jueves, 3 de mayo de 2018

Beni Paredes




EN EL ALTIPLANO


Entre las montañas imponentes
El frío entró en mis entrañas,
Sacando todo lo que vida nunca me mostró
Este auto examen resulta extenuante
Pero vale la pena sentir la tierra latir
Dentro de uno, no es la altura,
No es por estar tan cerca del cielo
Es por la antigüedad de las huellas
Que se me muestran tan claras,
Es la vida en la otra vida
Son antepasados vivientes
Siendo prueba de nuestra identidad.


Ana García Briones




Algún día,
los que no creen
en la poesía
buscaran alimento
para sus sueños,
necesitarán un sol
y el verde intenso
de la hierba
que riza la primavera.
¡Mira ese pobre caminante
con el alma afligida
y la sangre derramada
por las espinas del camino!
No te rindas poeta,
graba el instante
de un abrazo cristalino
en el corazón de los hombres,
una ilusión mayor
que el mar y el cielo.
Algún día,
los que no creen
en la poesía
necesitarán del alma
que entregó el poeta
para aliviar

sus sufrimientos.



De: Anida en mi ser




miércoles, 2 de mayo de 2018

Georgina Castillo










LA MUERTE

La gente puede decir misa
pero la muerte es de cada uno
como lo fue la vida

Fotografía de Jerry Uelsmann

Jorge Novak Stojsic Sarac







ASÍ SIN PENSAR EN NADA...

en las tardecitas 
calladas
cuando se escapa el sol
despacio
y discuten
los últimos pájaros
dónde pasar la noche
y la luna
como distraída luna llena
bostezando sombras
acaricia
el camino largo
y todo huele a hierba
no sé porqué
y sin pensar en nada
a veces
algunas veces
se me descuelga
un lagrimón




martes, 1 de mayo de 2018

-Marcos Ana-












Mi vida,
os la puedo contar en dos palabras:
Un patio
y un trocito de cielo
por donde a veces pasan
una nube perdida
y algún pájaro huyendo de sus alas.



Miguel Á. Bernao








EL ABRAZO

Si pudiera abrazar la luz
-al menos contenerla-
valdría la pena creerse mortal,
sin la moral de los jueces
sin la valentía de la ofensa,
tocar esa luz esférica
con los dedos de la muerte
con la voluntad de los días,
a cada oscuridad sombría
nacida en el miedo de vivir,
en el funeral de los cuerpos
y la sencillez de un amanecer
donde creerse libre y cobijado.
Si pudiera abrazar la luz...



 

Sara R. Gallardo






Ariadna


Jugabáis al escondite, a polis y cacos, a guerras de agua en verano. Era como un laberinto. Poco sabías de lo que ocurría fuera de aquellas calles que pateabas con las mallas azules del colegio, con aquellos playeros rojos y negros tan feos que a ti te gustaban tanto. Poco sabías del mundo, nada habías leído. Usabas las camisetas de segunda mano de tu prima, camisetas amarillas, con pequeños agujeros con los que te entretenías y que hacías más grandes.

Compartías el laberinto con más niños, pero no eran como tú. ¿Recuerdas aquella caseta blanca donde decías que se escondía el "hombre del pito"? Todo aquello era un juego. Os reíais tanto... ¿Recuerdas? Pero tú viste a niñas con las rodillas en carne viva, con los labios morados, con los ojos perdidos. Con las uñas sucias de tierra. Con sangre entre las piernas.

Mientras otras niñas, en otras ciudades, en otros lugares, en otros barrios, leían en el laberinto de sus abuelos o de sus padres. Leían a Melville o a Bram Stoker mientras tú veías en La 2 a Willy Fog y en las calles a aquellas niñas que se volvían locas.
 
Soltaste el hilo, por aquel entonces. Te perdiste en la casa de Asterión.