20 julio 2018

Fabiola Rubio






Esta es la última imagen que tengo de mi,
después de haber roto
con el que hasta entonces era mi presente, tu.
No sabía si era mi yo interior quien se veía reflejado
en aquel trozo de cristal
o el miedo de no saber seguir adelante
porque ya no formaba parte de ti.
Siempre dijimos que si en algún momento
nos sentíamos rotos,
nos abrazaríamos tan fuerte
que todos los pedazos quedarían
unidos como una misma piel.
No tengo miedo a cortarme,
ni al dolor que provoca tan fino material,
porque es más doloroso el no tenernos
como reflejo del amor que un día
descubrimos a través de un ventanal.
Te descubrí en una tarde muy clara
al ir paseando por una calle muy ancha,
de esos momentos en los que te da
por observar todo y cuanto te rodea
buscando tal vez una mirada cómplice,
un café y una conversación en mitad
de la soledad acompañada...
¡Quién me iba a decir, que en medio
de tantas caras extrañas, tu mirada y la mía
quedarían entrelazadas, gracias al cristal de una ventana!
Desde entonces mis ojos,
no quisieron mirar a otros ojos,
desde entonces para mí,
no han vuelto a existir tardes
tan hermosas ni claras.
Y ahora me veo solo
buscando en la profundidad de mi mirada
el cristalino de tus ojos...
siento que por los míos, la muerte pasa...



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