25 junio 2018

Teresa Antares.




Si bajo las sombras sueño la luz
subiendo desde el fondo del abismo,
se abre mi garganta.

Y mi voz se impulsa en un canto dulce,
tan dulce como un beso de cerezas en mayo.




Antonio García Pereyra


Te adoré 



"Te adoré tanto, mujer...
que hasta quise apoderarme
de esa materia imprecisa,
seguramente divina,
que emanaba como luz
de los poros de tu piel"



22 junio 2018

Juana Vázquez Marín




Quizá estos días azules
sean preludio de rosales silvestres
de dejarse llevar por la vida sin más.
De ponerte al lado de un puñado de pájaros
y seguir su camino por entre los enigmas
sin ambición alguna por descifrar el día
de callar pensamiento y ese come come
de dibujar el guión de la vida.
Que vengan claridades mas allá de horizontes
que los árboles vayan por donde sople el viento
sin resguardar sus ramas
que se borren caminos que estrechan nuestros pasos
que sea un folio en blanco y amanezcan mis ojos.





José Manuel Acosta.







TASHNAG NUIT
*********************
inspirado en el genocidio Armenio por parte de los Turcos.



Me quema el ciclope literario
ante el quebrantahuesos poético.
La herrumbre asolapada
lleva el nombre de los muertos,
el estigma Nobel
no predica en vano.
-Mientras-
Se rompen las palabras
en el desfiladero
de las almas.

16 junio 2018

Miguel Fajardo Korea







Tierra investida de misterio
A Mauricio González Velásquez,
con fraternidad latinoamericanista
Pienso en Centoil, dios
chorotega del maíz,
en Agilomen, elote
en el abrazo del corazón
Chorotega: el hombre que corre,
que huye.
Nicoatl, nicho de culebra;
Nicoa, cacique contra
el tiempo, siempre vivo,
en el gran templo de Nacaome.
Pienso en los cuatro mundos
chorotegas, en los puntos cardinales,
su memoria, papaturro morado,
en el pachamama, su tierra investida
de misterio, su lugar del sueño,
su fuente de vida,
sus ritos de luz y oscuridad.
Me pienso chorotega,
invoco su sangre
Nonan –madre-; Babu –padre-.
El arpón chorotega de la herida,
cántico en el sol,
la Gran Nicoya emplumada…

Imágen de Isidoro Beltrán Sánchez

Ana García Briones











En una tierra
sembrada de silencios
renacen los hombres invisibles
hartos de injusticias.

En el umbral del dolor
y la paciencia
nacen las alas del mundo
los atajos
hacia las avenidas
de la esperanza.


Del libro : Partos de luz

Francisca Aguirre





HACE TIEMPO






A Nati y Jorge Riechmann

Recuerdo que una vez, cuando era niña,
me pareció que el mundo era un desierto.
Los pájaros nos habían abandonado para siempre:
las estrellas no tenían sentido,
y el mar no estaba ya en su sitio,
como si todo hubiera sido un sueño equivocado.

Sé que una vez, cuando era niña,
el mundo fue una tumba, un enorme agujero,
un socavón que se tragó a la vida,
un embudo por el que huyó el futuro.

Es cierto que una vez, allá, en la infancia,
oí el silencio como un grito de arena.
Se callaron las almas, los ríos y mis sienes,
se me calló la sangre, como si de improviso,
sin entender por qué, me hubiesen apagado.

Y el mundo ya no estaba, sólo quedaba yo:
un asombro tan triste como la triste muerte,
una extrañeza rara, húmeda, pegajosa.
Y un odio lacerante, una rabia homicida
que, paciente, ascendía hasta el pecho,
llegaba hasta los dientes haciéndolos crujir.

Es verdad, fue hace tiempo, cuando todo empezaba,
cuando el mundo tenía la dimensión de un hombre,
y yo estaba segura de que un día mi padre volvería
y mientras él cantaba ante su caballete
se quedarían quietos los barcos en el puerto
y la luna saldría con su cara de nata.

Pero no volvió nunca.
Sólo quedan sus cuadros,
sus paisajes, sus barcas,
la luz mediterránea que había en sus pinceles
y una niña que espera en un muelle lejano
y una mujer que sabe que los muertos no mueren.


15 junio 2018

Ana Vivero Megías.




Al fondo hay sitio
me repite mi otro yo
mientras miro el agua
y ansío ser mar

Los colores de la tarde
están vistiendo mis ojos
sobre un lecho de alma herida

Un paso tras otro
y mil veces más miedo a caer
que cuando aprendí a caminar
la vez primera
después de poner el mundo
bajo mis rodillas

No entiendo la bruma de los libros
ni la gravedad de la tierra
no sé qué escucho
ni qué quiero decir
por eso pienso
que es, quizás, ahora
cuando ha llegado el momento
de cerrar los cuentos y borrar las horas
de cantar verdades a la mentira
de abrir las ventanas a la marea dormida
y escribir, de una vez por todas,
el significado oculto de mi nombre
sobre la arena de la libertad.


Luis García Montero





El amor difícil




Quizá tú no me viste,
quizá nadie me viese tan perdido,
tan frío en esta esquina. Pero el viento
pensó que yo era piedra
y quiso con mi cuerpo deshacerse.

Si pudiera encontrarte,
quizá, si te encontrase, yo sabría
explicarme contigo.

Pero bares abiertos y cerrados,
calles de noche y día,
estaciones sin público,
barrios enteros con su gente, luces,
teléfonos, pasillos y esta esquina,
nada saben de ti.

Y cuando el viento quiere destruirse
me busca por la puerta de tu casa.

Yo le repito al viento
que si al fin te encontrase,
que si tú aparecieses, yo sabría
explicarme contigo.



Virginia Quiroga








DESPERTAR




¡Quédate!...no huyas y
cobíjate en mi letargo.
¡Despierta!...vagaré en la mañana
buscando tus miedos...
abrazando tu alma.

14 junio 2018

Andrés Carlos Méndez Perez



Dime desde donde llegaste,
porque un día te despertaste por aquí.
Quiero ver a través de tus labios,
brindo por respirarte, ebrio de sensaciones
añoro los años que negué tus manos,
las noches que no te dediqué mis sueños,
los días que escondí tus miradas.
Llévame contigo,
beberé de cada palmo tuyo,
lloraré con tus risas,
aplaudiré cada una de tus penas,
acompañaré tu soledades,
Déjame seguirte…
no quiero que nunca dejes de mirarme así.


Foto de bego82 

Gema Estudillo



LA OSCURIDAD


vuelves a la oscuridad
al brillo de la niñez
y a las risas
a la voz del panadero
que te atrae presuroso
hacia la cerca
sueñas
y el balido del carnero
te devuelve hasta la fuente
vas sintiendo
el calambre de tu pierna
ahora más intenso
y un sudor extraño
cala
hasta la caña
el hueso
se lo has dicho
y una arruga nueva
ha aparecido en su frente
sueñas
y en la noche has escuchado
el canto del vencejo
es ahora su mano
la que huele a leche fresca
fuera
la luz alborea
ladra el perro
pero aún hay tiempo


de "Complementos circunstanciales"



Antonio Colinas



PARA OLVIDAR EL ODIO
    (11 de marzo de 2004)


      Acaso lo más duro y lo más cruel
no sea el abrir violentamente
lo negro en lo blanco:
en la armonía el caos,
en ojos inocentes un cuchillo de ira,
en los labios más tiernos de juventud
la muerte.
Acaso lo más duro sea el odio:
ese odio que establece diferencias,
ese odio que se mama en pecho de odio,
ese odio que se enseña y que se aprende,
que enarbola banderas como pústulas
y que niega brutalmente el amor.

    ¿Hasta cuándo en el mundo la dualidad más cruel,
la ausencia de armonía?
Nuestra patria es el mundo
y, en él, nuestros pulmones
inspiran armonía y espiran honda paz,
inspiran honda paz y espiran armonía.
Por eso, hoy sabemos ya muy bien
que, como primavera temprana,
como ojo inocente, como labio muy tierno,
nunca cesa esperanza de germinar: lo hace
con mayor rapidez que las mareas de sangre.

    Este jueves de marzo no llovía
lluvia de odio:
llovían manos mansas,
que a todo y hacia todos se tendían,
suavemente,
como marea de música,
sólo para sanar, para sanarnos.

    Por nada cambiaremos esa lluvia de manos bondadosas.
Son las manos de un fuego que es amor,
un fuego que no quema.
Son esas manos que siempre se entregan
y que nunca reniegan de palabras, ideas, sentimientos.
Marea del amor, más poderosa
que el odio que se mama y que se escupe,
que la sangre violada.

    Muchacha muerta que en la fotografía
levantas dulcemente tu rostro hacia el cielo,
muchacho muerto que pones tu oído en la tierra
como para escuchar sólo música:
estáis, en realidad, durmiendo, durmiendo, durmiendo.
No turbéis más su sueño.
No turbéis más sus sueños.


                                               (De Desiertos de la luz, 2008)

13 junio 2018

Esperanza Medina





 
nos gustaba rodar sobre la hierba,
observar los insectos,
los renacuajos antes de que se hiciesen ranas.
Mirar a las mujeres que tendían la ropa,
despertar la pereza de las horas completas,
las que pasan sin miedo a que nada se acabe.

Esperar que tu madre gritase «la merienda»
y volver a la calle del pan con chocolate.

Las tardes infinitas,
los lugares perfectos,
donde habitaban juntos los grillos y el asfalto.

Se podía pasar de la ciudad al campo sin salir de mi calle.
Se podían vivir las vidas de los libros,
o inventar otras nuevas.

Los amigos valían más que cualquier juguete,
la aventura esperaba siempre en las escaleras,
que bajabas deprisa sin usar pasamanos ni barandilla alguna.
Quién necesita apoyo cuando se siente inmune a todo lo que duele.

La galbana jugaba con la risa y al corro,
a la queda, al cascayo,
a la goma y a todo.

La galbana agotaba la luz de cada día,
y encendía farolas y bombillas y lámparas,
y nos llevaba a casa a cenar y a la cama.
Un lapsus solamente, la mañana volvía.
Y volvía otra vez cargada de pereza,
de carreras y olores.
Y había primavera,
y verano.
Así sería siempre, estábamos seguros.

Entonces no sabíamos que hay cosas que terminan,
personas que abandonan,
miedos que no nos dejan vivir esa pereza con gozo y sin recortes.
Entonces el presente pesaba como el oro, se medía en quilates,
ni el antes ni el después tenían importancia.

Ahora el pasado duele,
por su propia inconsciencia,
y por esta certeza de haberlo ya perdido.
Condiciona el futuro todo lo cotidiano
porque asusta saberse inseguro y finito.

Ahora necesito coger la barandilla,
mirar los escalones y no pisar en falso.
Sentirme cuidadosa, forzar el optimismo.
Y necesito, al menos cada una o dos semanas,
como una medicina que sosiega el cerebro,
volver a la pereza inútil de la infancia,
desconectar el ritmo circular de mis pasos
y escribir estas cosas,

que no sirven de nada.


Uberto Stabile




HÉROES Y TUMBAS


Y llegó el joven héroe
con el sexo abierto
y los brazos mutilados
y una muñeca sin cabeza cosida
al cuero de su maldito corazón.
¿Qué esperaban?
Tengo flores para todos los gustos
y siempre piden las mismas.




Jeremy Lipking - 21


Ilustración: fragmento de una pintura de Jeremy Lipking 

Luisa Castro




Inocencia


Se acabó la inocencia.
Era una bebida empalagosa y breve,
una comida exótica,
ahora ya lo sé.


La probé.


De esas cosas que se toman un día
y siempre las recuerdas,
de esa gente que te encuentras
y no vuelves a ver.


Nunca sabrás lo que pasaría
en el banco de la inocencia.
Con los pies colgando
allí sólo vive la gente que no recuerdas,
lo que nunca ha pasado.


Te sentaste un momento
a escuchar desde lejos la orquesta.
Era duro y solitario
el banco de la inocencia.
Demasiada prisa en volver
como para no olvidarte algo.


Ahora ya lo sabes,
la inocencia es esa gente
que se quedó tu chaqueta.


De “De mí haré una estatua ecuestre” 1997

12 junio 2018

Mercedes Lázaro






Instantes relajantes



Unos adolescentes juegan al balón
Unos niños se divierten entre olas
Una atractiva chica digita whatsapps
Una ansiosa madre vigila a su hijo
corriendo entre bañantes
Una pareja de enamorados junta discretamente
unos cuerpos tumbados en vistosas toallas
ungidos con aceites y cremas solares.
Observo instantes felices,
huellas de vida que serán borradas
por el oleaje del inexorable pasar del tiempo.






Vicent Camps





AÑO 2000

Aún llevo dentro
el niño que un día
de finales de los sesenta
jugaba con su compañero de pupitre
a descubrir cuántos años
tendría en el dos mil
y al comprobar
que serían cuarenta y dos
exclamaba entre risas
¡Seremos viejos!
Y ya pasé los cincuenta
y he dado vida
y compartido muerte
y me duele este poema
como cada uno de los años
con los que no supe qué hacer


11 junio 2018

Mª Teresa Horta






Morir de Amor

Morir de amor
al pie de tu boca

Desfallecer
la piel
de sonrisas

Sofocar
de placer
con tu cuerpo

Cambiar todo por ti
si fuera preciso

Maria Teresa Horta “O Destino”, 1997.
Trad. U.S.



MIGUEL ÁNGEL YUSTA






Esta noche.

Te quería decir en esta noche
cuando ya nadie habita en la distancia
y dormidos los pájaros
es el silencio dueño de las vidas.
Te quería decir, y te lo digo,
aunque a veces me corte las palabras
el saber que tu oído las escucha
y tus ojos las miran,
que esta tarde cuando volvía a casa,
tan silencioso y solo,
mientras sobrevolaba el pensamiento
utópicos lugares,
de pronto, te me has aparecido
con tus ojos profundos
y tus manos repletas de caricias,
abierta la sonrisa,
piernas de adolescente, apresuradas
por llegar a mis brazos
y rodearme fuerte con los tuyos.
Tu cabello jugando con el viento,
extendidas las manos en el aire,
presentidas caricias.
Venías, llegabas y te quedabas...
Entonces he sentido que la tarde
se llenaba de luces
y que toda la gente sonreía.
Que aún era hermoso el mundo
y los taxis, las casas, los semáforos.
Que las tiendas, las calles , las aceras
se llenaban de luces de repente
e íbamos del brazo, felices como niños.
Pero esta tarde no has aparecido.

Por eso te lo digo,
que te he echado de menos en las horas
que otro día mataban poco a poco.
Y aunque al subir a casa
ha sonado el teléfono y me has dicho te quiero
por un momento, amor, por un momento,
las luces se apagaron en mi alma...
Por eso te repito,
pero tal vez callarme debería,
que cada tarde, amor, que cada tarde,
me dejes que la acabe entre tus brazos.

(De Amar y callar)