martes, 14 de julio de 2026

Amalia Bautista

 




Al cabo, son muy pocas las palabras
que de verdad nos duelen, y muy pocas
las que consiguen alegrar el alma.
Y son también muy pocas las personas
que mueven nuestro corazón, y menos
aún las que lo mueven mucho tiempo.
Al cabo, son poquísimas las cosas
que de verdad importan en la vida:
poder querer a alguien, que nos quieran
y no morir después que nuestros hijos.

Pedro Javier Martín Pedrós.

 







Mientras tú duermes,

exprimo
la noche silenciosa
cabalgando hacia la nada.
Los captadores de amor
pintan en
las dunas estancias
y rincones desnudos
de abrazos.
En la proyección del espejo
aparece
mi
alma.

Del libro: En la bajamar.

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Clemen Esteban Lorenzo

 




Eres mi vicio
más perfecto.
El fuego vivo
donde resido.
El néctar
del que soy prisionera.
La locura del festín
en tu carne.
Ahí,
donde floto ardiente
al calor de tu savia.
Ahí,
marcando el relieve
que calma mi sed.
Ahí,
tú lo eres todo.


Del libro: Versos de agua.

Ángel González




A veces
Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba.

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Juan Gelman



Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.
Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.
¡Digo que el hombre debe serlo!
(Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.) 

Maga Gabilu

 





Se abrió el cielo,
se hizo charco
cada gota.
Lágrimas cual cristales
inundaron el cemento.
Se hizo oasis,
se convirtieron en agua
algunos lamentos.
Un hombre presuroso
esquivó con atino
el aguacero.
Tres niños felices
convirtieron el charco
en juego.
Yo elegí el oasis,
que se derramó por completo
entre mis dunas áridas
bebí su secreto.
Se abrió el cielo,
y tomé entre mis manos
algunos cristales
de sus lamentos.

Begoña Abad

 







Lo que no se compra, no tiene valor.
Lo que todo el mundo puede conseguir, es vulgar.
Lo que es sencillo, no tiene aliciente.
Lo que ya decían los maestros, es viejo.
Lo que es viejo ya no sirve.
Poner en práctica, sin confundirlo
y aún menos degradarlo,
el arte de amar.