sábado, 15 de febrero de 2020

Aída Acosta Alfonso

 

Dicen que es jueves





Dicen que es jueves.

Tengo en mis manos

un mes destilado

en el alcohol de la duda.

Hace un sol que revienta fósforos.

Puse a secar el poema

y se evaporó una lágrima.

Necesito la versión

de pétalos en la piel

de tenerte aquí

y tejer domingos para el recuerdo.

Pero dicen que es jueves,

lleno los papeles de círculos

y ventanas

aún no sé si existe una estación

con tu nombre.

Dicen que es jueves

y en esta cárcel libro la batalla

azul- amapola

que me atardece y duele

como un mordisco feroz.

Es jueves.




viernes, 14 de febrero de 2020

Gabriela Mistral






El amor que calla


Si yo te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro;
¡pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres tan oscuro!

Tú lo quisieras vuelto un alarido,
y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.

Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que entrar en la muerte!

Jorge Enrique Adoum

5 poemas de Jorge Enrique Adoum

El perseguido


¿Es posible que esto sea toda
la historia, solo un día? ¿Una noticia
de ayer, perdida en la penúltima
página, la cotización caída ?
Te cobran por la fuerza, los arriendos
vencidos de la tierra, te cobran por las cosas
que tu lámpara hizo agonizar a puro nimbo
y por el corazón y sus jóvenes bestias
que pacen suspirando:
la pólvora, tu amante,
se sacude las manos: «asunto concluido».
Ya eres el que ibas a ser, el mismo polvo
del que algo te aliviaba tu cepillo de ropa.
Cumpliré tus encargos, sigo siendo
el que eras. Ave de paso. Animal profético.
Salud, ángel de paso, irremediablemente intacto.

jueves, 13 de febrero de 2020

Carlos Bousoño

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Carlos Bousoño es un poeta y crítico literario español, nacido en Asturias el 9 de mayo de 1923. Comenzó sus estudios universitarios en Oviedo, ciudad en la que vivió durante su niñez y adolescencia, y los completó en Madrid, donde se doctoró en Filosofía y Letras. Su tesis, un estudio acerca de la poesía del brillante Vicente Aleixandre, fue publicada y muy bien recibida por parte de los lectores. Trabajó como profesor de Literatura española en diversas universidades de Norte América y dictó Estilística en la Universidad Complutense de Madrid, donde él mismo se había recibido. Asimismo, es miembro honorífico de la Real Academia Española desde el año 80.
Publicó su primer poemario, "Subida al Amor" en el año 45; a partir de entonces, este prolífico autor ha editado numerosos libros, entre los que destacan "Al mismo tiempo que la noche", "Elegías (a Vicente Aleixandre)" y "Primavera de la muerte". También ha sido productor de obras teóricas y de crítica, como son "Teoría de la expresión poética" y "Superrealismo poético y simbolización". A lo largo de su carrera, ha recibido numerosos premios, como ser el Fastenrath, otorgado por la RAE, el Nacional de Literatura (en dos ocasiones) y el Príncipe de Asturias de las Letras.




Eres feliz. Saber no quieras
lo que brilla en los ojos humanos.
Sonríe tú como mañana fresca,
como tarde colmada en su ocaso.

Porque eres eso, sí: la tarde pura
en que a veces yo mojo mis manos,
en que a veces yo hundo mi rostro.
¡La tarde pura en su placer dorado!

La savia dulce de la primavera,
toda la luz de la tarde en un cántico,
sube entonces feliz y presurosa
desde tu corazón hasta mis labios.

Belén Reyes

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Belén Reyes es una joven poetisa madrileña, nacida en el barrio de Lavapiés el 22 de octubre de 1964. Coterránea y gran admiradora de la famosa y aclamada Gloria Fuertes, quien en una ocasión declaró que Reyes llegaría a escribir como ella. Comenzó a escribir desde muy pequeña, como suele suceder con este género tan puro; asegura que en su adolescencia, la poesía fue su refugio y le salvó la vida. Asegura que leer y escribir son los únicos verbos esenciales; entre los escritores que la han influenciado se encuentran Cernuda, Lorca, Miguel Hernández y Gabriela Mistral. A los 17 años abandonó los estudios y se trasladó al País Vasco, buscando conocerse a sí misma. Al regresar a su ciudad natal, conoció personalmente a Fuertes; esa experiencia la ayudó a dejar salir la poetisa que llevaba dentro y le enseñó que para escribir no eran necesarias las florituras ni las ambigüedades forzadas. Tras el fallecimiento de su mentora, le dedicó el poema titulado "Gloria Fuertes que estás en los cielos".
Hasta el momento ha publicado tres poemarios: "Desnatada", "Ponerle un bozal al corazón" y "Atrévete a olvidarme". Sus poemas tienen un carácter cotidiano y parten de la experiencia propia de la escritora; son simples pero poderosos, amigables pero insistentes en sus mensajes, los cuales envía a través de un lenguaje para nada intimidatorio.



A Amparitxu, a Gabriel.

Yo sé que es vida esto que se mueve
entre estas venas rotas y cansadas.
No hay célula que tienda a resistirse.
No quiero ser inmune a nadie, a nada.

Yo sé, porque me duele cuando escribo,
que Amparitxu se acuerda de Celaya.
La poesía es un arma cargada de mercurio,
a casi todo el mundo se le escapa.
Y no sé por qué insisto en estos tiempos,
se nos van los poetas en silencio,
y luego el homenaje-navajada.

Hago trenzas de versos, me despeino.
Cuando se hace un milagro hay que dar caña.
Yo sé que es vida esto que se mueve
entre estas venas rotas y cansadas.
La poesía es un arma cargada de mercurio,
—hay una minoría que la atrapa—.
Los demás que se apañen con la nómina,
con el vídeo, la coca, o la esperanza.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Marie-Leontine Tsibinda


Si Europa desconoce el verbo africano es porque siempre ha preferido apretar la garganta ajena antes que sentarse a escuchar su canto. Siglos de genocidio y esclavitud mermaron la tradición oral de los pueblos del continente, que aun así fueron capaces de conservar un maravilloso acervo de relatos, mitos y refranes que florecen en su literatura a día de hoy. La poesía africana siempre ha recogido los ritmos de su pueblo, las palabras de sus ancestros, lo que el teórico Léopold Senghor definiría como un mundo «animado por las fuerzas invisibles que rigen el universo», a lo que añadiría también que «en el África negra, cualquier obra de arte es al mismo tiempo una operación mágica». Aunque la poesía africana escrita en el siglo XX mantiene y renueva esa tradición,  se trata, esencialmente, de una poesía de la angustia. Resulta imposible soslayar el desarraigo causado por el colonialismo. Todas y cada una de ellas han de enfrentarse no solo a la pobreza provocada por siglos de explotación o al desengaño de unos procesos de independencia que nunca trajeron la liberación prometida, sino a la terrible ironía que supone tener que escribir en la lengua del colonizador.
Esta no es la única contradicción que caracteriza a la poesía africana, ya que si bien, como hemos dicho, se trata de una poesía de la angustia, también es una poesía que se rebela contra esa misma angustia, contra la historia del continente, contra «el miedo, el complejo de inferioridad […], la desesperación, el servilismo», que proclamaría Aimé Césaire. Para las poetas africanas, por su condición de mujeres, la rebeldía acaba resultando doble. Escriben para destruir la losa de la historia, pero también para alzar la voz con furia y mostrar que no tienen miedo ni del fantasma del colonizador europeo ni de ese otro hombre, de carne y hueso, que pretende escribir el futuro de África sin ellas, una vez más.


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Marie-Leontine Tsibinda (1958) es una poeta nacida en Girard, República del Congo. En 1996 recibiría el Premio Nacional de Poesía; sin embargo, apenas tres años después, tuvo que huir del país debido a la guerra civil del 5 de junio. Publicó su primer libro, Poèmes de la terre, en 1980. Escribió más tarde otros poemarios y novelas, aunque, tras su exilio a Canadá su actividad literaria ha sido más bien escasa. Su obra poética, escrita en francés, pone el foco en los conflictos sociales y políticos de su país, pero también ha abordado otros temas como la maternidad.

Regreso a Girard*

A los niños de Mayombe
He vuelto a encontrar la estación, los rieles, el mercado
he saludado a mi Loukoula de aguas oscuras
he saludado a mi Loukoula de aguas verdes
mi surco de vida ruidosa.

Mi casa sombreada por el safoutier sin edad
cocina que ahúman los años
te debo mis pasos de infancia
te debo mis pasos jóvenes.
Crisálidas en flores
revolotean sobre mí
Massouéma con sus alas me roza “Titi”
Garrick con sus antenas ha captado mi sonrisa
Iboumbi ha cantado, cantado sin parar
Makagana ha trotado, trotado tras un polluelo
desalojado las mariposas, tropezado y reído
con risa franca de almas inocentes.

Las codornices doblan los gallos de la aurora
para recoger la mañana.
Un tren pesado penetra las montañas
hace temblar los sueños de las lianas verdes
y de los mangles amodorrados
Él despierta los genios de Mayombe
y se abre hacia la gran sangradura
del mar, hacia el infinito.




*Traducción de Pablo y Myriam Montoya.

Mar Herrera Diaz

La imagen puede contener: 1 persona, sonriendo, cielo, playa y exterior

El Sol aquí, siempre se va por el mismo sitio
Pero antes de irse, se queda un rato parado detrás de la encina
Con las manos en los bolsillos
Como un viejo hortelano que terminó su labor
Observando el campo
Observándonos...



-El Kuadernillo de la Bruja-