domingo, 18 de agosto de 2019

Li Qingzhao






BODHITTSAVA BÁRBARO
(Pu Sa Man)


a la altura de mi sien
sobre mi pelo
se cierne un gorrión de oro

la sombra de sus alas verdes
abiertas
se proyecta sobre mi ceño fruncido

ligera bruma de primavera

en el pabellón perfumado
ya se han cerrado los lotos

y en el biombo pintado
hay montañas y montañas superpuestas

el frescor de la ventana
precipita el amanecer

nuestros corazones unidos
son igual que dos llamas

y mis lágrimas caen
dejando un surco rosado
en mi vestido de seda

amor mío
¿cuándo regresarás?






De Poesía Completa
Traducción: Pilar González España
ediciones del oriente y del mediterráneo, Madrid, 2010

viernes, 16 de agosto de 2019

Luis Cernuda




No decía palabras,

acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,

porque ignoraba que el deseo es una pregunta

cuya respuesta no existe,

una hoja cuya rama no existe,

un mundo cuyo cielo no existe.


La angustia se abre paso entre los huesos,

remonta por las venas

hasta abrirse en la piel,

surtidores de sueño

hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.


Un roce al paso,

una mirada fugaz entre las sombras,

bastan para que el cuerpo se abra en dos,

ávido de recibir en sí mismo

otro cuerpo que sueñe;

mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,

iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

Auque sólo sea una esperanza

porque el deseo

es pregunta cuya respuesta nadie sabe.


Loli González Vázquez






Soledad del alma                                     

Eres, como hoja seca que tiembla aferrada a su tallo.
Caminas por un laberinto de emociones
que no te lleva a ningún sitio.
Te giras y volteas una y otra vez
por esta interminable noria de arenas movedizas.

No te acongojes ni te sientas hundida.
Avanza con el aliento fresco por este asfalto de fuego
y clava bien los pies.
Pisa fuerte con tus zapatos viejos hasta que se rompan,
porque ésta,
es una vereda por la que navegamos todos alguna vez.
No olvides que después de la niebla
siempre sale el sol.

Eleva tu copa hasta lo mas alto y brinda por la vida
y tus sueños e ilusiones,
volverán a inundar tus entrañas... y tu alma.


jueves, 15 de agosto de 2019

Rafael Guillén






De nuevo te esperé en el desconsuelo...

 
De nuevo te esperé en el desconsuelo
de la esquina. Por el bullicio oscuro
iban, venían rojos autobuses,
acharolados táxis que, ocupados,
se detenían un segundo antes
del desencanto. La farola daba
entintado de cómic a la espera.

Los táxis están hechos con materia
de soledad, de presurosos besos,
de palabras sin terminar, de rápidos
adioses, de cabezas que se vuelven
como pidiendo auxilio. Cada táxi
va tejiendo y tejiendo su capullo
de seda por las calles, va encerrando
su mariposa entre los hilos tensos
de la ciudad que gime y que lo envuelve.

¿Por qué querer es esperar?. La lluvia
tenaz parpadeaba en el cambiante
neón de Piccadilly y los neumáticos
por el asfalto húmedo sonaban
como el desuello de una piel inmensa.

Todo el desecho de la prisa iba
acumulado en los asientos turbios
de los táxis. Su tántalo destino
era llegar para volver de nuevo.

Los táxis se alimentan de colillas,
de tersos portafolios, de monturas
de gafas, de coronas funerarias,
de perfumados guantes, de pañuelos
inmundos, de paraguas olvidados.
El horizonte de los táxis nace
a espaldas de la luz, está poblado
de sanatorios y consultas, linda
con discos y semáforos, discurre
por negocios y apremios y legajos.

¿A dónde va el amor cuando no acude
a nuestra cita?. Una lenta hilera
de gotas resbalaban por el borde
de la farola anochecida. Un golpe
de tos quebrada restalló muy cerca
de mi bufanda. El viento me azuzaba
los mastines del frío. Y otros táxis
pasaban sin parar, como otras noches,
como todas las noches de mi vida.

Cuando al amanecer se quedan solos
los táxis, se acarician la gastada
tapicería, que conserva algunas
viejas huellas de semen o de lágrimas.



Ana García Briones




A partir de mañana,
cuando lea las estrellas
que iluminan tus ojos,
sabré que el cielo existe
y las galaxias
bajarán como farolas
a alumbrar mis avenidas.

A partir de mañana,
haré un pacto con el sol.
Recibiré rayos perpendiculares
meteoritos en forma de sueños,
y el cráter de mis sombras
se llenará de astros con luz propia.

A partir de mañana,
en aquel espacio vacío
que queda en el universo,
seré un cuerpo celeste
o una simple cometa
con aspiraciones a satélite lunar.


Partos de luz



miércoles, 14 de agosto de 2019

Sara Zapata






Mi abuela nunca verá 
a la mujer en que me he convertido.
No podré decirle 
que cuando me recojo el pelo
recuerdo sus tirones 
intentando domesticar 
la rebeldía de mi cabeza.
No sabrá que he vuelto a hacer punto,
que choco las agujas 
en interminables bufandas 
para abrigar ausencias. 
Mi abuela no sabrá 
que ya no lleno mi cuerpo de tiritas
para cubrir falsas heridas,
que las heridas de ahora 
se esconden bajo musgo 
en lugares en los que no llega la luz.
Mi abuela no leerá nunca 
ninguno de estos poemas 
escritos en tardes de nostalgias 
ni sonreirá al verme llegar 
cogida de tu mano.
Mi abuela no podrá ya conocerte
y yo no podré ver 
cómo bajas la mirada hacia el mantel
intentando ocultar tu timidez.
Pero sé que al despedirnos
sus manos de pan y albahaca 
apretarían fuertemente las mías 
para decirme sin palabras:
"Me gusta". 

  


Lluïsa Lladó







Los animales de almas en celo

 
Usted ha tomado las manos y en la lección de los amantes
ha enseñado antes que la gula de la carne la caricia,
antes que la caricia la mirada,
antes de la mirada aprender,
aprender el beso que procede del rocío
y de los trozos que aún permanecen de nosotros mismos,
en sus estadios, con esta plenitud de campo de girasoles.


Pechos de membrillo al abasto
de su lengua de agosto, haciendo bucle con la barbilla
para el reposo de la nuca,
en el hueco vocal naciente sol de entre su brazo y su torso,
allí, como en un varadero, va mi cabeza exhausta
formando ala con su hombría.




Me conversa de novelas, y varias músicas,
en su dogma la sabiduría también pertenece al sexo.


Me ruega que le cuente poemas de desnudos y faustos,
mientras desgaja la ropa, y consigue en aula
desarmar el dolor que óxido permanece en la pupila.


Capa a capa, escéptico no cree en la espiritualidad, yo, en cambio idolatro la sanación del karma.
Pero, eso no impide que…


Los animales de almas en celo.


Haciendo corsé con los nudillos,
apuntillando el cenit hambrientas las bocas
y los pliegues de un hombre (prosa) y una mujer (poesía) que
con los ojos cerrados
ya han descubierto el camino de la escultura del cuerpo
con la semilla y la tierra
antes que el sexo, la palabra,
antes que la mirada, el beso


con los ojos cerrados.