jueves, 26 de diciembre de 2019
• Maribel Ortiz Ruiz •
CIRCO
Desabrochas en penumbra
el alma de tu chistera.
Y te arrancas la postiza nariz
Con mis preguntas.
No te alcanzo,
tras la voltereta de tu silencio:
el látigo de mi vértigo
no te inmuta…
De un salto mortal,
te atrapan mis dedos.
La pista de tus deseos
me ignora.
No consigo ejecutar
el tirabuzón sobre tu boca:
escondiste
la red de mi palabra.
El circo de tu pasión
se enredó de nuevo
entre el cambalache de
mis sueños…
Del libro: A tu encuentro.
Colección: Poesía en la distancia.
miércoles, 25 de diciembre de 2019
Lola Fontecha
Un paréntesis que invita a vivir.
Un micronano de segundo que me lleva a ti.
Un instante que rememora tu mirada.
Un rato mas que nada es todo por ser tuya.
Una estrella fugaz que muestra la libertad.
Un espacio-tiempo,
la verdad de ser,
tus palabras,
tu olor
y la eternidad de un poema...
Buenos días, mundo. Continuemos lo empezado, vivir merece el esfuerzo
invertido en el camino de la existencia.
Versos que me digas al oído y la soledad parada en una estación de tren
para volver a sonreír sin el miedo a ser sorprendidos.
Hoy los besos los aderezas tú, en la ensaladera de la vida.
la verdad de ser,
tus palabras,
tu olor
y la eternidad de un poema...
Buenos días, mundo. Continuemos lo empezado, vivir merece el esfuerzo
invertido en el camino de la existencia.
Versos que me digas al oído y la soledad parada en una estación de tren
para volver a sonreír sin el miedo a ser sorprendidos.
Hoy los besos los aderezas tú, en la ensaladera de la vida.
Ana García Briones
Algún día,
los que no creen
en la poesía
buscaran alimento
para sus sueños,
necesitarán un sol
y el verde intenso
de la hierba
que riza la primavera.
¡Mira ese pobre caminante
con el alma afligida
y la sangre derramada
por las espinas del camino!
No te rindas poeta,
graba el instante
de un abrazo cristalino
en el corazón de los hombres,
una ilusión mayor
que el mar y el cielo.
Algún día,
los que no creen
en la poesía
necesitarán del alma
que entregó el poeta
para aliviar
sus sufrimientos.
De: Anida en mi ser
De: Anida en mi ser
martes, 24 de diciembre de 2019
Antonio de Padua Diaz
Cuando el sol inunda las entradas de mi casa
sé que estás a mi lado
porque tu piel de él forma parte,
hueles a papelería antigua,de otros tiempos,
a lápiz de madera y grafito,
en tu alma ecológica recoges a pobres diablos
y con mano izquierda lirios azules,
besas a los amigos con tu boca poderosa
y a los hombres,con la mirada.
Siempre creo que formaste parte de mi vida
y jamás te he vivido,
como naúfrago solitario te espero
agarrado a la madera de lo poco que me queda:
unos cuantos poemas,cinco corbatas y mis libros preferidos,
no sé si existes tú,isla María,
en mis versos o en mi deseo,
pero hoy tu nombre se hace agua en mi boca
y a diario lo pronuncio,
volver a soñar con imposibles a tu lado,
pasear por las ciudades enlazados
y que en los hoteles nos conozcan por señores amor,
si algún día te puede la nostalgia
en el borde del mar búscame,
siempre te espero en la arena,allí donde nace el infinito.
Pablo Mora
Para qué la poesía
Pablo Mora
Para revivir cada día
Para revivir cada día
Alegría,
alborozo, en orden a la obra colectiva en cierne. Sociedad Poética que
nos confirma que la existencia no es más que un plagio (Moravia) y que
todos los poetas escriben las mismas cosas con uno que otro colorido. Poesía, Sociedad Anónima.
Tal vez la única continuidad de la Poesía sea ese hormigón profundo
que, de siglo en siglo, establece una solidaridad poética universal.
Sólo existe un poema y un poeta y hasta una sola palabra para los
hombres y los libros que existen, existieron o existirán. Un mismo
hombre converge con el otro, océano de por medio, con la misma angustia,
con el mismo dolor, para ver eidéticamente la misma gota de lluvia deshojada en la trinchera, en la vanguardia, en las barracas de la guerra cotidiana.
Un pedazo de pan para los pájaros. Un alarido entre la guerra. La
imagen vegetal de la lechuga. Un alpargata recibiendo sol. La sílaba
final del viento... Sed de viento, de maíz, de pan. Palabra, cosa,
huella, sombra y pólvora. Risa loca, risa engatillada. Atropellada
rabia... El paso de Mercurio adolescente. O Marte espantadísimo del
hombre... Siempre sola, oculta, detrás del misterio mientras murmura
alrededor la noche... Crezca en tus manos la raíz del hombre. La paz sea
contigo hasta en la guerra.
"Comarca
de utopía para morar". Errabundaje, trashumancia del hombre que mira
hacia la estrella. Lucha al pie del hombre, diariamente, por saber para
qué se hizo, para qué sirve la palabra; si sirve para algo la alegría,
si creen las espigas en el hombre, si vale la palabra todavía... La palabra siempre. En la punta del tiempo navegando. Cabalga que cabalga en las tinieblas
La
medida justa del misterio humano... arma cargada de futuro... Jaula de
cristal, hembra jadeante... Espuma de la noche, temblor de espuma, pie
de sol enfurecido. Piedra de los dioses, sueño de la piedra, piedra de
los sueños... Fecunda entraña de la luz... Lo más alto del hombre, el
asombro... ¡Antes del Alma fue la Poesía!
Por sinfronismo,
por el deseo de que algún día, en alguna parte, alguien reviva
nuestros sueños, alegrías, pesares, arrecheras, creencias y esperanzas.
Por arte y juego, por jugar al adivino y proponerle adivinanzas o prepararle trampas al tiempo que se esconde en los pañuelos. Por evasión, a pesar de tanta horripilancia en la nariz o en la bragueta. Por ansia de inmortalidad, quedando bien sembrado aquí en la tierra como nuestro perro en el jardín, donde nos oye, desde que el día amanece. Por compromiso,
porque quien escribe debería ser un soldado armado para protegerse de
la muerte con pistolas cargadas, capaces de hacer que cada hombre
tuviese que inventar cada día su propio día, como a Sartre gustaba.
(Raúl H. Castagnino).
Abelardo Linares
EN LA MAÑANA DEL MUNDO
Apenas la caricia de tu mano.
Mi piel es de cristal cuando me tocas.
¿Qué apaciguada luz, qué temblor hecho brasa
se deslíe en mis ojos si me miras?
¿Dónde hiere tu risa y por qué hiere
si con ella me abres la mañana del mundo?
Tu existir me hace un dios y tú me creas.
No hay mayor claridad ni otro misterio
¿Qué apaciguada luz, qué temblor hecho brasa
se deslíe en mis ojos si me miras?
¿Dónde hiere tu risa y por qué hiere
si con ella me abres la mañana del mundo?
Tu existir me hace un dios y tú me creas.
No hay mayor claridad ni otro misterio
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