miércoles, 14 de agosto de 2019

Lluïsa Lladó







Los animales de almas en celo

 
Usted ha tomado las manos y en la lección de los amantes
ha enseñado antes que la gula de la carne la caricia,
antes que la caricia la mirada,
antes de la mirada aprender,
aprender el beso que procede del rocío
y de los trozos que aún permanecen de nosotros mismos,
en sus estadios, con esta plenitud de campo de girasoles.


Pechos de membrillo al abasto
de su lengua de agosto, haciendo bucle con la barbilla
para el reposo de la nuca,
en el hueco vocal naciente sol de entre su brazo y su torso,
allí, como en un varadero, va mi cabeza exhausta
formando ala con su hombría.




Me conversa de novelas, y varias músicas,
en su dogma la sabiduría también pertenece al sexo.


Me ruega que le cuente poemas de desnudos y faustos,
mientras desgaja la ropa, y consigue en aula
desarmar el dolor que óxido permanece en la pupila.


Capa a capa, escéptico no cree en la espiritualidad, yo, en cambio idolatro la sanación del karma.
Pero, eso no impide que…


Los animales de almas en celo.


Haciendo corsé con los nudillos,
apuntillando el cenit hambrientas las bocas
y los pliegues de un hombre (prosa) y una mujer (poesía) que
con los ojos cerrados
ya han descubierto el camino de la escultura del cuerpo
con la semilla y la tierra
antes que el sexo, la palabra,
antes que la mirada, el beso


con los ojos cerrados.





martes, 13 de agosto de 2019

Pablo Mora



Para qué la poesía
Pablo Mora


Para la vida
“No sirve para alcanzar el poder, pero sirve para responder al poder con sentimientos cercanos. No sirve para enseñar a nadie nada, pero sirve para mostrar lo que acontece por el mundo. No sirve para matar, no sirve para morir, no sirve para rezar ni para jugar con fuego. Pero sirve para emocionar, para vivir en otros cuerpos, para vivir sintiéndose vivido, para sentir la belleza y hondura de las palabras que nos explican cómo somos. No sirve para gritar, no sirve para llorar, pero sirve para sentir el deseo, para alzar la voz en silencio, para que su tristeza te atraviese el pecho. No sirve para liberar a nadie, no sirve para juzgar a nadie. Pero sirve para hablar con libertad, para proclamar la inocencia de las cosas, para rebelarse contra la locura de la historia. No sirve para bailar, para emborracharse. Pero sirve para celebrar la vida, para embriagarse de otros sentidos, para moverse por otros lugares. Da vida a los muertos y nombra lo que a menudo no tiene nombre. No sirve para la muerte. Sirve para la vida. Es nada, pero al final sirve.” (Kepa Murua).
Sirve para llevar a Dios a misa. Para que la primavera camine al mercado entre panaderías y palomas. Para que a la mesa lleguen recién casados los sabores del mar y de la tierra. Para que las gaviotas repartan el aroma de la rosa en las arenas. Para salir a todas las calles del mundo a repartir pescado. Para saber por quién la lluvia y los pájaros del mar llorarán mañana. Sirve para esconderle los dados a los dioses. Para que hablen los pueblos por su canto. Para dar con todos los azules de la tierra hacia la luz total de nuestras cosas. Para darle la mano a las manos temblorosas de la lluvia e irse cantando entre la dicha y la dureza, la cólera o ternura. Sirve para saber que no tenemos más remedio que vivir, ni más recuerdo que la vida. Para decidir dónde plantar los árboles, de nuevo. Para dejar escrito en la piedra el sueño del domingo.
Sirve para medir el hambre. Para saber bien en qué lugar hay sangre, dónde queda la razón, dónde la palabra, dónde la injusticia. Sirve para que ni un hombre pase sin que reine y sigan naciendo hasta llenar el mundo, sin que nadie los divida sino el sol o la noche, la lluvia o las espigas. Para que el mundo se pueble de palomas, y el hombre recuerde las sombras que nadó, hasta que quiera saltar al agua para caer al cielo. Sirve para distribuir las flores del mañana e ir galopando en el viento sobre el caballo de la lluvia. Para abrir cajones, llenar platos, destapar versos y botellas, vigilias, madrugadas y retratos, hasta que alguna vez si ya no somos, si ya no vamos ni venimos, estemos juntos, extrañamente confundidos, sirviéndole a la vida. La poesía es siempre un acto de paz. El poeta nace de la paz como el pan nace de la harina. (Poesía, Sociedad Anónima).

Maria Díaz Cid




Es el tiempo de los sueños vividos.
El olor a paja al despuntar la mañana.

El olor a río ,a café y a tostada
con mermelada y el silencio
de los campos al amanecer.

Es el tiempo de los sueños rotos,
sueños que se fueron y no volverán.

Hoy....Es el tiempo de los sueños nuevos ,sueños de esperanza...
Mis ojos mirando un nuevo amanecer.

lunes, 12 de agosto de 2019

Rene Leyva Gomez





TE ESPERARÉ EN SILENCIO

Siempre te amaré
y en mis sueños te buscaré,
te necesito pero no puedo esperarte,
quisiera quedarme a tu lado para enriquecer tu alma,
no para llenar el vacío de mi soledad,
pero la distancia me hace retroceder.

Me gustaria seguir tu camino,
compartir tus sueños y ser el dueño de tu corazón,
poseerte y difruar de la pasión ardiente que habita en tí.

Me marcho sin decir adiós,
yo siempre te amaré y jamás te olvidaré,
en mis recuerdos guardaré tu amor
y la tristeza de no haberte conocido.

Ambos sabemos que es difícil fragmentar este amor
por su complejidad y barreras,
nos produce recuerdos agridulces.
Yo siempre te amaré y nunca te olvidaré.
.
Quiero que seas feliz y que la vida te trate bien,
y aquello que el destino me negó, en ti sé cumpla,
dejando en tu corazón sueños maravillosos de amor y felicidad.

En mis noches de vigilia
te esperaré hasta el amanecer
donde nada está prohibido.
Coge tus alas y deja que tu mente se trasporte en el tiempo,
cruza la distancia que nos separa y
con la brisa de la noche acariciando tus sentidos,
reúnete conmigo en el eterno vuelo del deseo.

Te esperaré en silencio
y bajo las sábanas arrugadas de mi lecho,
besaré tus labios y te amaré
con las pasion que nos embarga esta noche.

Yo siempre te amaré y nunca te olvidaré.
Desnuda y bajo la luz de la luna imagino
al óleo y mi mano sobre el lienzo pintando
tu bello cuerpo, y sin dejar de mirar tus ojos,
té amaré toda la noche con tus ángeles y demonios,
hasta que nuestros cuerpos se fundan en uno solo.

Yo siempre te amaré y nunca te olvidaré.
Y bajo un cielo repleto de estrellas luminosas
seguiré amándote haciendo realidad tus fantasías,
caminaremos por senderos diferentes
sin decirnos adiós.

Te amaré toda la vida allá donde muere la tarde,
al final del camino.
Yo siempre te amaré y nunca te olvidaré.


René Leiva Gómez.
Derecho de Autor Reservado.
EEUU.19 /6/2016.

Malika El Bouzidi





Embrujo De Luna

¡Luna llena, no te escondas
bajo las nubes quiero verte!
Asoma tu clara luz
para iluminar la tierra
y mi corazón triste.
Cuando los enamorados quieren verte
embrujas los corazones de los amantes.
Escribo sobre ti versos románticos
y la serenidad forma parte de ti.
¡Observándote desde mi ventana
por la noche, libre entre las nubes,
y las estrellas brillantes!
Al sentir tu caricia,
lanzo mis alas al horizonte
en una noche estrellada
para llegar a abrazarte y adorarte.
¡Oh luna, clara y pura,
en aquella noche oscura!
El amanecer más allá respirará
de nuevo la aurora.
Dejaste dentro de mi alma
la hermosura de la noche.
Amo tu luz brillante
y la poesía fragante
¡Oh luna no te escondas
en el cielo fulgurante
que con tu luz me embrujaste!




viernes, 9 de agosto de 2019

Lucía Fernández Núñez





A veces
me subo a tu risa
y en ella
me quedo a vivirte
durante unos segundos.

Otras,
prefiero mirarte en silencio
procurando atender
a tus palabras,
aunque siempre acabo
perdiéndome en tus ojos
para encontrarte de nuevo.

Tus manos
saben leer mi cuerpo,
lunar a lunar,
cicatriz a cicatriz,
respirando en las comas
y parando en cada punto...
dando la entonación perfecta
a esta piel madura
que me viste
las ganas de ti.

Tus pies y mis pies
caminan en paralelo,
pero a ratos
nos enreda la vida
y caemos de bruces
sobre un mismo cielo.

Cielo. Lucía.

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Luis Alberto de Cuenca




Estoy aquí, mi amor, estoy aquí,
velando tus naufragios en las noches
en que nadie responde, en las heladas
madrugadas vacías, en las tardes
de desesperación y de locura.
Pon en duda, si quieres, que la Tierra
gire en el desolado precipicio
del espacio infinito alrededor
del Sol, o que los astros sean fuego,
o que el amargo río de la vida
desemboque en la muerte. Pero nunca
dudes de que, en la fiebre del fracaso
o en la sed de la angustia, en el abismo
de la ansiedad y del desasosiego,
estoy aquí, amor mío, estoy aquí.
Aunque tú no me creas ni me oigas.