domingo, 16 de mayo de 2021

Alicia Millán

 






la nieve me cae encima
se deshace, no se posa
-no puedo ser un tejado-
será porque él me dijo
tienes el cuerpo blanco
y caliente




A.M. "poemas sin lugar"

sábado, 15 de mayo de 2021

María Paz Otero



María Paz Otero (Madrid, 1995) ganó el III Premio de Poesía Joven Tino Barriuso con Nimiedades, su primer libro, recién publicado por Ediciones Hiperión. Nimiedades es un autorretrato íntimo, valiente y reflexivo. Sus poemas nacen de las vivencias cotidianas de la autora, de su memoria y de sus expectativas sobre el futuro. Es una obra bellísima, escrita con naturalidad y excelente oído. Su publicación significa la incorporación de una voz nueva e importante a la poesía española.


Los ignorantes

Con el pelo mojado y el jersey adherido
como un molusco a tus pechos,
entramos en el Louvre a resguardarnos de la lluvia.
Tus ojos, acrobáticas ranas diminutas,
saltaban ágiles entre los cuadros. De vez en cuando
señalabas con el dedo
algún Cristo quebrantado
y de tu boca emanaba un suspiro inocente.
Más tarde, frente a la Venus, las cámaras
de los turistas parecían los ojos
de penetrantes arañas.
En cuántas fotos saldrás y no lo sabremos.
Cuánta gente sabrá que te miraba.

Albrecht Haushofer





Versión española de Jesús Munárriz

Nacido en Múnich en 1903, Albrecht Haushofer tenía cuarenta y dos años al morir asesinado por un comando de las SS en Berlín la noche del 23 al 24 de abril de 1945, un día antes de que las tropas soviéticas cercaran totalmente la capital. Los últimos cinco meses de su vida estuvo preso en la cárcel de Moabit, en la que la Gestapo concentró a los acusados de participar en la lucha contra el régimen que culminó en el atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944. En su cadáver se encontraron días después cinco folios manchados de sangre en los que había copiado los 80 sonetos escritos en la prisión mientras esperaba ser ajusticiado, como tantos de sus compañeros.

Los Sonetos de la cárcel de Moabit pueden considerarse una autobiografía condensada en ochenta cuadros o un testamento que recoge cuanto de importante puede querer salvar del olvido alguien que sabe que sus días están contados y no tiene otro medio de dejar constancia de cuanto ha vivido, amado, sufrido o reflexionado. En opinión de Karl Jaspers, son «el mayor testimonio poético que ha dejado la resistencia alemana».

El manuscrito de los Sonetos se conserva y exhibe en Múnich, en el Centro de documentación del Nacional-Socialismo, que conserva también la Biblioteca de los libros quemados y proscritos por los nazis.



La ronda de los presos

Una vez en Moscú vi cierto cuadro.

El maestro Van Gogh. Un oscuro rectángulo.

Un patio interior. Grises los presos en lo gris,

sin esperanza giran en apretados círculos.

 

Ahora miro a través de los barrotes yo

un patio y en el patio a gente a la que arrean

como a hato de ganado que aún está por guardar

antes de que le hagan dar a probar el hacha.

 

Como señor y amo de estas grises hileras

hay Uno que está fuera, que alcanza su placer

cuando otros sufren. Uno que todavía grita

 

cuando otros en silencio la transición esperan

que empieza lentamente brotando de las tumbas

antes de correr roja en rojizas corrientes.

domingo, 9 de mayo de 2021

Antonio de Padua

 




EN SOLEDAD

A las once de la noche desconecto
y pienso sólo en tí.
Me suelo perder por la casa,
es pequeña, pero con un mar gigante,
y te busco por los armarios empotrados,
en la mesita de noche,
elevándote en el humo del cigarro,
en la bañera,
-éste podría ser un buén sitio-
enciendo el televisor
y te busco entre el público,
en la orla universitaria
por si acaso estudiaste conmigo,
dentro del jarrón de la cocina
y entre las sábanas.
Cuando ya sé que no estás,
abro de par en par la ventana,
y en la completa oscuridad nocturna
escucho el vaivén tranquilo del océano:
ahí si que estás,
tan azul que tus ojos me miran;
sonrío levemente
y grito tu nombre,
para que la noche
se bañe con él.

sábado, 8 de mayo de 2021

Jaime Sabines





No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma, de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro
acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros,
separados del mundo, dichosa, penetrada,
y cierto , interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos oscuros e incesantes.

Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mí, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

Gabriel Celaya



Despedida
Quizás, cuando me muera,
dirán: Era un poeta.
Y el mundo, siempre bello, brillará sin conciencia.
Quizás tú no recuerdes
quién fui, mas en ti suenen
los anónimos versos que un día puse en ciernes.
Quizás no quede nada
de mí, ni una palabra,
ni una de estas palabras que hoy sueño en el mañana.
Pero visto o no visto,
pero dicho o no dicho,
yo estaré en vuestra sombra, ¡oh hermosamente vivos!
Yo seguiré siguiendo,
yo seguiré muriendo,
seré, no sé bien cómo, parte del gran concierto.

- Luis García Montero -



( ... ) Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi,
cruzo la desmedida realidad
de febrero por verte,
el mundo transitorio que me ofrece
un asiento de atrás,
su refugiada bóveda de sueños,
luces intermitentes como conversaciones,
letreros encendidos en la brisa,
que no son el destino,
pero que están escritos encima de nosotros.