05 enero 2017

Javier Sánchez Durán





Es mi cómplice la noche,
la oscuridad que oculta los límites
y hace invisibles a mis dedos
con protección postiza
para abordar fronteras inalcanzables

con la luz del mediodía.
Es mi cómplice la noche
que desdibuja mis ojos de gato
y hace asequibles a mis labios
la piel inconfundible de quien amo
con lascivia infinita,
como un obsceno propósito
de hedonista irremediable.
Es el momento de la esperanza furtiva
para abordar tu cuerpo.
Es mi cómplice la noche
que colma de sabores y olores los espacios
con el misterio de ser libados
en la inconsciencia de su origen
con la ternura de la ignorancia.
Y llego hasta tí de improviso
con la impaciencia del enigma
de no saber hasta dónde llegan
tus constelaciones y tus soles
que queman mis adentros
con un ardor persistente
en los espacios sombríos.



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