No se si cenar, ayunar o llorar,
no se si reír, hablar o llorar,
no se si trabajar, mirar al cielo o llorar,
tan solo llorar. No se si contar verdades,
disimular defectos, o llorar,
no se si contar amigos con solo un dedo, o llorar,
tan solo llorar. No se si amar a alguien, amar a quien no me ama, o llorar,
no se si pedir a gritos la luna, el sol quizás,
no se si medir mis fuerzas contigo, con el viento, o llorar,
tan solo llorar. No se si dormir,
sí, dormir...., dormir y soñar,
y llorar.
A veces ocurre
que los sueños llevan flores
y las palabras sobran
si la vida me invita
a las orillas suaves de la paz.
Los árboles pacíficos
se vuelven frondosos,
los senderos limpios
se llenan de miradas
que depuran el aire.
Y me viene el olor
de la emoción
del alma en los labios,
del concierto lírico
de la libertad,
en este caminar torpe
de mis pasos.
CAMBIOS DE NOMBRE
A los amantes de las bellas letras
Hago llegar mis mejores deseos
Voy a cambiar de nombre a algunas cosas. Mi posición es ésta:
El poeta no cumple su palabra
Si no cambia los nombres de las cosas. ¿Con qué razón el sol
Ha de seguir llamándose sol?
¡Pido que se llame Micifuz
El de las botas de cuarenta leguas! ¿Mis zapatos parecen ataúdes?
Sepan que desde hoy en adelante
Los zapatos se llaman ataúdes.
Comuníquese, anótese y publíquese
Que los zapatos han cambiado de nombre:
Desde ahora se llaman ataúdes. Bueno, la noche es larga
Todo poeta que se estime a sí mismo
Debe tener su propio diccionario
Y antes que se me olvide
Al propio dios hay que cambiarle nombre
Que cada cual lo llame como quiera:
Ese es un problema personal.
Los colores aliados
como un ejército mercenario,
todos a una,
luchan por destronar al verde
de los viñedos.
El amarillo y el naranja,
el cobrizo y el marrón,
el rojo y el magenta
ganaron la batalla
y reinan en las viñas.
Efímera victoria.
Pronto llegarán los podadores
y el pardo de las cepas y la tierra
dominará el valle.
En ocasiones cederá sus dominios
al blanco de la nieve y de la escarcha.
De deberte
creo que te lo debo todo,
este aire
que le faltaba a mis pulmones,
tu sabor a cobijo
cuando me besas,
la tierra
en la que te has convertido,
patria
donde amanece el alma
al otro lado del colchón. De deberte
creo que te lo debo todo,
hombre
que me miras
mientras me desnudo,
que estás
allí y aquí siempre,
abrazo que no olvido. Te debo todas mis palabras,
-ya no sucede- que este escritorio
parezca un abismo y duela.
Antónimo de cobijo
Marta Pumarega Rubio
Son las personas
que llevan el Amor,
hasta en las plantas de los pies,
las que deben construir el mundo.
Esas personas que entran
en nuestros sueños,
en nuestros pensamientos,
en nuestras fantasías...
Entran con la mágica llave
del amor sincero, y se quedan
dentro de nuestro mundo
para quedarse, por siempre.
Son las personas
que llevan el Amor,
hasta en las plantas de los pies,
las que debieron construir el paraíso.
QUÉ HACEMOS
Qué hacemos con los tipos de interés
y las cláusulas suelo,
si esos tipos no interesan
y nos hipotecamos sobre terrenos pantanosos.
Qué hacemos con las multinacionales
y los productos transgénicos,
si me lees desde tu móvil de última generación
mientras te reflejas en la piel de una manzana.
Qué hacemos con las farmacéuticas
y los contratos basura,
si no nos curamos de envidias y rencores
y seguimos sin tirar el papel al contenedor azul.
Qué hacemos con el amor que nos sobra,
si al final lo convertimos en ego.