domingo, 18 de diciembre de 2016

Antonio Porras Cabrera




¿Dónde están mis musas?
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Las musas se fueron,
puede que se fueran al ver este infierno.
Me dejaron solo sin verbo ni verso
con mente aturdida por tanto tormento.
Huyen de las bombas presas de su miedo
que la negra parca siembra sin remedio.

¿Dónde están las musas que canten al duelo?
Las musas se han ido, las musas se fueron,
las calló el horror de este sufrimiento,
suenan más las bombas, las balas
y el viento de guerras malditas
donde va muriendo la gente inocente
entre la tortura de tanto tormento.

Los versos no fluyen ni encuentran aliento,
callan ante el llanto del niño indefenso,
se ahogan en sangre, en dolor y espanto
de la pobre gente que atraparon ellos.
Ellos, los que tiran bombas,
los que van matando sin remordimiento.

El Mediterráneo, ese gran sarcófago,
guarda los cadáveres de niños y viejos
de gente indefensa
que llama a la puerta de la vieja Europa
que no los asila ni les da consuelo.

Y en cada despacho de los mundos libres
juegan a su juego
como siempre ha sido
al viejo negocio de ganar dinero.

Las musas se fueron
no salen palabras bonitas
canciones o versos
¿Qué música quieres que suene
con este estruendo de balas y bombas
que van destruyendo casas y ciudades
sembrando los campos de muertos?

Las musas se han ido
y yo lo comprendo,
porque hasta las musas
pueden sentir miedo.


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Pablo Mora





Para qué la poesía


Para la vida




“No sirve para alcanzar el poder, pero sirve para responder al poder con sentimientos cercanos. No sirve para enseñar a nadie nada, pero sirve para mostrar lo que acontece por el mundo. No sirve para matar, no sirve para morir, no sirve para rezar ni para jugar con fuego. Pero sirve para emocionar, para vivir en otros cuerpos, para vivir sintiéndose vivido, para sentir la belleza y hondura de las palabras que nos explican cómo somos. No sirve para gritar, no sirve para llorar, pero sirve para sentir el deseo, para alzar la voz en silencio, para que su tristeza te atraviese el pecho. No sirve para liberar a nadie, no sirve para juzgar a nadie. Pero sirve para hablar con libertad, para proclamar la inocencia de las cosas, para rebelarse contra la locura de la historia. No sirve para bailar, para emborracharse. Pero sirve para celebrar la vida, para embriagarse de otros sentidos, para moverse por otros lugares. Da vida a los muertos y nombra lo que a menudo no tiene nombre. No sirve para la muerte. Sirve para la vida. Es nada, pero al final sirve.” (Kepa Murua).
Sirve para llevar a Dios a misa. Para que la primavera camine al mercado entre panaderías y palomas. Para que a la mesa lleguen recién casados los sabores del mar y de la tierra. Para que las gaviotas repartan el aroma de la rosa en las arenas. Para salir a todas las calles del mundo a repartir pescado. Para saber por quién la lluvia y los pájaros del mar llorarán mañana. Sirve para esconderle los dados a los dioses. Para que hablen los pueblos por su canto. Para dar con todos los azules de la tierra hacia la luz total de nuestras cosas. Para darle la mano a las manos temblorosas de la lluvia e irse cantando entre la dicha y la dureza, la cólera o ternura. Sirve para saber que no tenemos más remedio que vivir, ni más recuerdo que la vida. Para decidir dónde plantar los árboles, de nuevo. Para dejar escrito en la piedra el sueño del domingo.
Sirve para medir el hambre. Para saber bien en qué lugar hay sangre, dónde queda la razón, dónde la palabra, dónde la injusticia. Sirve para que ni un hombre pase sin que reine y sigan naciendo hasta llenar el mundo, sin que nadie los divida sino el sol o la noche, la lluvia o las espigas. Para que el mundo se pueble de palomas, y el hombre recuerde las sombras que nadó, hasta que quiera saltar al agua para caer al cielo. Sirve para distribuir las flores del mañana e ir galopando en el viento sobre el caballo de la lluvia. Para abrir cajones, llenar platos, destapar versos y botellas, vigilias, madrugadas y retratos, hasta que alguna vez si ya no somos, si ya no vamos ni venimos, estemos juntos, extrañamente confundidos, sirviéndole a la vida. La poesía es siempre un acto de paz. El poeta nace de la paz como el pan nace de la harina. (Poesía, Sociedad Anónima).



Susana Inés Nicolini





La poesía es un atardecer celeste
que cabalga sobre palomas
Es la luna que se desborda y cae
en la hora de las bocas
La poesía es tu abierta camisa blanca
y mis poros temblando
cuando, entre las almohadas,
se nos duermen las mareas
mansamente.







Angel L. Alonso





CAEN LOS OTOÑOS

¿No ves alma mía,
que en el viento,
se pierden tus besos,
y que vagan
hacia un destino
lejano e incierto?

¿No comprendes
en tu dolor,
que no hay afrenta
ni un sufrir mayor,
que llorarle
a la luna y al mar?

¿Es que no es suficiente
añorar su aroma
como rosas en primavera,
al caer los otoños
bajo los fríos inviernos,
sin que el verano te halle?

¿No crees alma y vida,
que necesitas olvidar
sus caricias en la noche,
y las cortinas de blanco raso
en las oscuras horas,
de las miradas del deseo?

¿Acaso piensas
que no está roto el corazón,
en el angustiado latir
sin que exista una razón
pues si parar pudiera,
presto se pararía?

¿Encuentras vida en la mirada
frente al espejo,
mientras lavas tu cara
con aguas frescas al despertar,
siquiera un halo o destello
en el reflejo inerte?

¿Aún sueñas que volverá,
irá a ti y besará tu boca,
mecerá tu cabello,
y te susurrará al oído
mientras te hace el amor,
desbocado de pasión?

¿Aún le esperas
fuera de toda razón,
sabiendo de su suerte,
conociendo que te espera,
en el osario de  su muerte,
condenado a la eternidad?





sábado, 17 de diciembre de 2016

Inés Mª Díaz Rengel




TUS OJOS

Si pudiera adivinar
lo que enmascaran tus ojos,
o esconderme en un rincón
de tus pupilas, lo haría.
Tus ojos ya no son mi refugio,
ni mi piel tu apoyo,
las noches son menos oscuras
y las costumbres se van diluyendo.
No puedo seguir así
cuando sé que aunque
tus ojos me miran, no me ven.
Qué puedo hacer
si los recuerdos que guardas
no son los míos,
si nunca estuviste donde estuve yo,
si te sentía ausente cuando estabas junto a mí,
si la película que rodaste de tu vida
fue con otros personajes.
Yo no tuve un papel en esos fotogramas,
mi papel y el tuyo han ido paralelos,
nunca se fusionaron.
Es por eso que aunque siempre quise
anidar en tu retina,
lloré tanto que el iris de mis ojos
ya no luce como lucían antes,
supe que nunca me tendrías
en un rincón de tus pupilas y logré
sacarte de las mías.
Y aunque lo que vivimos sigue suspendido
en el aire que respiro,
no quiero que tu compañía sea mi patrimonio,
ya que nunca fui
la niña de tus ojos.



                 
    

Antonio Gala





Ella


Bebió en tu boca el tiempo enamorado
y la cuajó con besos de paloma.
Casto tu cuello, sobre el oro asoma
tan sólo por el oro acariciado.
Lunado el pelo, el corazón lunado,
rubor apenas por el aire aroma.
Amapola ritual tu torso toma
y te aparta del mar verde azulado.
Tu mirada de miel, marisma ardiente,
la luz antigua con las luces nuevas
-recién despierta y ya cansada- alía.

Te duele la victoria, y dócilmente
a cuestas tu destino de amor llevas,
delicada y sangrienta vida mía.    



Begoña Abad






A veces me visita, se sienta frente a mí
y me mira silenciosa.
Yo esquivo como puedo la punzada de sus ojos,
trasteo con las cosas, hago ruido con ellas,
las cambio de lugar.
Pongo música, la radio, enciendo el televisor,
abro las ventanas, en un intento vano de escapar.
Ella espera paciente, como una madre
el regreso del niño que escapa del baño.
Al final sus ojos son tiernos,
me mira risueña y las manos cruzadas
sobre el halda, se parecen a las mías.
Así que acabo por sentarme
y compartimos el silencio.
A la tristeza no le gusta estar sola.



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