sangre
y una casa que huele, cada vez que entro en ella,
a las húmedas manos de la melancolía.
Confieso que he nacido donde hubiera elegido
por encima de todo
cada vez que naciera.

Luisa Castro,



El inventario de la muerte


Al alquimista una fuga lenta de soldados
solicito, un solo golpe para mí
con amigas almas que se incendian para nadie
y la fiera sorda del cuerpo
a veces ya patria o ya derrota que conozco
sin derribos.
Puedes empezar a decir
¿y la intemperie?
Puedes empezar a tocarte las manos.
Que no vendrá una guerra de treinta años a llevarte,
no vendrá mi voz con presagios y terrazas
a perderte.
Es la alegría de mis uñas sucias,
el olor de la piel y los zapatos de estratega
que no abandonaré, que no
abandonaré
en las llamas aunque ardas
para nadie
con un verso de urgencia y largo olvido en la garganta.


Al alquimista
dadle
el fuego, para mí el cuerpo extranjero
que no conoce mi país de penas
donde los cónsules del cieno se aburren libremente
con muchachos dulces que no saben
besar.



Sitio web de esta imagen:

jyanes.wordpress.com



Ángela Botero López,


LAS AMARGURAS /ÁNGELA BOTERO


¿Que qué me molesta, me irrita, me roba la calma, me saca de quicio?


Pues. casi todo y casi nada. Todo depende de cómo y dónde estén mis hormonas en ese instante y de cuántas endorfinas circulen en mi cerebro.
Pero si se trata de hacer un listado, aquí va:
Las palabras que están de más.
La gente que te miente para no hacerte daño.
La tensión que se me instala en los dientes.
Las "cosas de la edad", sin importar cuáles sean.
Las lágrimas que no salen. Y siguen sin salir.
Las maletas. Nunca resultan ser las adecuadas.
No tener sesenta centímetros de cintura.
La espuma de las bañeras. No es como la de las películas.
Mi corazón, a veces, por ser tan ingenuo y tonto.
Las moscas gorditas negras.
El perfumado melón.
Lo que parece ser y no es.
La salsa bechamel.
Las multitudes.
Todo lo que está perdido.
La letra menuda.
La precisión de las matemáticas.
Ese pedacito que falta.
Esas ganas de vomitar que me dan a veces.
La gente perfecta.
Los domingos y días de fiesta de 6:00 a 9:00 p.m.
Los recuerdos incordios.

"Llamé al futuro y no lo cogió Nadie"

04 septiembre 2011

Itziar Mínguez Arnáiz,



libros
a ti nunca te ha gustado leer
así que me los ofreces todos
para ti son sólo una carga
ocupan demasiado
además no los vas a leer
no sé por qué
pero eso multiplica
mi sensación de fracaso




Foto de Raúl Garrido

Brenda Ascoz


Si en la medianoche
parecen sus pechos más grandes,
si las areolas más oscuras
-como oscuras son
ciertas horas, ciertos misterios-
Si ella te habla con otra voz
o descubres en sus pupilas pardas
ribetes de tinta verde que te asustan
es que me colé en su cuerpo
para dormir a tu lado


(Pertenece al libro En Ajeno, de Chorrito de plata, ya para enero de 2007)

03 septiembre 2011

Eric Clapton and Sheryl Crow - My Favorite Mistake

No mas violencia de genero,


Teléfono de ayuda 016

Uberto Stabile,



COME OUT,COME OUT,WHEREVER YOU ARE


Ahora comprendo porque estas calles
tienen tanto que ver con nuestros sentimientos.
No puedes imaginar lo mucho que agradezco
que te dejaras olvidado en casa
aquella grabación de Gerry Mulligan en París.
El gemido del saxo es el más erótico y solitario
de todos los sonidos que conozco.
Cuando escucho "Come out,
come out,wherever you are"
los vecinos gritan y golpean la pared,
se han acostumbrado a hacer el amor en silencio
y no sportan el nuevo ritmo que estoy improvisando.

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Jacques Brel - Ne Me Quitte Pas

Antonio Martínez Ferrer,



temblor en las raíces
-máscaras-
se desploma
sobre la caricatura
humana
un vendaval de gritos


el dolor
recorre todos los patios


en la azotea una ventisca
araña las miradas

-geometrías-
la arquitectura del dolor
tiene pies de espanto


sus temblores
recorren la noche

Imágen de Pedro Javier Martín Pedrós

Joan Margarit,




La carta


Mirabas siempre hacia adelante
como si allí estuviese el mar. Creabas
de esta manera un movimiento de olas
ajeno y mítico en alguna playa.
Nos unía la fuerza peligrosa
que da al amor la soledad.
Aún hace temblar entre mis dedos,
de forma imperceptible este papel.
Camino abandonado entre tú y yo,
cubierto por las cartas, hojas muertas.
Pero sé que el camino persiste.
Si abandono la mano sobre el pequeño fajo,
la siento descansar sobre tu espalda.
Solías escuchar hacia adelante
como si allí estuviese el mar, ya transformado
en una voz cansada, ronca y cálida.
Poco nos une aún: sólo el temblor
de este papel tan fino entre los dedos.

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parroquialourdesmg.com.ar



02 septiembre 2011

YOLANDA CASTAÑO


Poeta española nacida en Santiago de Compostela en 1977.
Licenciada en Filología Hispánica, es una de las voces más destacadas de la generación del 90. Desarrolla actividades
culturales de prensa, radio y televisión en varios medios españoles, dirigiendo talleres, revistas y antologías.
Directora del espacio Mercuria dedicado a las vanguardias gallegas, recibió el premio a Mejor Comunicador de TV en 2005.
Fue fundadora de la editorial de poesía Letras de Cal, y secretaria general de la Asociación de Escritores en lengua gallega.
De su obra merecen destacarse: "Elevar as pálpebras"1995, Premio Fermín Bouza Brey; "Delicia" 1998 y 2006, "Vivimos
no ciclo das Erofanías" 1998, Premio Johán Carballeira y Premio de la Crítica Española; "Vivimos en el ciclo de las Erofanías"
en al año 2000, "Edénica" 2000 y "Libro de la egoísta" 2006.
Muchos de sus poemas han sido traducidos al español, euskera, alemán, árabe y ruso. ©




Deja que se alargue esta inquietud del ahora...




Deja que se alargue esta inquietud del ahora.
Que tarde, que tarde tanto
la patria de este
movimiento de la servidumbre del pan.


Yo me acaramelaba encerrada en una urna
pero no enlazaba nunca la miseria de una carencia.


Deja que mane
una prisa lentísima


y que el deseo sea
inmovilización de la urgencia.

Elena Peralta



Hoy
me niego
a buscarte hueco en el olvido.
Ya lo haré más tarde.
Ahora,
cierra la puerta por favor.
Paseemos juntos por calles iluminadas,
donde puedan verse
sonrisas sin miradas ausentes.

Sitio web de esta imagen
blogsdelagente.com

01 septiembre 2011

Drive My Car-The Beatles

Antonio Orihuela,


MEMORIA DEL CAMBIO


La choza que nos dibujaste aquella tarde,
con su hombre primitivo y todo,
la excavé yo treinta años más tarde.


No creo que nadie soñara entonces con corbatas
o morir joven sobre la primera moto que nos prometían
si llegábamos a bachillerato.


Estábamos pendientes del verano
y el humo del primer amor
y su sabor a tabaco.


Oíamos las proezas de los otros,
ávidos de que fueran ciertas,
y mientras llegaba nuestra hora
nos entrenábamos
con la única literatura que apreciábamos,
revistas pornográficas
con accesorios comentarios de texto
que ninguno nos tomábamos la molestia de leer.


Moría Franco
y nosotros, afortunadamente, no teníamos ni puta idea de política,
no tuvimos que correr delante de los grises
para justificar después
habernos convertido en pequeños fascistas,
porque, al fin y al cabo,
sólo de pequeño fascista se puede seguir soñando
con pagar los plazos de una segunda vivienda.


Nuestras traiciones, también afortunadamente,
no tendrían como escenario ninguna idea por la que vivir,
sino algún cuerpo en el que morir
de gusto,
o abrazados, bailando
je t’aime, moi non plus...
y ellas, que no sabían francés, ofrecían sus bocas
mientras nos mentíamos que aquello era para siempre,
para el fin de semana,
porque el lunes era una fórmula matemática,
y el martes una carrera alrededor del instituto,
y el miércoles una interminable clase de religión,
y el jueves era la monotonía de la química
que precede a las noches brillantes
donde volvíamos a amarnos
ajenos a estados de excepción,
golpes de estado en Suresnes
y al paraíso que los altavoces instalados en los Dyanes
decían que estaban forjando para nosotros.


Nuestra realidad, afortunadamente era otra,
un estado perfecto y fugitivo,
un mundo fantástico que resultó,
a medida que fue desvelando sus misterios,
irreparable.


Como la choza aquella que,
en nuestro primer año de escuela,
nos dibujaste,


la misma que treinta años después excavé
para constatar que también tu dibujo
era mentira.


(De La piel sobre la piel. Ediciones de la Mano Vegetal. Universidad de Sevilla. 2004)





VICENTE PRADA



POETA DEL PUEBLO


A Antonio Machado.


Bajo un cielo corrompido,
de metralla y agonía,
de pueblos cautivos y martirios a quema ropa,
un 22 de Febrero de 1939,
te llegó la hora, Antonio.
Tiempo lúgubre,
donde los pájaros,
postrados a la cabecera de tu lecho,
cantaban sin cesar:
“caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
Un último poema descansaba en el bolsillo de tu gaban,
dos tristes sillas sostenían el ataúd,

que arropado con la bandera tricolor,
gemían plegarias desesperadas.
Y la poesía, con amargura,
suplicaba una oración para el desesperado,
para el abandonado.
Portador del secreto de las sombras prisioneras de la tierra,
de la amistad del desierto,
de los amores fulmíneos,
de esos campos de Castilla,
tan indelebles, ardientes, vibrantes,
de altas cumbres, valles hechizados y lagos dormidos.
Encinares de oscuras malezas y pardas encinas,
olmos secos, viejos, heridos por el rayo.
Ni el tiempo, ni los inquisidores, ni los buitres,
salpicaron siquiera uno sólo de tus versos.
Setenta años después,
tu buzón está lleno de cartas;
¡no mueras, te amo tanto!
¡quédate hermano!
¡vuelve a la vida!.
Y otro poeta, de nombre César Vallejo,
dejó escrito con voz estrangulada
y perturbadora densidad,
un verso que bien vale un epitafio:
“tanto amor y no poder nada contra la muerte”.