martes, 11 de octubre de 2016

Fernando Sarría




Rehago la suma, reúno la tormenta, 
ahora soy el quehacer que te murmura,
te ensancha y abre en ti el camino del aguacero.
Bebes del cáliz, cada gota deja más sed en tu boca,
no se sacia el deseo aunque sea dulce
como un néctar que nunca se acaba.
Urges, gimes, vuelves a ser hija del vértigo,
y te haces río, mar, lo ronco…
lo que siempre deja un cuerpo en otro.



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Leído en el recital erótico de La Almunia de Doña Godina ( julio 2014)

Lola Guevara Garrido






'' La huida ''

La noche huyendo de la oscuridad
esquivando la tempestad tronada,
en la penumbra rebusca asustada
punteros reflejos de claridad.

Las estrellas llenas de vanidad
brillan con luz débil y delicada,
el amanecer en cuna bordada
despierta ansioso de felicidad.

En aguas frías del mar solitario,
la angustia con el miedo y el terror
navegan en barcazas sin horario.

Quieren arribar a un mundo mejor
y en paz olvidar el duro calvario
lejos de la sombra del opresor.




La imagen puede contener: océano, exterior, agua y naturaleza

lunes, 10 de octubre de 2016

Rafael Cadenas





Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.
No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir
brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad. Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.
Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame la impostura, restriégame la estafa.
Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.




Uberto Stabile,




Trece pruebas de amor y un vampiro




Tiene la piel sedienta, tiembla caundo me mira y es consciente de su






ridículo mientras habla sin decir lo que pasa.


Intentará que yo le abandone con tal de no reconocer que su amor ha muerto.


Cuando mira el paisaje en el que yo habito, tan sólo alcanza a ver una roca desierta en mitad del océano.


Tiene tanto miedo a su inocencia que se declaría culpable de cualquier crimen que no hubiera cometido.


Lo más hermoso y humano que posee, es su propio miedo a parecer

tan frágil como en realidad es.


Siempre que me llama es para decirme adiós, y cada vez que

tenemos que separarnos llora como un niño desconsolado.


Vivimos lo mejor de nuestras vidas en un momento, nos hacemos


eternos en un instante, y el mundo nos parece un planeta lejano,


cuando abrazados somos dueños de nuestro fugaz destino.


Ese amor secreto, prohibido, imposible, en su locura, su fe ciega, es

más puro e intenso que todo el amor que puedan acumular las


caricias de una vida compartida.


Ninguna sombra ha brillado tanto como la sombra en la que, por


amor, he sido confinada.


Tiene sus ojos las palabras justas.


Si él habla de amor lo haría sin nombrar el amor, a una mujer esa


palabra no le duele pronunciarla.


Sé que no es azul el mar cuando se encierra en un vaso de cristal,


que la luna no siempre es blanca, ni la luz de las estrellas eterna, y


aún así prefiero creerte; sus mentiras no son menos ciertas y hacen


más hermoso este infierno.


Como el viento que precede a la tormenta y agita las finas acacias,


como el intenso olor de la tierra mojada, como un barco a la deriva,


así es mi amor. El deseo que me conmueve.


el vampiro:


Quién pudiera contigo llorar esta pasión, empuñar una lágrima y


disparar sobre Dios.


Foto de : Model Stefan Erik

Francisco Cobacho



LAS ESTACIONES


Ahí seguimos…,
anclados en exhalaciones.
Y en demasiados momentos,
sin amar.
Lo dijeron algunos poetas:
están muertos, no aman.
Por algún amagado rincón
se oyen sus silencios,
llevan olor a grito.
La soledad rebosa
por resquicios insólitos.
Se asoman a los espacios
inventando que viven.
Luego queda la esperanza…
¡Todos amamos algún día!
Y entonces, surge el milagro,
la vida brota de nuevo.
Pero hoy…, aún
es iotoño todavía.

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© F. Cobacho
"La memoria del viento"

Óleo sobre lienzo 41 X 33 cm.
© F. Cobacho/2009




Ada Salas



La sobra
de la pesca. La anguila la mojarra
lo sin nombre lo fuera
de lugar
lo arrastrado en las redes
en una muerte ajena
que no le corresponde.
Los has visto en el muelle
cientos
vivos
pisados
ahogados en el fango de sus tripas
robados por el pico
cruel
de las gaviotas.

No hay guiso ni mercado.

Una inútil
alfombra
plateada y sangrienta. ~

domingo, 9 de octubre de 2016

Rocio GM





GOD BLESS AMERICA
(9 a.m. dirección Ashland)



El vagón lleno a pesar de ese olor a tristeza y vigilia
Ese olor que se agarra a mi pelo hasta dejarme calva
Y gente sin ojos por todas partes
Gente sin ojos con cejas depiladas
Gente sin ojos atrapada en su móvil
Gente sin ojos que se arranca las pestañas
Agonizantes ojeras de humo sin esperanza

Quizás tiraron su mirada al fondo del lago
Escupitajos vedes donde mueren las ranas
Quizás la incrustaron en ese mínimo espacio de luz que corroe los rascacielos
Acaso la perdieron entre las grietas del asfalto
Bajo alcantarillas mendigos y gatos mutilados

Y sigue ese olor y esa gente
Gente con bocas tan pequeñas como reflejos de heridas
O grandes grandes como mordiscos de nieve
Desde luego en este país no hay término medio

Y el ruido arde y el tren avanza y fuera los árboles lloran hojas
Entonces me doy cuenta de que todos llevan gorra gorro capucha sombrero
Cualquier cosa que los separe del cielo
Y es que hay que mantener la distancia de seguridad
Con las nubes los pájaros los sueños

Pero yo no dejo de preguntarme en qué lugar y en qué momento
Perdieron su alma los americanos
Lo reconozco
Cada día me levanto con miedo

Miedo de estar como hoy en el metro
Sin ojos
Envuelta en una bandera
Y no poder despegarme del suelo



(Chicago, 2015)