18 diciembre 2016

Angel L. Alonso





CAEN LOS OTOÑOS

¿No ves alma mía,
que en el viento,
se pierden tus besos,
y que vagan
hacia un destino
lejano e incierto?

¿No comprendes
en tu dolor,
que no hay afrenta
ni un sufrir mayor,
que llorarle
a la luna y al mar?

¿Es que no es suficiente
añorar su aroma
como rosas en primavera,
al caer los otoños
bajo los fríos inviernos,
sin que el verano te halle?

¿No crees alma y vida,
que necesitas olvidar
sus caricias en la noche,
y las cortinas de blanco raso
en las oscuras horas,
de las miradas del deseo?

¿Acaso piensas
que no está roto el corazón,
en el angustiado latir
sin que exista una razón
pues si parar pudiera,
presto se pararía?

¿Encuentras vida en la mirada
frente al espejo,
mientras lavas tu cara
con aguas frescas al despertar,
siquiera un halo o destello
en el reflejo inerte?

¿Aún sueñas que volverá,
irá a ti y besará tu boca,
mecerá tu cabello,
y te susurrará al oído
mientras te hace el amor,
desbocado de pasión?

¿Aún le esperas
fuera de toda razón,
sabiendo de su suerte,
conociendo que te espera,
en el osario de  su muerte,
condenado a la eternidad?





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