14 enero 2017

Puri Teruel Robledillo






Os prometo que sobre mis manos
había un pozo de ternura.
Lo sé, porque las gentes
me miraban agradecidas y sonreían.
Os prometo
que de mis ojos la risa salía disparada de las cuencas,
y se posaban sobre los olivos en flor.
Y os prometo también
que mis pies no conocían las espinas.
No las conocían.
Tenían una piel sedosa,
libre de estrías.
Caminaban sin miedo,
siguiendo el horizonte.
Os puedo asegurar que fue así.
Después ocurrió la tragedia.
Me encuadernaron,
y me dejaron en la estantería más alta de la vida,
o puede que en la más baja,
no lo sé.



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