viernes, 24 de noviembre de 2017
Begoña Abad
No digo lo que pienso, por los niños.
No lloro delante de los niños.
Celebro las Navidades Corte Inglés, por los niños.
No me separo, por los niños.
Qué bueno es que haya niños
para echarles la culpa
y seguir…
jueves, 23 de noviembre de 2017
• María Gómez Martínez •
Nana palestina
Duerme, pequeño mío,
Ven a mis brazos,
Oye sólo mis palabras
Ven niñoamor,
que no hay nadie en la tierra de Dios
que no hay Dios en la tierra de nadie.
Aída Acosta
Es tiempo de limones
membrillos y naranjas
de la acidez del olvido
ya no tengo nada
que evoque tus manos
sólo un aire fantasmal
que es el recuerdo.
Desato los árboles de la memoria
y recolecto los frutos
para el túnel
de la despedida.
Si alguien me abrazara
tendría entre sus brazos
una nube de agua.
Aurelio González Ovies
Soy el desesperado, la palabra sin ecos,
el que lo perdió todo y el que todo lo tuvo.
PABLO NERUDA
Mi voz es el paisaje
que va echando de menos
las cosas que he perdido.
He nacido en un pueblo
y en el anonimato.
Mi vida se resume en aquel calendario
de números granates
donde mi madre iba
apuntando los partos de las vacas
y visitas al médico.
Fui más feliz que pobre
porque quien no conoce la abundancia
valora las minucias y los pájaros.
Desde niño la hora de las gaviotas
viene siendo mi reino
y el mar un no sé qué
-eternidad dios alma-
donde muero un momento cada día.
Así me veo ahora
cuando ya las gaviotas no conocen mi nombre
y la higuera envejece sobre la sed del pozo.
Mi casa, mis amigos, los míos, los de nadie.
¡Qué pronto somos soledad!
(La hora de las gaviotas)
Luisa Gómez Borrell ©
SOY GUITARRA EN TUS MANOS
Soy guitarra en tus manos,
en esta alfombra de silencios
que espera nuestro canto.
Me suelto entera a ti,
al placer de sentirte.
.
Son tus dedos adagios en las cuerdas
de mi vientre; caricias, que resuenan
en el zaguán del tiempo que vibra.
Encaje de temblor y desnudez
soy yo, en la espera del hallazgo
que palpita esta noche.
.
Afuera, el viento teje sus aullidos
sobre la luna que ilumina
nuestros cuerpos.
Transito con mi boca
la senda de tu piel, en este instante
que nuestra sed aflora
al vaivén del deseo.
.
Se desata tu voz, urdiendo verbos,
en la hora callada de las sombras,
junto a la plenitud que nos envuelve.
Y sacas música de mí
con la yema del gozo
que ya se ha vuelto sinfonía.
Soy guitarra en tus manos,
tú, la canción que tanto amo.
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