domingo, 30 de octubre de 2016

Alicia Calero Cervera







Espera


El sol se pone.
Las nubes se tiñen de colores.
Una brisa acaricia mi piel
y un majestuoso monasterio
me protege
mientras espero ansiosa
las deseadas confidencias atrasadas.


sábado, 29 de octubre de 2016

María José Collado




TRAVESÍA DE UN SUEÑO

Asustados ojos escrutan en la niebla
en medio de dos mundos,
el frío y el hambre revolotean siniestros,
el miedo se dispara como un cañonazo.
Se amontonan los cuerpos como fardos
en el exiguo espacio de la barca,
se eterniza la noche entre tablones,
tiemblan los miembros, tiembla el agua.
Cara o cruz es la apuesta,
la rueda del azar gira despacio,
el destino fija sus eslabones
en la líquida negrura del océano.
Siluetas mojadas, frágiles, vulnerables
se aferran a las rocas hasta alcanzar la playa,
un pequeño ingenio parlante en el bolsillo,
un reguero de huellas salpica las dunas,
un zapato perdido en la ardua carrera,
un cuerpo rendido a la hipotermia.
En las tinieblas son sólo sombras,
el blanco de sus dientes, los amuletos de hueso,
la luz de una linterna reflejada en un rostro

les devuelve la humanidad que les resta la noche.


María José Collado




TRAVESÍA DE UN SUEÑO

Asustados ojos escrutan en la niebla
en medio de dos mundos,
el frío y el hambre revolotean siniestros,
el miedo se dispara como un cañonazo.
Se amontonan los cuerpos como fardos
en el exiguo espacio de la barca,
se eterniza la noche entre tablones,
tiemblan los miembros, tiembla el agua.
Cara o cruz es la apuesta,
la rueda del azar gira despacio,
el destino fija sus eslabones
en la líquida negrura del océano.
Siluetas mojadas, frágiles, vulnerables
se aferran a las rocas hasta alcanzar la playa,
un pequeño ingenio parlante en el bolsillo,
un reguero de huellas salpica las dunas,
un zapato perdido en la ardua carrera,
un cuerpo rendido a la hipotermia.
En las tinieblas son sólo sombras,
el blanco de sus dientes, los amuletos de hueso,
la luz de una linterna reflejada en un rostro

les devuelve la humanidad que les resta la noche.


Aurelio González Ovies






Ganar, abrir, cerrar,
perder. Hoy el encuentro
feliz. Mañana la despedida.
Todo es lo mismo
y contrario. Como la luna
y el día. Todo de luz y de
sombra. Como una noche
muy llena y una casa
tan vacía.

Tomo un sorbo. Reconozco la fe.
Amargamente sonrío:
dulce veneno, la vida.


Dancing in the dark with Mom and sister

Wisława Szymborska




FIN Y PRINCIPIO


Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.

Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.

A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.



La imagen puede contener: 1 persona , exterior y agua


Fotografía de Rodney Smith, Connecticut, 2004


Blanca Zanel







TUS OJOS.


En mañana hermosa muy radiante
unos ojos bellos con amor me miran
fueron deslumbrantes
que embrujaron mi alma, con su luz divina.


Luceros brillantes que de pasión me llenan
inspirándome a formar versos que cautivan,
llenando mis pupilas de un cielo con estrellas
en esas lindas noches que de amor me entrega.


Presa estoy con el brillo de sus ojos
que temor tengo de perder su vista
de borrarme del reflejo de su encanto 
y perderme en la nada como la brisa.


Son llamas de fuego cuando los miro
que temblando pone a mi cuerpo
me hace suspirar y me trasporta
hacia un hermoso cuento.


Ruego al destino porque no se apague
el dulce brillo de su mirar
que sea mi deleite en esta vida
para que vivan mis letras en la eternidad.