Con la boca pegada al cielo,
en la asfixia de un amor
que nace y va muriendo,
me deshago de los labios
para besarte únicamente
con el deseo. Nos iniciamos en el azul
como peces de infierno.
Somos fuego invertebrado,
el uno sobre el otro
rebosando flores de silencio.
Nos contemplamos en la huída
de lo tangible, todo el aroma
nos descansa al descubierto.
Cuando ya el tiempo pisa
con pata de elefante.
Cuando ya la cornisa
del cielo es una grieta.
Cuando ya es solo sombra
lo que tienes delante.
Y el pasado insepulto
se pudre en la cuneta.
Ensaya una postura
que te mantenga erguido.
Urde una trama en la rota costura,
avanza renacido
hacia la luz que llama.
MARIPOSAS IMPOSIBLES
Mejor será creer en los dragones,
en grandes superhéroes invencibles,
mejor seguir soñando con leones
que cazan mariposas imposibles.
Los Reyes Magos nunca son los padres,
no dejes que te engañe un torpe adulto,
prefieren que enmudezcas a que ladres,
la infancia que se alarga es un insulto.
Y yo sigo creyendo en Don Quijote,
en locos como aquellos los de antes,
en Sanchos gobernantes de su islote.
Reniego de los cuerdos dominantes,
yo tengo un corazón que sigue a flote,
yo sé que los molinos son gigantes.
Del libro Te odio como nunca quise a nadie, 2015
Embrujo De Luna
¡Luna llena, no te escondas
bajo las nubes quiero verte!
Asoma tu clara luz
para iluminar la tierra
y mi corazón triste.
Cuando los enamorados quieren verte
embrujas los corazones de los amantes.
Escribo sobre ti versos románticos
y la serenidad forma parte de ti.
¡Observándote desde mi ventana
por la noche, libre entre las nubes,
y las estrellas brillantes!
Al sentir tu caricia,
lanzo mis alas al horizonte
en una noche estrellada
para llegar a abrazarte y adorarte.
¡Oh luna, clara y pura,
en aquella noche oscura!
El amanecer más allá respirará
de nuevo la aurora.
Dejaste dentro de mi alma
la hermosura de la noche.
Amo tu luz brillante
y la poesía fragante
¡Oh luna no te escondas
en el cielo fulgurante
que con tu luz me embrujaste!
Sentí el roce de tu mano
sobre mi ombligo,
me diste el oxígeno preciso
para sentir mi vientre,
y las yemas de tus dedos
deteniéndose,
hilvanando cada curva de mi cuerpo.
Me diste el ardor de tu lengua
reclinado en mi valle,
cada hondura de mi
sostenida en tu boca
con la lentitud de quién no espera,
ese momento donde no hay más
que nosotros,
perdidos en el deseo
envueltos en la locura,
embriagados por la sed,
de dos cuerpos que solo desean
unirse y pertenecer al fuego.
Hay días
huecos
sin horas sin minutos
simas en donde las voces caen
como las piedras y se pierden
horas felices hay
también
y tú las acaricias con dulzura
para no perturbar esa frágil quietud
desprevenida con que posan sus alas
cuando se van
renuncias obediente
a perseguir su vuelo inalcanzable
De Mudanza, 1994
Tu forma de desamar son olvidos, caminos ya no andados,
palabras mecidas a desgana
aterrizando grises sobre el sofá
donde ya no se enlazan las manos.
Autobuses que siempre se pillan
en paradas atestadas,
se internan en el invierno de la ciudad,
y ya no me guardas el asiento
cuando subo con mi sonrisa
y mis ganas.
Te bajas y enciendes un cigarrillo,
abres una estela de humo que nos sigue,
te hablo y miras los semáforos,
las luces amarillas,
los escaparates, de reojo.
No sé con qué juega tu mano en el bolsillo del abrigo,
te dibuja una sonrisa pequeña
en las comisuras de tus labios,
ni sé qué se asoma a tus ojos que son faros que apuñalan con su luz,
la noche sobre el asfalto.
"Peces voladores"
Foto: Marco Zbigniew Parzych