miércoles, 24 de julio de 2019

Alicia calero




Espera

El sol se pone.
Las nubes se tiñen de colores.
Una brisa acaricia mi piel
y un majestuoso monasterio
me protege
mientras espero ansiosa
las deseadas confidencias atrasadas.



martes, 23 de julio de 2019

Inés Mª Díaz Rengel

La imagen puede contener: océano, cielo, árbol, nube, playa, exterior, naturaleza y agua

Mario Benedetti


 

 

 

 

El mar 


¿Qué es en definitiva el mar?
¿Por qué seduce? ¿Por qué tienta?
suele invadirnos como un dogma
y nos obliga a ser orilla.

Nadar es una forma de abrazarlo
de pedirle otra vez revelaciones
pero los golpes de agua no son magia
hay olas tenebrosas que anegan la osadía
y neblinas que todo lo confunden
.
El mar es una alianza o un sarcófago
del infinito trae mensajes ilegibles
y estampas ignoradas del abismo
trasmite a veces una turbadora
tensa y elemental melancolía.

El mar no se avergüenza de sus náufragos
carece totalmente de conciencia
y sin embargo atrae tienta llama
lame los territorios del suicida
y cuenta historias de final oscuro.



Ana García Briones










Entiendo que,soy sombra
de aire fresco,
pintada de azul celeste,
savia de ese hermoso roble
donde te gusta posarte.


Entiendo que,
busques en los jardines
de las manos entrelazadas,
de los besos húmedos,
de las fuentes de agua
limpia,
que abones con jugos
durante varias estaciones
las hojas marchitas.

Entiendo que,
con tristeza,
soy el número impar
del cuarto vagón
de la estación del tiempo.



  De Partos de luz 





 





lunes, 22 de julio de 2019

Lola Fontecha.







Aceptar la marcha, inspira versos...

Y ahora tomo tus palabras
y las meto en el vagón de cola del tren que marcha,
para que a partir de ese momento
se pierda en contenido,
bajándose en la siguiente estación.

Ahora,
me dedico a diagnosticar la enfermedad objeto de tal condescendencia,
y a solas conmigo misma,
sigo preguntándome porque me hieres sin motivo.

Y rebusco en los cajones,
para encontrar algún vestigio que indique cómo y cuándo,
el jardín se mudó al desierto de tu olvido.

Y después de ahora,
dejaré de hacerlo,
porque no puedo seguir con esto
y entonces..,
será el momento justo de sentir
que por fin te has ido.

El frío de Lola Fontecha.







Pedro Javier Martín Pedrós







Enamorarme de la vida



Enamorarme de la vida para ser valiente, y
dejar que mis lágrimas se asomen
mientras leo un poema a un buen amigo.

Enamorarme de la vida para inventarme
sueños, «paradas», donde quepa la utopía,
y los abrazos no se reduzcan a un
contacto o roce físico.

Enamorarme de la vida obsequiando
puestas de soles a los que
siempre se sintieron solos,
mal acompañados
y nunca queridos.

Enamorarme de la vida, regalando
pentagramas vacíos,
para que otros
pinten su música sin conservatorio,
sin conservantes
ni amigos influyentes.

Enamorarme de la vida después de la
despedida de un amigo,
en cualquier campo santo.

Enamorarme de la vida,
viajando, deslizando mis manos por las
carreteras y curvas de cuerpos, sin temor al
carné por puntos.

Enamorarme de la vida, sabiendo que este otoño
vendrán vientos y lluvias difíciles,
y que alguna tarde sentiré los bolsillos
de la vida vacíos.

Enamorarme de la vida,
a sabiendas que hay soldados que se
camuflan con trajes de poetas,
y que nunca aprenderán a esculpir
dos miradas amorosas llenas de deseos.

Enamorarme de la vida con el saco
lleno de un montón de años, y soñando
que el amor es posible, aunque parezca una
cursilería.

Enamorarme de la vida, creyendo siempre
que detrás de una sombra,
puedo encontrarme herrumbre,
madrugadas, escombros y caricias.

Enamorarme de la vida y
sorprenderme ante la
persona que encuentro en
el espejo
cuando me afeito cada mañana.

Enamorarme de la vida,
a sabiendas que hay caminos
con charcos pestilentes de
mierda y basura humana,
que hasta los jadeos de amor
se aprenden en las escuelas de
teatro.

Enamorarme de la vida y abrirle
la boca al mar, para que engulla
deseos, vibraciones prohibidas,
y desparramar los embalses ocultos
de mi adolescencia.

Enamorarme de la vida y descubrir el
placer de una muda limpia de cama, y
experimentar como se curan las heridas.

Enamorarme de la vida y rellenar
páginas en este viaje
donde, querer seguir siendo niño,
es una locura.

De : En la bajamar.









Ana Pérez Cañamares





Los viejos que van en zapatillas por la calle
como si el mundo fuera un pasillo
y todos los caminos, el camino de la alcoba al baño.

Nos miran sin entender para qué o quién nos vestimos
por qué nos acicalamos para ir al matadero.