sábado, 20 de julio de 2024

Ana Vega



Esa forma tuya
de mantener la distancia
entre los dos.
Nosotros dos.
La lentitud con que te mueves
sin yo pedir nada.
La mirada suplicante
que en un solo minuto,
un segundo,
me recorre el cuerpo entero
en una avalancha hacia ti.
Quiero creer que tengo,
que poseo algo,
que tú estás en cierto modo,
en algún lugar
de mí
esperando siempre
la llamada, la invitación divina,
un simple acercamiento,
un abandonar distancias...
Nosotros dos.
Ambos.
Uno,
en alguna ocasión,
ciertos días.
La balanza que se equilibra
a golpe de caricia.
El desorden caótico
de no verte.

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sábado, 13 de julio de 2024

Ángel González



Breves acotaciones para una biografía
Cuando tengas dinero regálame un anillo,
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo,
pero luego no digas que no sabes lo que haces.
Haces haces de leña en las mañanas
y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
como te muevas te arrancaré el aroma.
Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte ésta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto.

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viernes, 12 de julio de 2024

Fernando Beltrán






Arenga

La guerra es dolorosa, absurda, necesaria.

Sin ella

no se puede vencer,

ni cambiar cada mes

el abrigo de piel de la moqueta,

ni comprar un cartón de tabaco escocés

una copa de llantas parabólicas

o un condón de ternura ultrasensible

para hacer el amor y no la guerra.

De: El gallo de Bagdad.


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miércoles, 10 de julio de 2024

Nicolás Corraliza

 


HORAS INDIFERENTES


En la calle se cruzan
desesperanza y dicha
sin mirarse a la cara.
Extraños tomando la ciudad
sobre arterías subterráneas
de corazón parado.
A veces,
entre la devastación y la furia
surge el poema.

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domingo, 7 de julio de 2024

Marwan



HAGO COSAS RARAS.

Digamos que hago cosas raras.
No me gustan los caminos rectos si no son hasta tu boca.
Por eso dí un rodeo hasta para olvidarte.
Y nunca quise olvidarte pero me va haciendo falta.
Y he seguido haciendo cosas raras.
He intentado descolgarme las heridas de la piel.
Igual que una camiseta de la cuerda de tender.
Lo mismo que un cuadro de un museo.
Volví a conducir rápido. Suicida.
Para adelantar de noche a mis temores.
Como digo, hago cosas raras.
Meto el llanto en los botes vacíos de la despensa.
Aún veo a la primavera temblar en nuestras fotos.
En las discotecas sólo hay fast food.
Ningún alma que llevarse a la boca.
Me hago un torniquete en los sentimientos.
Para que no se desboquen los recuerdos.
Por si no lo recuerdas, hago cosas raras.
Como me entere que duermes con otro.
Tendrán que ir a buscar a la comisaría.
Y corro, de un lugar a otro.
Mi cabeza ya lo entiende pero no mi corazón.
Corro hacia las piernas de la noche.
Corro hacia las sílabas de tu cuerpo.
Corro, corro, corro.
Pero si algo he entendido es que
se puede huir de todo menos de lo que se pierde.

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jueves, 4 de julio de 2024

-Ángel González -



Me basta así
Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando luego callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta).

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MIGUEL ÁNGEL YUSTA



Metro de París. Línea 6
Ella ha entrado en Picpus y se ha sentado frente a mí
Sus palomas cansadas buscan el regazo
mientras sólo me mira por un fugaz instante
(hay algo de eternidad en esa mirada velada de monotonía).
Los fluorescentes del vagón son incompatibles con el día gris.
Bel-Air, Dumesnil, esta línea seis me llevará tal vez a ninguna parte.
Quiero que siga ahí, sentada mientras cruzamos el Sena.
La línea seis aparece y desaparece como mi deseo de vivir,
túneles y tejados , estaciones llenas de negros cansados,
de blancos cansados, de ninfas con auricular y móvil,
de labios, ojos, formas, miradas. besos, caricias...
Quai de la Gare, no te bajes por favor, ya llegamos.
Déjame que te contemple furtivamente
porque hace tiempo que no sentía el estallido de la belleza en mi alma.
Los asientos de plástico marrón no saben de estas cosas
ni los anuncios de las estaciones
(sea feliz en Turquía por quinientos euros)
En la Place d’Italie se ha llenado el vagón,
hay un raro vaivén de gente azarosa y extraña.
Se la van a llevar y yo estoy muerto, atado a mi vida, en mitad de la seis.
Llegaré solo a Denfert-Rochereau...


(De Teoría de luz)

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