miércoles, 17 de julio de 2019

Adolfo López





LA EVIDENCIA DE LOS MARES



Mientras contemplo
un lugar de fondo blanco
imagino qué será sentir
más allá del puro silencio.
Este umbral de sueño alterado,
y esa sonrisa atornillada a tu boca
convierten mis letras apresuradas
en una aurora sin nostalgia
en ansiedad y premura
por tocar y oler el cauce de tu piel.

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Foto: Red

martes, 16 de julio de 2019

José Puerto Cuenca






PAN CON ESTRELLAS

Amor, hace tiempo que quiero proponerte
una dieta de aderezamiento…
Desayunaremos un té marca Buen Día
endulzado  con esperanzina
y un bollo de afán integral auténtico
con un buen chorreón de afecto virgen extra.
A media mañana como tentempié
mordisquearemos con fruición
dos manzanas reinetas del árbol de la paciencia.
El almuerzo lo empezaremos con un aperitivo
de perlas verdes sin martirio, cultivadas
en el olivar sabio sin resabio de los abuelos,
ensalada de sentimiento verde y aros de centella
con cariz dulce, humor fresco y desenvidias,
alma de almendras o nueces de parsimonia…
A media tarde una taza de fe alta y rica
endulzada de meloja y melodía
y un trozo de pastel esponjado de ojos claros
espolvoreado de sonrisa cande.
Para cenar probaremos cada noche
una fruta distinta, una pulpa nueva,
una caricia absolvente y desusada,
nos haremos veganos de carne de otros seres,
la tuya y la mía, amor, ya nos alimentan
con creces el ansia animal antigua…
Y de postre, amor, de postre…
Los racimos de besos con uvas que tú quieras…
Amor… ¡Contigo pan con estrellas!


Paco Mateos





VOLVER A TI


Amor, si tu vinieras
amor, si tu volvieras
mi vida a renacer
volverte a querer
como te quise entonces
una segunda vez

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lunes, 15 de julio de 2019

Juan Gelmán



Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!
Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.

Cristina Liso Aldaz




MERCERÍA CAMINO


Es una calle ancha y desolada, los coches van rápidos y los edificios son altos. Apenas cuatro flores en los balcones. Bajeras, muchas bajeras vacías.
Mercería Camino, una verja oxidada plegable cierra el acceso,detrás de ella papeles sucios y viejos almacenados en el suelo. Todo abandonado, un cartel se alquila pegado en el cristal.
Me gustaba detenerme al pasar frente a la tienda con sus pequeños escaparates llenos de finas agujas de punto, lanas de col
or azul y rosa, quizá una foto de una chaqueta de bebé en los mismos tonos.Había madejas de hilos alineadas cuidadosamente una tras otra dibujando un mágico arco iris. Un costurero abierto y forrado con cretona, tijeras y paquetes de agujas de coser que tenían aromas de infancia.
La dueña era baja y delgada, de cara alargada y gafas de concha. Su mirada inteligente buscaba, con cuidado y rapidez, cada una de las cosas solicitadas. El trabajo exigía muchas habilidades: distinguir tejidos, conocer las estructuras de los trabajos en telas o punto…
Cuando la veía envolver, con sus huesudas manos, en papel de seda los hilos o los metros de goma tras medirlos en el metro fijo dibujado en el canto de la mesa, volvía al pasado y sentía mis pequeñas manos en el mostrador, asomaba la cabeza por encima para ver el maravilloso mundo de colores en las madejas de hilo que había debajo del cristal. A mi lado mi madre alta y bella sonreía con dulzura a Camino porque sentía su soledad.


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domingo, 14 de julio de 2019

© Ana García Briones



Hay instantes de la vida
que besan mis labios
llenos de fragancia balsámica.
Pasan sin ruido,
casi de puntillas,
puñados de corazón
que se esparcen en mis venas
acariciando los rotos.
Hay instantes de la vida
que se acercan a mi
como una dulce canción
que deja un resquicio de luz en el alma.
No muy lejos,
un sendero de hormigas en fila
se pierden en el tumulto
y la manipulación mediática.
Hay instantes de la vida
que necesito cerrar los ojos
y dejar atrás
las horas perdidas de sueños.




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© Antonio Porras Cabrera




A veces, en los lugares más insospechados, te sorprende la vida con la muerte. En nuestro reciente crucero por los fiordos, tuvimos la amarga experiencia de un suicidio. Una señora, posiblemente hastiada de la vida, se tiró por la borda. Fue una experiencia terrible, cargada de inquietud y desasosiego, mientras los helicópteros la buscaban en la mar y el barco, junto a otros que se incorporaron a la faena, también se dedicaba a la búsqueda. Al final un helicóptero la encontró y llevó su cuerpo a la cercana Dinamarca. A mí, en un intento de amarga comprensión, me acudieron estos versos:

LA VIDA TE SORPRENDE CON LA MUERTE

Una luz de tristeza inunda la tarde,
un grito de desespero,
un empacho de llanto
y sufrir en silencio.

El mar en su profundidad
llama al abismo,
y un interior, que ya no habla,
se puebla de mutismo,
volando al espacio infinito,
a un cosmos que acoge el desaliento
y al dolor de una eterna soledad
que no encuentra remedio.

El vuelo decidido, en caída libre,
levanta un griterío de incomprensión
entre el pasaje sorprendido,
la popa huye y el cuerpo, casi inerte,
golpea con estupor
las aguas alborotadas por las hélices.

Ya todo ha concluido,
se borró el ayer matando hasta al presente,
frustrando el utópico futuro.

No hay ya causa para el llanto,
concluyó el sufrimiento
quedando proscrito ante la muerte
que todo lo anula y extingue
como un punto y aparte de la vida,
como un fin de celuloide
cuyo guion no fue escrito,
hasta este momento final, por el actor
que representa la tragedia.

Descanse en Paz eterna
quien quiso abandonar por propia suerte
los avatares abruptos de la vida
entregándose al mar
en un vuelo de muerte.