lunes, 4 de marzo de 2019

Begoña Abad





Podría haberme emborrachado
de ansiolíticos potentes
o de vodka barato.
Podría haberme enganchado
a la coca, a las telenovelas
o al chocolate.
Podría haberme hecho adicta
a tus ausencias
a tu malquerer, a tu dolor,
a tu lista de contraindicaciones,
pero preferí averiguar
qué eran los dos bultos
que me nacían en la espalda
y echarme a volar.


Foto: Elizabeth Sagan

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domingo, 3 de marzo de 2019

Gema Estudillo




LA OSCURIDAD


vuelves a la oscuridad
al brillo de la niñez
y a las risas
a la voz del panadero
que te atrae presuroso
hacia la cerca
sueñas
y el balido del carnero
te devuelve hasta la fuente
vas sintiendo
el calambre de tu pierna
ahora más intenso
y un sudor extraño
cala
hasta la caña
el hueso
se lo has dicho
y una arruga nueva
ha aparecido en su frente
sueñas
y en la noche has escuchado
el canto del vencejo
es ahora su mano
la que huele a leche fresca
fuera
la luz alborea
ladra el perro
pero aún hay tiempo


Amalia Bautista






Al cabo, son muy pocas las palabras
que de verdad nos duelen, y muy pocas
las que consiguen alegrar el alma.
Y son también muy pocas las personas
que mueven nuestro corazón, y menos
aún las que lo mueven mucho tiempo.
Al cabo, son poquísimas las cosas
que de verdad importan en la vida:
poder querer a alguien, que nos quieran
y no morir después que nuestros hijos.

sábado, 2 de marzo de 2019

Rafael Guillén






Poema del no



Me decías que no. Por tu mirada
pasaban barcos lentamente. Había
gaviotas en tus ojos, en tus blandos,
oscuros ojos grandes,
donde iba cayendo la amargura
como un anochecer de altas sirenas
en los puertos del Sur.
Me decías que no serenamente.
Era un no original, que ya existía
antes que tú, que hablaba por sí mismo
mientras que tú, impotente, absorta, fijos
en mí tus ojos, lo sentías vivo,

palpabas su raíz por tus adentros.
Era un no adivinado,
mudo, pesadamente silencioso.
Tu duro cuerpo tibio
me decía que no, sin causas, iba

replegándose, como
si volviese a la infancia. Tú no eras.
Me decías que no, y en tu mirada
cabalgaba un dolor que yo diría
maternal. Un dolor implorando
comprensión. Un no de contenida
pesadumbre, pero total, abierto,
levemente asomado
a las playas del llanto.
Me decías que no lejana, sola,
terriblemente sola, maniatada,
sin un porqué donde apoyarte, pero
era no, era no, sin gritos, no...
Los puertos, las sirenas,
los barcos en la noche, todo iba
perdiéndose, alejándose.
Yo, delante de ti, triste, abatido.

Loli González Vázquez




Hambre  1.936                                        


En una cama sombría

lloraba su hambre.

Su vientre se había plegado.

Clamaba al cielo.

Su boca deshidratada

parecía pender de una losa

que no la dejaba respirar.


El estómago en tinieblas pedía alimento

pero en aquel tubo digestivo

parecía alojarse un gato,

un gato rabioso que arañaba sus entrañas

noche y día

sin dejar de maullar.


El felino se alimentaba de su anémica sangre

pero la joven, cansada y con un llanto sin final,

se abandonaba lentamente, hondamente

…al sueño.

No, no tenía intención de morir,

solo quería calmar al inquisidor de sus tripas.

Así fue lo que vivió.

Así lo que sufrió.

Así fue su historia de hambre

y yo, su hija, recojo el testigo de su dolor.

Que también es el mío.

Hoy su polvo está en el aire;

flota en luz

y vuela.

Todo es espacio.

Estas letras sentidas, las guardaré…en su cajita de estrellas.



Resultado de imagen de hambre 1936

viernes, 1 de marzo de 2019

ISABEL IZQUIERDO


DOS MIL CINCO


Para que puedas comer me he desgarrado parte de la espalda y el muslo derecho, me parece justo, si me llenas cada día tendremos que alimentar
el programa locomotor.
Por soledad te echas a otra aorta, por miedo, a cualquier hígado.
Y en este siempre inconcluso periodo de evolución
más animal que ayer y menos bestia que mañana.
Para que no te canses de venir he depurado mi agonía hasta esa nota aguda
y asfixiante que tanto te emociona.
Para que puedas beber he arrancado los geranios de la barriga, ya estoy calva, sin hiedras para que tu cabeza de vaca no se enrede.
Por amor uno se da más puntadas que el doctor Frankenstein


Corrupta y salvaje, hasta mañana.
A lo Mary Shelley
_____________Tu amante.




Walt Whitman,




Cuando escuché al docto astrónomo...
Cuando escuché al docto astrónomo,
cuando me presentaron en columnas
las pruebas y guarismos,
cuando me mostraron las tablas y diagramas
para medir, sumar y dividir,
cuando escuché al astrónomo discurrir
con gran aplauso de la sala,
qué pronto me sentí inexplicablemente
hastiado,
hasta que me escabullí de mi asiento y
me fui a caminar solo,
en el húmedo y místico aire nocturno,
mirando de rato en rato,
en silencio perfecto a las estrellas.