domingo, 9 de febrero de 2020

Luigi Pirandello

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«Los hechos son como los sacos; si están vacíos no pueden tenerse en pie.»
LP

«Vive y no lo sabe»

Vivo del sueño de una sombra en el agua:
sombra de ramas verdes, de casas
ya dadas vuelta, y de nuevo nubes… y se mece
todo: el borde blanco de un muro
en el cielo azul que te deslumbra, una cuerda
que lo atraviesa, un farol y el tronco
negro de un árbol, cortada a la mitad
una hoja amarilla
de papel que flota…
Sombra en el agua ─líquida ciudad…
luminoso temblor, inmensidad
el cielo claro, verde verde verde
de hojas─ todo parece que se fuera y está
y vive y no lo sabe:
no lo sabe el agua, no lo saben los árboles,
no lo sabe el cielo ni las casas… Sólo
un hombre lo sabe, que camina
a lo largo del dique triste
del canal.

Luigi Pirandello






Poema original en italiano


Vive e non sa»

Vivo del sogno di un ’ombra nell ’acqua:
ombra di rame verdi, di case
giú capovolte, e di nuovo nuvole.., e tremola
tutto: lo spigolo bianco d ’un muro
nel cielo azzurro abbagliante, una corda
che l ’attraversa, un fanale e il tronco
nero d ’un albero, tagliato a mezzo
un foglio giallo
di carta che galleggia…
Ombra nell ’acqua – liquida città…
luminoso tremore, vastità
il cielo chiaro, verde verde verde
di foglie — tutto par che vada e sta
e vive e non lo sa;
non lo sa l ’acqua, non lo sanno gli alberi,
non lo sa il cielo né le case… Solo
un pover’uomo lo sa, che va
lungo l»argine triste
del canale.

sábado, 8 de febrero de 2020

Benjamín G. Buelta


Escojo la vida

Antonio Porras Cabrera




 Dame la mano
---------------------
Dame la mano amigo
mira hacia el frente,
aprende del pasado
y haz tu presente.

Construye tu futuro
con gallardía
que la vida se fragua
en el día a día.

Unamos nuestras manos
para enmendar
miserias e injusticias
que hay que cambiar
y es que el destino
se fragua con ahínco
haciendo camino.



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haciendo camino.

Ananda Devi

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La poeta y novelista Ananda Devi (1957), nacida en Mauricio, empezó su actividad literaria a muy corta edad. A los 15 años ya había ganado un premio de relatos organizado por Radio France Internationale. Pasó parte de su vida en el Congo, aunque finalmente decidió mudarse a Francia, donde ha gozado de gran prestigio literario. Es autora de numerosas novelas, entre las que destaca Pagli, Suspiro o Ève de ses décombres. En 2010 le fue concedido el título de Chevalier des Arts et des Lettres que otorga el gobierno francés. Su poesía destaca, como el resto de su obra literaria, por la expresión de la violencia y del desarraigo y por la búsqueda de la ternura, casi como utopía, entre un mar de sufrimiento y alienación.




Mausi*

El calor espumoso
crepita como el aceite
en el caldero ventrudo
un vapor rico en olores
se abre en lianas azules
la vieja recibe un chorro
en su rostro ennegrecido
por todos los mediodías
y un trazo de sol
cava sobre su cabeza blanca
un pequeño hueco de deseo.

Ella resplandece en sonrisas
vengan niños vengan
alborotando a los niños
de todos los mediodías
pájaros hambrientos de lecturas
y del hambre de la vida
en las sonrisas unidas
crepitan las frituras.

Ella rasga sus quemaduras
carne usada atrofiada, fatiga
de una vida, abatida por la espera.




*Traducción de Pablo y Myriam Montoya.

viernes, 7 de febrero de 2020

- Alicia Millán


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Esta noche
alguien ha tenido que soñarme
-yo sola no enredo así las sábanas-
tengo la boca (...) los labios
como si alguien los hubiera usado
para hurgar en la felicidad


Abena Busia


Si Europa desconoce el verbo africano es porque siempre ha preferido apretar la garganta ajena antes que sentarse a escuchar su canto. Siglos de genocidio y esclavitud mermaron la tradición oral de los pueblos del continente, que aun así fueron capaces de conservar un maravilloso acervo de relatos, mitos y refranes que florecen en su literatura a día de hoy. La poesía africana siempre ha recogido los ritmos de su pueblo, las palabras de sus ancestros, lo que el teórico Léopold Senghor definiría como un mundo «animado por las fuerzas invisibles que rigen el universo», a lo que añadiría también que «en el África negra, cualquier obra de arte es al mismo tiempo una operación mágica». Aunque la poesía africana escrita en el siglo XX mantiene y renueva esa tradición,  se trata, esencialmente, de una poesía de la angustia. Resulta imposible soslayar el desarraigo causado por el colonialismo. Todas y cada una de ellas han de enfrentarse no solo a la pobreza provocada por siglos de explotación o al desengaño de unos procesos de independencia que nunca trajeron la liberación prometida, sino a la terrible ironía que supone tener que escribir en la lengua del colonizador.
Esta no es la única contradicción que caracteriza a la poesía africana, ya que si bien, como hemos dicho, se trata de una poesía de la angustia, también es una poesía que se rebela contra esa misma angustia, contra la historia del continente, contra «el miedo, el complejo de inferioridad […], la desesperación, el servilismo», que proclamaría Aimé Césaire. Para las poetas africanas, por su condición de mujeres, la rebeldía acaba resultando doble. Escriben para destruir la losa de la historia, pero también para alzar la voz con furia y mostrar que no tienen miedo ni del fantasma del colonizador europeo ni de ese otro hombre, de carne y hueso, que pretende escribir el futuro de África sin ellas, una vez más.
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Abena Busia (1953), además de poeta y editora, es hija de Kofi Abrefa Busia, que fue jefe de estado de Ghana entre 1969 y 1972. Ha pasado casi toda su vida fuera de su país, siendo profesora de Estudios de Género en la Universidad de Rutgers y ejerciendo de diplomática en Brasil. A pesar de su posición privilegiada, Abena siempre ha expresado su voluntad de transformar el mundo, especialmente el de las mujeres africanas, a través del Women Writing Africa Project —del que es codirectora— y editando libros de teoría feminista como Theorizing Black Feminisms: The Visionary Pragmatism of Black Women.

Calibán*

Esta lengua que he dominado
me ha dominado a mí;

me han enseñado maldiciones
en el idioma del dominador

me han enseñado del sometimiento
en el idioma del dominador

y soy una mujer despreocupada y desnuda
cantando las palabras de una pequeña niña perdida
hollando el borde de las olas

tratando de volver a capturar…
el sueño de una virgen arropada con la luz de la luna
un gesto de extenderse a través de las aguas
cantando una canción de casa

soy la hija de un hombre negro, aún
varada en las costas de mares sajones.




*Traducción de Gustavo Osorio.

jueves, 6 de febrero de 2020

Pedro Casaldáliga

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COMO UN RÍO


(Por el Río das Mortes)



Como un río que me invade mansamente.
Que penetro, deslumbrado. Como un río
que me arrastra, poderoso, en su corriente
mientras abro, libremente, el curso es mío.

Como un río que respeta mis orillas.
Con el cielo todo entero en su regazo.
Que yo sigo, por las noches, de rodillas
y circundo, bajo el sol, con un abrazo.

Como un río que me acuna, que me sacia.
Que yo invento con las aguas de Su gracia.
Como un río ya llegado y por llegar.


Donde muere el día y nace el día nuevo.
Como un río que me lleva y que yo llevo.
Como un río que se sabe río y mar.

José Saramago.







Laberinto




En mí te pierdo, aparición nocturna,
En este bosque de engaños, en esta ausencia,
En la neblina gris de la distancia,
En el largo pasillo de puertas falsas.
De todo se hace nada, y esa nada
De un cuerpo vivo enseguida se puebla,
Como islas del sueño que entre la bruma
Flotan, en la memoria que regresa.
En mí te pierdo, digo, cuando la noche
Sobre la boca viene a colocar el sello
Del enigma que, dicho, resucita
Y se envuelve en los humos del secreto.
En vueltas y revueltas que me ensombrecen,
En el ciego palpar con los ojos abiertos,
¿Cuál es del laberinto la gran puerta,
Dónde el haz de sol, los pasos justos?
En mí te pierdo, insisto, en mí te huyo,
En mí el cristal se funde, se hace pedazos,
Mas cuando el cuerpo cansado se quiebra
En ti me venzo y salvo, en ti me encuentro.




Traducción de Ángel Campos Pámpano

Verónique Tadjo

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Si Europa desconoce el verbo africano es porque siempre ha preferido apretar la garganta ajena antes que sentarse a escuchar su canto. Siglos de genocidio y esclavitud mermaron la tradición oral de los pueblos del continente, que aun así fueron capaces de conservar un maravilloso acervo de relatos, mitos y refranes que florecen en su literatura a día de hoy. La poesía africana siempre ha recogido los ritmos de su pueblo, las palabras de sus ancestros, lo que el teórico Léopold Senghor definiría como un mundo «animado por las fuerzas invisibles que rigen el universo», a lo que añadiría también que «en el África negra, cualquier obra de arte es al mismo tiempo una operación mágica». Aunque la poesía africana escrita en el siglo XX mantiene y renueva esa tradición,  se trata, esencialmente, de una poesía de la angustia. Resulta imposible soslayar el desarraigo causado por el colonialismo. Todas y cada una de ellas han de enfrentarse no solo a la pobreza provocada por siglos de explotación o al desengaño de unos procesos de independencia que nunca trajeron la liberación prometida, sino a la terrible ironía que supone tener que escribir en la lengua del colonizador.
Esta no es la única contradicción que caracteriza a la poesía africana, ya que si bien, como hemos dicho, se trata de una poesía de la angustia, también es una poesía que se rebela contra esa misma angustia, contra la historia del continente, contra «el miedo, el complejo de inferioridad […], la desesperación, el servilismo», que proclamaría Aimé Césaire. Para las poetas africanas, por su condición de mujeres, la rebeldía acaba resultando doble. Escriben para destruir la losa de la historia, pero también para alzar la voz con furia y mostrar que no tienen miedo ni del fantasma del colonizador europeo ni de ese otro hombre, de carne y hueso, que pretende escribir el futuro de África sin ellas, una vez más.



Verónique Tadjo (1955), poeta costamarfileña, ha sido ganadora de numerosos premios literarios. Siempre comprometida con la causa panafricana, participó junto a otros poetas y novelistas africanos en el proyecto «Ruanda: escribir por el deber de la memoria», que en 1998 denunciaba el horrible genocidio que se estaba produciendo en dicho país, donde la población civil quedó vergonzosamente desasistida por la comunidad internacional. De esta experiencia que la marcó de por vida, surgió su libro L’Ombre d’Imana, un diario de viaje por la Ruanda del desastre. Aunque ha publicado apenas tres poemarios, todos ellos han sido alabados por la profundidad de sus meditaciones acerca de la soledad y de la muerte.



Las semillas de soledad

Las semillas de soledad crecen en mi cuerpo y un árbol de espinas
me hiere sin cesar
las semillas de soledad fecundan mi alma
con campos por desbrozar, con germinaciones interrumpidas
las semillas de soledad crecen más rápido que el tiempo…
las semillas de soledad se hunden mil leguas bajo tierra
y el viento murmura historias de soledad que
hablan de la brisa, del soplo del mar
del eco de las montañas y del ruido de la lluvia
cuando suavemente la tierra se pone a vomitar.


miércoles, 5 de febrero de 2020

Jose Antonio Fernandez Garcia


En calidad de hombre suplico un golpe
de mar en el costado, y como huérfano
de viñedos en los campos, reclamo
un trozo de papel donde esculpir
algún verso que otro. Porque presiento
que echar raíces a medio camino
del silencio es una ingratitud, no
ya al hambre, a esta condición de soberbio
mendigo, empeñado en desentrañar
a golpes de rimas algún indicio
donde encontrar sitio y descansar. Sí,
huir, caer como hoja en plenilunio,
en entera aridez, justo allá donde
el cielo se revuelve sobre sí
mismo, sin ser apenas firmamento.


martes, 4 de febrero de 2020

Laura Antillano



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MARACAIBO

Desde la cama
vivo
la distancia perfecta
para contemplar
el cielo rojo
en la madrugada,
sobre las aguas
del Lago.

Sol japonés.

Cuánto daría
para verte de nuevo

desde el mismo lugar
y en aquel
tiempo.


Laura Antillano

Poeta, prosista y ensayista venezolana, nacida en Caracas el 8 de agosto de 1950. 

(Fuente: El verbo de la madre. Editorial El otro, el mismo, 

Mérida, Venezuela, 2005.)

• Begoña Abad •






Podría haberme emborrachado
de ansiolíticos potentes
o de vodka barato.
Podría haberme enganchado
a la coca, a las telenovelas
o al chocolate.
Podría haberme hecho adicta
a tus ausencias
a tu malquerer, a tu dolor,
a tu lista de contraindicaciones,
pero preferí averiguar
qué eran los dos bultos
que me nacían en la espalda
y echarme a volar.

Del libro: Silencios encontrados
Colección: Poesía en la distancia




Ramón Llanes Domínguez

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LLEVANZAS


Llevo en las alforjas
un número ilimitado de víveres
para soportar el camino.
Llevo en las manos
una calentura de abrazos
para compartir.
Llevo en los ojos
la seguridad de la mirada
para ofrecer aliento.
Llevo en la boca
el abecedario completo
para alegrar, si vale.
Llevo en los labios
todos los músculos desatados
para sonreír.
Llevo en los pies
el contorno limpio y descalzo
para dejar huellas.
Llevo en el reloj
las agujas inútiles
para tener tiempo.
Llevo en el alma
los sentimientos necesarios
para amar.





Ramón Llanes. UN SOPLO DE MI VIDA

jueves, 30 de enero de 2020

Elsa López






Cuando tu lengua escarba mi cuerpo lacerado
que fue tan sólo tuyo durante un tiempo espeso,
inmortal y perfecto.

Entonces tú terminas y yo comienzo a amarte.

Cuando he rugido cóncava debajo de tus piernas,
y has dejado un reguero de sal y hierbabuena
sobre mi piel reseca.

Entonces tú terminas y yo comienzo a amarte.

Cuando la luz se apaga y tu cuerpo se queda
tendido y olvidado entre blandas semillas.

Entonces tú terminas y yo comienzo a amarte.


De: "Del amor imperfecto"1987:

Ángel Crespo.







Ignorancia de otoño



Para ignorar, hay que vivir.
Las manos ya se niegan
al testimonio de los días
y las noches paradas.

Maduras
pero todavía no asoman,
amargos, los gajos abiertos
que oculta tu temor.
Aún no ignoras bastante.
Temes el vuelo de ese pájaro
obstinado.
¿Transcurren, pues, las estaciones
o eres tú, tan absorto, el tiempo?

Sabes ya que la lluvia
no importa, que nada vale el plazo
de la espera.
Lo sabes
e ignorar es el alimento
del hombre -el de esta brisa
que no se sabe aire.


miércoles, 29 de enero de 2020

Paola Klung

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Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo.
Había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los haría llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas, que no se meta entre tus manos- me decía- porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo.
Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar cuando el viento del norte pegue con fuerza.
Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces de un ciprés y suave como la espuma de un atole.
Que no te sorprenda desprevenida la melancolía mi niña, aunque tengas el corazón hecho trizas o los huesos fríos por alguna ausencia. No dejes que la tristeza entre en ti con el cabello suelto, porque fluirá en cascada por los canales que la luna trazó en tu cuerpo. Trenza tu tristeza, decía, siempre trenza tu tristeza…
Y por la mañana, cuando despiertes con el canto del gorrión, encontrarás a la tristeza pálida y desvanecida entre la trenza de tus cabellos...

Fotografía: Candelaria Rivera

Agustín Calvo Galán

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Säynätsalo


Edificio del Ayuntamiento de Säynätsalo, diseñado por Alvar Aalto en 1949.
(Foto © Maija Holma / AAM)



ALVAR AALTO EN SÄYNÄTSALO

Allí, en Säynätsalo,
nadie enseña ya la permanencia del dórico, el jónico y el corintio,

como nos lo enseñaron a nosotros
                           cósmicamente
                                                     cómicamente
y era una cancioncilla que se repetía
como la tabla de multiplicar.

Y esos órdenes que nos enseñaban no existen, nunca existieron, lo supe entonces:
allí, tan lejos de Agrigento, de Atenas y de Vicenza,
                                                       en medio de un claustro rojo
                                                       por entre sus esquinas y una escalera
                                                       por la que subían y se colaban
                                                       estudiantes japoneses, mientras yo los envidiaba
                                                       porque sus órdenes nada tienen que ver
                                                       con nuestros clásicos arbitrios
                                                       caucásicos.

Agustín Calvo Galán 
Poeta y prosista español, nacido en Barcelona en 1968.  

(Fuente: A. Calvo Galán, Y habré vivido. Editorial La Garúa, Santa Coloma de Gramenet, 2018.)

El arquitecto y diseñador finlandés Alvar Aalto (1898-1976), reconocido internacionalmente como uno de los más importantes del siglo XX, fue pionero en el diseño y la arquitectura moderna a partir de formas orgánicas y materiales naturales.