07 diciembre 2016

Carmen Martagón ©





Perder la voz


Escribir en papeles la rabia, el temor,
el desamparo sentido tras el robo,
la pena contenida que te ahoga,
el silencio del entorno,
desgarrado silencio.

La mano en la espalda que te empuja
te hace sentir pinchazos de alfileres,
miras con vértigo alrededor
y no ves de dónde viene la punzada,
sólo sabes del dolor.

No se secan las lágrimas
como no se seca el río en el verano,
siguen ahí, horadando la carne,
escondidas de miradas ajenas
que no entienden tus dudas, tu abandono, tu nada.

Te levantas y vuelven a tí las sacudidas,
no hay asidero que sostenga
el terremoto cruel de los cuarenta
y te levantas y caes
y no te quedan manos para asirte,
quedaron ocupadas, sin saberlo,
en otros menesteres ajenos.

Ya levantada,
con más rabia contenida que con miedo,
tomas papel y lápiz
y no sale de tí ni una palabra...







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