martes, 20 de diciembre de 2016

Nuria González Carrillo


ELEGÍACA

I

Como prisión a lo largo de la garganta,
se queda atravesada la certeza de la no vida,
como aroma perecedero se evapora.
Jugamos a la sonrisa con calaveras envueltas en piel,
jugamos a la belleza: Los gusanos forman corona.
El aire se torna pesado, receloso, espeso,
el cuerpo de hierro.
Mientras en el fondo de la mente toda esperanza es pagadera por insustancial,
vuelven a golpear de nuevo, una, mil veces,
mientras la realidad cruda se impone tan irreal como ella sola sabe ser.
La vida, milonga asechante,
estéril piedra de cáñamo rota,
donde el nudo succionado de la base de la garganta baja y sube,
toda cosa imposible puede ser tornada real,
como la punzada de frío y calor recorriendo el espinazo,
¿Cómo cerrar la puerta al pasado, cuando fue el fragmento feliz?
aun sabiendo que debes pagar el precio de seguir.
Hoy soy sabedora de merecer una vida de besos,
los tuyos, tus besos.
No, tu ya estas muerto, 
mis besos, lo míos...sin ti.




Nuria González Carrillo ( Derechos registrados, poemario :A Dentelladas )


Diana Rios





Algún día soñé con tus brazos
vertiendo con el viento tu mirada,
corrí tras el cometa que tenía tu nombre
amarré los lazos de tu ropa
a la mía.
Ahora coso alas a tu espalda
para que me abraces sin cometas,
sin viento,
así con un soplo de labios
en tu cuerpo me calques.

Juan Leyva








ANTE LA PALABRA


Desnudo me presento ante la palabra
que escoge representar la idea,

lo parece, pero no soy yo quien decide
sólo soy el vehículo, silencio que habla,
alguien que se detiene y espera,
como cuando se ignora la distancia
en la que se abre una puerta automática.
Desnudo me presento ante la palabra
como cuando salgo de ti
para ensuciarme con el día,
para recibir el agua.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Maribel Maribel M





Si tengo que renunciar
que no sea a
estas ganas
de ti.
A esta pereza

que me atrinchera
entre tu boca
y tu ombligo.
A esta tozudez
casi pueril
de contar besos
en tu espalda.

La imagen puede contener: dibujo



Adela Ferrer






SILENCIO, SE AMA

Silencio, se ama.
Silencio, se ama.

Cuántas cosas dices en silencio.

Lazos imaginarios envuelven mis ganas,
la dicha de una mirada larga y cercana reflejo del deseo.
Reflejo del deseo.

Deseo.

Esos rincones que hacen el todo todo, 
ese poco a poco que lo envuelve, 
ese retener el tiempo, el tiempo en el momento.

Silencio, se ama.
Silencio, se ama.

Cómo rasgas los ojos cuando me miras.
No puedo evitar deshacerme en cascada salada y dulce.
Vuelcas en mí el cáliz del rojo, del cielo, de la pausa, del antídoto.

Ahora me piensas, lo sé.
Ahora me piensas, lo sé.
Ahora me piensas.

Puedo olerte, tocar tu mirada en el aire que arrastra tu esencia.
Puedo olerte, tocar tu mirada en el aire que arrastra tu esencia.


Ahora me piensas, lo sé.
Ahora me piensas, lo sé.
Ahora me piensas, ahora me piensas, lo sé.
Ahora me piensas, ahora me piensas.

Ahora me piensas.



Toño Morala






TIERRAS AMIGAS...VALDUVIECO. (León)




Relato, por Toño Morala.






...¡¡Ay Dora...ay Dora mía!!! Así termina Nana (Arseliana Aláez,) una canción de cuando era moza. Amaro Aláez tiene esa mirada limpia y de respeto inmenso. Dionisio Mata tiene la memoria intacta de las cosas. Hermógenes Aláez, hermano de Amaro, la formación del hombre trabajador y luchador. Entre los cuatro, casi cuatro siglos de vida, y escrita queda la historia sencilla y humilde y llena de dignidad. Valduvieco es un pueblo sereno y lleno de buena gente; pertenece al Ayuntamiento de Gradefes (León) y se llega desde el Puente de Villarente por Villafañe hasta Mellanzos y se gira a la izquierda. Dicen que las vacas eran de trabajo y si apenas daban leche para el ternero; sopas de ajo y la parva y a navegar por los campos en silencio, enganchados todos al arado romano de punta. Los cornales bien prietos unciendo las vacas al yugo. Trigo, garbanzos, titos, centeno, yeros, tochos...acarrear con las pernillas altas en el carro, que esperan las gavillas en las morenas y el trillo en la era. Antes se había segado a hoz, y más tarde a guadaña. La madre llega a los campos tan pronto andando como en burra, y lleva los garbanzos con tocino y a veces un trozo de chorizo. La siesta...y otra vez para la era, que hay que seguir trabajando para separar la paja del grano. Primero aparvar para aventar con horcas de seis guinchos, la vienda, el viendo solo tiene cuatro. En las trojas se almacena el grano para el ganado; con la escriña se alimenta a mano. Llega Diciembre... hay concejo; quince días de podeja y hacha; así están los montes de cuidados. Se reparten las suertes de la leña de roble en la Cota, Valdevegas, Vallin del Agua, Valdeñadales, Las Barrosas, La Laguna del Fresno. En Pozo Vallina Carbonero se hicieron algunas carboneras de carbón vegetal, y se bañaban las ovejas después de la esquila allá por principios de Junio. Y por la noche que no falten los frejoles, que hay que comer para tan duro trabajo. Son las tres de la mañana y por el camino van los hombres y las mujeres a acarrear...que pronto llega el día y hay que espabilar. Ya se pasan las mujeres el Recentadero, que hay que amasar pan; y en el campo se bebe de las fuentes...la que más cerca está...tan pronto la de los peces o el barrero, la de las doncellas...todas bellas. Tocan a muerto...el día del entierro hay que hacer bacalao con arroz y poco más, que eran tiempos de vacas flacas y mucho que trabajar. Y así se escribe la vida entre alegrías, sonrisas, y llenas de vida, hombres y mujeres de Valduvieco, tierra amiga.


domingo, 18 de diciembre de 2016

Mario Benedetti




Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cuatro
y acabo la planilla y pienso diez minutos
y estiro las piernas como todas las tardes
y hago así con los hombros para aflojar la espalda
y me doblo los dedos y les saco mentiras.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las cinco
y soy una manija que calcula intereses
o dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
o un oído que escucha como ladra el teléfono
o un tipo que hace números y les saca verdades.

Es una lástima que no estés conmigo
cuando miro el reloj y son las seis.
Podrías acercarte de sorpresa
y decirme "¿Qué tal?" y quedaríamos
yo con la mancha roja de tus labios
tú con el tizne azul de mi carbónico.