jueves, 9 de enero de 2020
Patricia Benito
Berrinche
Huyo de escribir.
Me cuesta entender
por qué hay gente que lo busca.
Supongo que por el después.
Por los nudos desatados
y los pulmones hinchados.
Por todas esas cosas
que ahora ni recuerdo.
No quiero escribir.
Huyo del berrinche.
Luis Cernuda
Quizá mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.
El sur es un desierto que llora mientras canta,
y esa voz no se extingue como pájaro muerto;
hacia el mar encamina sus deseos amargos
abriendo un eco débil que vive lentamente.
En el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.
miércoles, 8 de enero de 2020
Pedro Javier Martín Pedrós.Copyright ©
Quiero beber de tu piel
y dejar la sed al borde
de tus deseos.
Perfumar tus andares
en el habitáculo de tu lengua
para que me des cobijo
en tu pecho
y habitarme las entrañas.
Quiero acariciar tus sueños
y bailar en este domingo
con la música de “la Mari de Chambao”.
Siempre es hermoso dar amor
saboreando un poema de Neruda,
y yo eternamente distraído
por la luz de este atardecer
de rebajas de enero.
Tengo el precio puesto
en la bufanda hace dos meses
para que me quites el frío
y no me devuelvas a los estantes
de las solitarias sacristías.
Rafael Cadenas
Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.
No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa ni añadir
brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad. Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.
brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad. Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.
Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame
la impostura, restriégame la estafa.
Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.
Te lo agradeceré, en serio.
Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.
Pablo Mora
Para qué la poesía
Pablo Mora
Para llevar el infinito a cuestas
“La
poesía es la soledad de un Dios sin reposo. Es el árbol que se amotina
en el bosque en busca de perspectiva. Es el rompeolas de los mares
enfurecidos. Es una enfermedad que no mata pero no deja vivir a quien la
sirve. La poesía jamás presenta excusas porque carece de aciertos y de
errores. Es una lágrima que de alguna manera origina al mar.
La
poesía es la desviación de los vientos y el acierto de las dudas. Anda
por cualquier parte convencida de haber llegado a la tierra prometida, a
sabiendas de su fabulada inexistencia. Le gusta viajar por los caminos
sin dioses y sin voces que la obliguen a ningún itinerario.
La
poesía carece de antes y de después. No encaja en ningún prólogo ni en
epílogo alguno. La poesía es el ansiado encuentro consigo mismo que
jamás se logra. La poesía es la bala en acción, una plomada que cae, se
adentra en el cerebro y envenena con sus fuerzas gravitales a la razón.
La
poesía es asunto diferente. Muchos la intentan y pocos la logran. La
hieren, la perturban, la simulan, la engañan, la venden... ¡ah!, cómo la
someten a las condiciones del mercado, cómo la dilapidan y convierten
en su propia caricatura. La poesía es el océano retador: poquísimos lo
atraviesan y muchísimos apenas llegan a mojarse en sus orillas.
La
verdad y la belleza asedian a la poesía en busca de la eternidad. Pero
toda verdad es efímera y siempre está en tránsito de convertirse en
equívoco y a cada instante se muere. La belleza se formaliza, se
desgasta, aburre y se hace moda y también perece. La poesía y el azar
mutualizan sus aciertos en medio de desesperados encuentros y ambos
salen preñados de perennidad. En consecuencia la poesía no muere: nace.
La
poesía es la máxima candela. Penetra y atormenta a las almas de sus
devotos. Santifica la locura de quienes luchan y agonizan en sus
retadores compromisos. Ilustra la sabiduría que se alcanza siguiendo los
cánones del silencio. A cuestas lleva el infinito, al que suele adornar
con victorias y derrotas, sin importarle el lauro o la condena. La
poesía derrocha desnudez y la oscuridad, por mucho que quiera, no podrá
cubrir sus formas. Es una piedra inconclusa, donde, confluye toda al paso de los ríos de la aurora.” ( Extractos de: Barrios, Jesús Enrique: “De poesías y poetas”).
martes, 7 de enero de 2020
Federico García Lorca
LLAGAS DE AMOR
Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.
Este llanto de sangre que decora
lira sin pulso ya, lúbrica tea.
Este peso del mar que me golpea.
Este alacrán que por mi pecho mora.
Son guirnaldas de amor, cama de herido,
donde sin sueño, sueño tu presencia
entre las ruinas de mi pecho hundido.
Y aunque busco la cumbre de prudencia
me da tu corazón valle tendido
con cicuta y pasión de amarga ciencia.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.
Este llanto de sangre que decora
lira sin pulso ya, lúbrica tea.
Este peso del mar que me golpea.
Este alacrán que por mi pecho mora.
Son guirnaldas de amor, cama de herido,
donde sin sueño, sueño tu presencia
entre las ruinas de mi pecho hundido.
Y aunque busco la cumbre de prudencia
me da tu corazón valle tendido
con cicuta y pasión de amarga ciencia.
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