martes, 5 de diciembre de 2017

Marisol Bohórquez Godoy






DESVARÍOS

Sueños de espuma devorados por el tiempo,
recuerdos que destiñen palabras nunca pronunciadas
y que traen tu voz
como la pesadilla del amor que me busca.
¿Es la muerte que me llama
al otro lado de esta angustia?
¿O la vida
tratando de encontrarme entre las piedras?




Asunción Caballero.






Luna y Sol



Otra vez se desgarró la luna.
El vértice de las cejas
se ha caído por el acantilado
de unos ojos que se niegan a ver.
Mañana saldrá el sol
o eso dicen.
Se esconderán las brumas
en los rincones,
y el polvo se posará de nuevo
sobre las cicatrices de las tripas.
Sin embargo hoy
las sombras oscurecieron la melodía
y los pájaros madrugadores
abandonaron su trinar en los nidos.
Los gatos callejeros,
maullaron en mis neuronas
y el sol,
durmió durante horas
para no pensar en ti.

Rubén Lapuente.



CINCO LOBITOS


Hay días
que para no gastar vida
casi no habla
¿Cómo estás hoy?
Y me hace un gesto con la mano
como si me cantara
cinco lobitos…
Asomada al balcón
de su cuerpo en llamas
su horizonte sigue siendo
tachar con una cruz
una fecha
en la hoja del calendario
de la cocina
casi ya cerrando el paréntesis
de estos días de otra vida
de esta apisonadora  
del protocolo frío
que tan maleadas muchachas
devuelve
Yo ahora
en este tres  dos  uno
de broche final
bromeo y la llamo
miss mundo en horas bajas
o rastrojo hermoso
o trapo de cocina Armani
Pero ayer en el box
intenté vestirme con su fatiga
colarme por la rendija
de sus ojos de mármol
Ser como la hebra del ovillo de su calvario
y se me apareció ese animal
de fondo de miedo del después
el que no te deja subir a la mesa
a bailar

Ahora la piel debería volver a erizarse…
Volverse de terciopelo

©Ruben Lapuente
                             (De Días de quimio y rosas, 2014)




lunes, 4 de diciembre de 2017

Sofía Kreimis.






No camino en la sombra
ni invento malezas.
Creo haber pecado.
siento tristeza al oír el llanto
de la tarde y ver sus lágrimas
teñir de negro las veredas!




Marta Pumarega Rubio






PROHIBIDO LLORAR


Prohibido llorar en las estaciones del metro.
Prohibido llorar en lugares públicos.
Prohibido llorar en la parada del autobús.
Prohibido llorar en los grandes almacenes.

Se permite llorar en la casa de la viuda.
Se permite llorar en los aeropuertos.
Se permite llorar en la sala de espera de cualquier hospital.

Prohibido morirse de pena por las calles.
Prohibido morirse de pena en los bares repletos.
Prohibido morirse de pena delante de desconocidos.
Prohibido morirse de pena mientras suena la música.

Se permite morir de tristeza
delante del penúltimo vaso de whisky,
a puerta cerrada,
mientras se derrite el hielo,
a solas en el bar.

Se permite estar triste con la verja cerrada.
Se permite estar triste de puertas para dentro.
Se permite estar triste sin inquilinos en la casa.
Se permite estar triste con las luces apagadas.

Nunca si te mira un niño,
nunca en el ascensor con los vecinos,
nunca en las fiestas de empresa,
nunca en el cumpleaños de un anciano,
nunca en las reuniones de la comunidad,
nunca en los espectáculos de magia.

Se permite llorar sin consuelo
mirando el patio desnudo de la infancia,
debajo de la lluvia y sin paraguas,
sólo en los próximos entierros,
sólo en las estaciones de largo recorrido.

Sólo sola, sólo a solas.

Antónimo de cobijo

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Fernando Sabido










ERES SÓLO UN VERSO

Eres sólo un verso de mi poema más maldito
donde esperas impaciente el golpe del rayo
para nacer en un acorde a ras de suelo
o amarme de memoria
cuando broten de mi orfandad las lágrimas

Eres sólo un verso hasta que me reclame el tiempo
un eclipse de nubes que ciega los ojos
cuando se encuentran las miradas
y arrojas al vacío las palabras estériles
que supura la muerte

Para enterrar los oscuros mensajes del amor

domingo, 3 de diciembre de 2017

Laura Casielles





FISONOMÍA DEL MILAGRO

Descubrimos que somos minas potenciales de dolor,
kamikazes inseguros con su carga de daño.

Podrías romperme con una palabra,
mi cuerpo esconde todo el llanto,

y sin embargo,
cada día,
flores y peces en la boca y en las manos.




Fotografía de Robby Cavanaugh