21 julio 2017

Mercedes Verdugo Garcia









"Llanto de Guitarra".
Una guitarra que llora
lo dicen sus cuerdas
plegaria al viento
tristeza escondida
en notas musicales
llantos de guitarra
por los que se han ido

Eduardo Galeano





Ventana sobre una mujer


Esa mujer es una casa secreta.
En sus rincones, guarda voces y esconde fantasmas.
En las noches de invierno, humea.
Quien en ella entra, dicen, nunca más sale.
Yo atravieso el hondo foso que la rodea. En esa casa seré habitado.
En ella espera el vino que me beberá.
Muy suavemente golpeo a la puerta, y espero.





20 julio 2017

Ana Rosa Bustamante





CAMILLE
(1864-1943)

Ana Rosa Bustamante

"Tras apoderarse de la obra realizada a lo largo de toda mi vida, me obligan a cumplir los años de prisión que tanto merecían ellos……no quede yo para siempre en esta nada con barrotes que es la prisión de locos, donde mi madre y todos ustedes me han confinado, por haber tratado de ser Camille y mujer, Camille y artista, Camille y amante y libre”.



El beso de mármol

Cuando sea un árbol voy a parar  al viento
en la  rama turgente del invierno
viendo  las aves en su vuelo  que van a otro lugar,
cuando navegue  los ríos con el sedimento en mi boca, 
mis manos de sordos hablaran por los ojos inertes del metal,
con ese lodo, con ese ruido
voy a defender   el  sol  en mis latidos,  el crujido
de mi casa en la rivera donde solía soñar,
y las hojas de mi  historia  cinceladas con  la lumbre
de la oscuridad,  las borre mi sangre
cuando vuelvan con el viento.

La araña  no hila y
no hay perros que avisen,
no hay gritos,  manchas confusas,  niños,
somos los fallidos, los perdidos, fósiles dormidos,
todo está tranquilo  al final de los años,
que unimos horas iguales a la derrota
y nos murmura solo el sol y el agua y la urbe no me recuerda,
mi mano no da señas, si ya casi estoy dormida.



Cuando sea un árbol,  no tendré que ver con la pena,
Clotho es un adorno en el jardín, un virtuoso habitante
sin agosto sin ángeles sin pensamientos.

Cuando en mis raíces los brazos de un difunto  surquen
el frío del mármol,    abrigaré su espalda,
por los estandartes que ya no flamean,
y la primavera  en mi corteza  tejerá  flores que llevarán
al cementerio,  lazo turbio
la fiereza de los que guían el mundo.
No sé dónde estaré aparcada mintiendo a eruditos
y a beatos por ese cuerpo frío,
por ese llanto tieso,
cuando mi voz calle a la lluvia su caída, silenciándome
como un buitre poderoso sobrevolando tu corona,
el pensamiento displicente  al tamboreo,
no pretenderá  satisfacer a la palma cóncava con sed
en esa habitación 
la muda quietud de mi  herida.



Mis frutos serán comidos sin más luz que mi osamenta,
desnuda,  fría,   maté a la que fui y el caduco cielo
vació los remos,
desde entonces,    en  mi casa estoy   mirando los gestos 
errando  sin saber adónde ir.

No logro esculpir  mi viaje,  una garra atesta
en mi cuarto,
cuando sea un árbol solo en el desierto, impunes
van a hundirme  en mis entrañas,    el corazón de una gacela
y  preguntarán por mí al final de mis días
si  hay una que muerde en primavera,
el diente ausente se nota,  enfin.

No tolero ordenada la bandada      sin mis patas  sigilosas
que migran la absurda rinconada
con sed y hambre,
una gota de sangre marcada    debajo de mi lana
por el comprador.

Cuando alto era el vuelo me volvía pájaro y oveja negra
que  el baladro remeció en  la urbe antes de saludar,
ahora  arrecia con un sueño deshilachado,
no hay  un cielo que escarmiente a la aherrojada
de mi vuelo mi peregrino tranco,  ni provisión   ni un gránulo
que en la vera de los tiempos sigan a esta aldea en la gloria,
entre mosaicos húmedos y grises estoy en realidad
tiritando,  a  contracorriente, 
la mutilación  un ardid de rumbos,
y mi garganta pide perdón,
emancipada de las burbujas,   el silencio aún me nombra,
mis cuerdas merodean las  palabras en la ondulación
de la llama,
la  duermevela de mi velador,
el  bronce  las yemas,
la brutal tempestad.
Pesa mi cadáver y el  hilo se corta en lo  más fino,
porque  mi sudario está gastado y  no hay nadie
que me reconozca, 
la flor marchita  tragada a voluntad no se digiere,
y acelera el agua  el tiempo,  pasa
repartiéndose entre dos piedras,
como en un principio,
dónde estoy escurriéndome
y Ofelia me comprende;
quizás esté soñando,  y me lava la cara en su pajar,
que mi cara vuele en las plumas con mis ojos,
y la libertad se derrama como un felino sobre la alfombra, 
el aire,  la niebla azul, acaso el rocío en el frío, 
pero hay ratones hablando de penas.

Hiere la hebra, circula la arteria de mi desazón y la inocencia
la translúcida palabra mortífera,
la  venganza de  llevar  encendida la lámpara,
embriagada
y una noctámbula mujer  palpita buscándome a mí. 
¿Qué crimen lloré? como  albóndigas
revolví en mi corazón
todos los lanchones y
ahora,  temo  más a la luz  que prodigar la soledad.

Avanzan  en la costanera  las mujeres que no se dejan ver,
de soslayo en mi pelo  y  mis trancos ocultos,
se avergüenzan de mí.

El  árbol ya está viejo y se estancan las raíces,
y mi cabellera se esparce para su celo por la calle, 
ellas  liberan las caderas,
aman el goce de la noche y  el gen del deseo, 
la médula efervescente  para frotarla y dejarla ir
como un árbol anciano,  esas mujeres.
Y él, ya en madura edad,  revela una nueva puesta de sol
en mi umbral.

Celebración es una delación con  la testuz
de los corruptos
que circulan por la noche y
dice la  garza  al ritmo del aire,
que está dispuesta,  hermana, como tú
a montar la Piedra Feliz con el  escorpión azul
que nos da su color
para el veneno.



Voy con un vestido sensorial y cualquiera lo levanta,
me roza en un sendero,  agitado por pecíolos roncos
que suavizan mi enojo
con la envolvente palabra del que sueña el desparpajo,
el que me hará su lucha, la posterior fama, 
el martillo que hundo en la mesa y la sonrisa
en la canícula de un cuarto hacinado, 
encerrará los botones en mis vestidos inmóviles y   
qué duro es estar sola con tanto grito dentro.
Para no herir su recuerdo,  su maternal enseñanza,
he huido,  mil veces besé su mano en la materia,
beso de mármol hoy en un museo.

Mujer que enrojece al sonreír y deja ver su encía,
encía de un tigre en celo  que olfatea la piedra,
por si un tatuaje sangra la palabra amor.

Flaqueza que en sus huesos zumba
en una madrugada temerosa
en una violenta sacudida
de  sábanas que llega con  la mirada al techo,
y rumbo al taller de los narcisos umbría roca
aceitada madera que duele antes
que se haya reventado  en la alfombra,
y florecía la arrogancia como un mar sin playa, 
levanta su brazo guiando a los que con sus pábulos en ristra, 
su corazón  arrastran de día
y sus vestidos  estilan  inverosímiles certezas, 
nunca ríe,  nunca llora  y   reina en la marmórea realidad
de una artista,
porque así existe.

El techo derrite  el cerezo con sus nidos de  pájaros
que llegaron hace mil años el último invierno,
aún espero un trino
y hay  nombres escritos sobre el destello,  una roca aparecida
de la noche a la mañana detiene  el torrente en dos, 
en dos. 
Y  levanto la mirada a su sonrisa, como si el ojo
esparcido me hablara y quisiera quedarse botado
entre las ramas.

Vomito polvo.
Un túnel abandonado y su   esplendor por los lados, 
esa atrevida oscuridad que en el centro
 runrunea a contra corriente
y sigue un puente,  el ruido del río  subyuga  y   destruye 
el oído con   la materia que expulsa  el cauce
en la rótula de tanto correr.
Y una boca de caballo se nos parece,
una concha marina que nos trae el mar,
la  cantiga de mi derrota, la luz que duele
cuando amenazo a una cerviz,
y me quedo muy sola
en la acaramelada tempestad que  usó mi nombre,
Camille,
y hay  raíces que muestran   rostros en la tierra y  las  aviento
las despedazo
con mi garra el día de  San Juan
y con fuego  de mi boca quemé
los tallos que me ahorcaron.



Los hilos dorados de mi falda sin cuarto de lujo
ni sueños  ni posesión que lucir en público
ni ceremonia, ni catedral,  recorrieron mis muslos sus manos
sin solemnidad,
el  órgano en sus notas daba en revolcar
sus sandalias lustrosas,  indescifrablemente.

Comparaban  mis rasgos con medusas ocultas y
lombrices  amanecidas resoplando lodo al sol
y fui escarbando  la maleza,
inquieta como un haz en penumbra,   redoblando
en golpe de hoja  todo  mi vigor
y mis labios escarchados,   heridos , santos,
quizás no tan santos,
hablan en mi sien,
dándome clamor en la antesala y mi costilla clama,
para quedarse en la escalada hacia algún confín
en mis últimos años.



No tengo aureola. El reflector en mi ventana
que da a mi sien lleva  poderes y mis manos
y mis pasos férreos
son mi lánguida actitud mirando la puérpera
abigarrada  de dolores,
imagen pegada  en la pared,
que  alimenta
el menudo peñón que me aduerme
esperando la justa repartición de mis obras polvorientas
y llorosas
que en mi matriz pusieron cruz y seña
desde el cielo lleno de cuentos inconclusos,

y rasgo el hueso que me cruza el  silencio
la provisión peligrosa de mi palabra
el  sustrato de mi lengua ,  su sustancia
la esencia del hueso, el veneno, el antígeno,
enfin,
el aceite marino de una gaviota
remedando  a la diva  del  espejo,

voy  a martirizar los caminos me dice

hasta hacer caber mis zapatos.




Joaquín Giannuzzi




NOTICIAS

Cuando la comedia humana se pone movida
los periódicos
abundan en golpes de estado, huelgas generales,
crímenes, bodas, insurrecciones y muertes terribles.
Del basurero de la historia no colman la medida.
Sin embargo,
¿quién consagró estos hechos?

Esta mañana el viento
golpeó en algunas ventanas.
Un hombre y un perro cruzaron la calle.
María reclinó la cabeza a las tres de la tarde.
Nadie contó estas verdades.

No hay sucesos pequeños.
En el taller de mi esquina, cuando amanecía,
un obrero puso en marcha un motor.
Nadie habló de ese gesto oscuro.
Pero a partir de entonces
infinitas cosas se pusieron a funcionar a causa suya.
Así, de simple y rico,
y tan fecundo hacia distintas direcciones
el menor movimiento de tu mano.




Fotografía de Phil Poynter

Sandy Garcia





Da igual.
¿No estábamos en un cuento?
¿Es Arturo real?
¿Me lo inventé?
¿Lo soñe lo vivi?
¿Entró, se fue, esta?
No lo sé, no importa.
Mis pies bailan,
mi alma cruje,
mi boca está de paseo
en el parque de la avenida
r e s p i r a n d o

comiendo colores,
paletas de amor;
vive, muere, mastica,
destroza, construye y siente
y
vienen todas, Eva,
mis Katherines, mis hombres:
Mishima, Emerson, Ivanhoe,
Cernuda,
Hesse, Machado los dos,
los vivos …
los muertos.
¿También me los inventé?

- Mis manos bailan mis pies-



19 julio 2017

Rafael Delgado,

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NOCTURNO

Y nada más lejos que arrepentirse.
Una caricia no exime la razón.
Cabalga en ella el ser.
Culpable es quien ejecuta con culpa.





Cristina Liso Aldaz






Camino de Santiago ( a la memoria de Maite y Mario)


Con corteza de seda y alma triste,
sin saber unos de otros,
los eucaliptos espían el suelo.

Sonido de pasos,
sobre un camino de hojas,
que dibujan su muerte.

Los pájaros trenzan,
con notas musicales,
la bóveda del bosque.

Y en las laderas soleadas,
la humildad de los brezos
tapiza la tierra.

A final el mar…
presencia azul del infinito
en nuestras vidas.
Ausencia eterna
en vuestras sombras.




15 julio 2017

Pedro Javier Martín Pedrós.








Nacido para la primavera
protagonista de su historia,
revolucionario de la mirada,
insolvente para el amor barato.
¿ por qué soñar cuando tengo
la pluma vacía?
No quiero que se pasee esta
música delante y no mastique sus
pentagramas.
No quiero oler a humedad y
a hombre viejo.
No quiero que el recuerdo me
emborrache de tristezas.
No quiero anegar el valle de
mi melancolía.


Del libro: Huellas de agua.

José Agustín Goytisolo


PALABRAS PARA JULIA


Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.





Ana García Briones

 




Anida en mi ser
una semilla profunda
como de agua,
una brisa suave
un sol
un aleteo de pájaros.

Anida en mi ser
la melancolía,
una invasión de sueños
un viento cálido ,
un jardín silencioso
una farola,
una burbuja de espuma
un embarazo .

Anida  en mi ser

el dolor del silencio
una  ausencia
una lluvia
una simple mirada.
una sonrisa suave
un tacto infinito
una primavera húmeda
en las orillas del alma







14 julio 2017

Virginia Gawel





FRENTE AL ESPEJO



Yo, que comí la cáscara
por no merecer la pulpa.
Yo, que le creí a la culpa
y me escondí tras su máscara.
Yo, que me abofeteé y me dije
los más obscenos insultos,
que me negué a darme indultos
condenándome a estar triste.
Yo, que suicidé a mi anhelo
para lograr ser querido.
Yo, que me enemisté conmigo,
truncando todos mis vuelos
Yo, que me escupí en la cara,
abusador de mí mismo.
Yo, que complací al cinismo,
sobornando a quien me amara.
Yo: exigente y despiadado,
con nadie como conmigo.
Yo: mi más cruento enemigo,
mi juez y mi sentenciado......
me levanté esta mañana cansado de no quererme,
de apagarme, oscurecerme
(que mi luz no encandilara).Vi en el espejo mis ojos
mirándome en mi mirada,
tantas veces empañada
por mirarme con enojo...
Y me di ternura... Y vi,en ese rostro cansado
que me observaba extrañado,
lo bello de lo que fui:
me vi ante los que han sufridoamparando el desamparo.
Me vi veraz. Me vi honrado.
Me vi noble. Me vi erguido.Me vi alentando lo Hermoso.
Me vi reparando heridas.Con mi sangre agradecida
me supe ingenuo y gozoso.
Me vi venciendo al Abismo
sin mancha ni cicatriz...
y quise hacerme feliz
honrando que soy yo mismo.
Que soy franco, solidario.
Que soy leal y confiable,
y que cuando envainé mi sable
aposté a lo humanitario.
Sin autocompasión malsana,
fui piadoso ante mi pena,
y levanté mi condena...
como el que, amando, se ama.
Aprecié que, pese a todo,
pese al error y al acierto,
siempre elegí estar despierto,
sin sumergirme en el lodo.
Y mirando mi mirada
me pedí perdón, llorando.
Y, de mirarme mirando,
Amé a ése a quien miraba.
Quiero empezar a regarme,
fiel labriego de mí mismo,
porque no es egocentrismo
abrir mi Esencia y mostrarme.
Vine a Ser. Y eso decido:
dispongo abrirme a la Vida.
¡Ya basta de tanta herida,
siendo heridor... y el herido!
Declaro, en el día de hoy,
no una tregua: una Amistad.
Asumo la potestad
de respetar a quien soy.
Por todo lo que no fui,
y por lo que hice posible,
así: imperfecto y querible,
decido creer en mí.

Fernando Beltrán










POETAS

la voz de los poetas,
los que aventan palabras, los que tejen la piedra,
los que avivan los grifos del incendio y se lavan los dedos
en sus llamas, los que esculpen espejos como arterias
y echan bloques de azúcar en los campos
minados de la sangre, los que sueñan cuchillos
y atraviesan el filo de las noches con un pie en la galerna
y otro quieto en el barro de las casas natales, los que llaman
a voces a los botes, y callan luego al borde del rescate
y ven cómo se aleja la ambulancia pasándoles de largo,
los que atizan cometas y hurgan calmas y confunden
las rayas de las cebras con las rayas de un tigre,
el galope de un pez con la espina de un árbol,
los que tienen siempre hambre, los saciados, los que buscan
sinfín y al fin se abocan como dientes de leche
condenados al tránsito, los que arrojan palomas
a sus pozos y arena a sus paraguas, los que no
se conforman, los pálidos la miel los contagiados,
los que nunca se rinden, los que mueren de pie bajo los cascos
de los mismos caballos que inventaron, los que arengan
al poema con sus tropas, verso a verso ordenadas
y engañan luego al mundo con sus banderas blancas,
los que imantan las brújulas de lluvia
y al calor de la herrumbre, una noche de perros
inventaron el don de las metáforas.








13 julio 2017

Xiana Arias Rego





NO CONCILIADAS

Nos reconocemos en el dolor:
No fue fácil ir a las fiestas.
Al volver pasábamos días
y noches enteras atadas
a las patas de las camas.
No éramos lobas pero
teníamos hambre.
Nos reconocemos en la rabia:
El cuarto oscuro, en silencio,
en una esquina la niña se tira del pelo
y grita tanto…
Nos reconocemos en la música:
Este es el ruido de pelar una patata.
No es más que eso. Es el ruido de
pelar una patata.
Junto al ritmo del corazón acelerado.
Nos reconocemos en la duda:
Cuanto aguantará la mano
en la olla de agua hirviendo?
Cuanto tardaré en decir
lo que quieran que diga?
Las no conciliadas entendemos
de torturas, inviernos y metales.
de bocas con pañuelos mojados.
del tendido eléctrico.
De los besos que duelen.
De todo este humo.
De aquel amor.
De toda esta tontería.
Que los pillos decían “yo quiero moler”
Y parecía que
había que abrir el molino a cualquier hora.
Bournemouth, Inglaterra, el número de lote 1927 (s/d del autor)
Pero aprendemos a meterles los dedos en los ojos.
Unas atrás de otras empezamos a ARDER.