miércoles, 18 de febrero de 2026

Marisa Martínez Pérsico

 







Marisa Martínez Pérsico es una poeta y docente universitaria nacida en Lomas de Zamora, Buenos Aires, en 1978. Ha publicado los libros de poesía Las voces de las hojas (1998), Poética ambulante (2003), Los pliegos obtusos (2004), La única puerta era la tuya (2015), El cielo entre paréntesis (2017) y Finlandia (2020). También es traductora de poesía italiana contemporánea. Su abuela materna emigró de Galicia a la Argentina en 1938 y, gracias a la Ley de Memoria Histórica —que reconoce a los hijos y nietos de quienes perdieron la ciudadanía como consecuencia del exilio el derecho a solicitarla—, en 2009 optó por adquirir, junto a la argentina, la nacionalidad española. En octubre de 2021 obtuvo el XXIV Premio Internacional de Poesía Ciro Mendía (Colombia) por su libro Un cielo para los gatos.

LA PREGUNTA
Cuando crezcas,
¿qué te gustaría ser?
pregunto mientras por la ventanilla
se ven los faros rojos del mundo que se aleja,
como si un despegue brusco
nos lanzara
a un futuro más próximo
que el real.
«Ser maestra de baile»
«Cuidadora de cisnes»
«Jardinera de parques con columpio»
Si no fueras mi madre, ¿qué serías?
«No quiero ser un pájaro», te digo.
«Ni una lluvia con pez en un arroyo»
Quisiera ser,
María,
una pregunta.
Una duda sin bordes más allá de mi voz.
Vivir de labio en labio de quien sufre un misterio,
de quien peina ilusiones con cuidado,
del que ignora.
Ser una boca abierta a la sorpresa.
¿Dónde oculta
el escombro su guarida?
¿Quién desnuda las ruinas que se amaron
sin grieta, con verdad?
Yo quiero ser esa pregunta
en donde quepan todas la mentiras
que nunca se respondan,
como este vuelo apenas suspendido
entre las nubes, sin luces
a la vista, se propulsa, en sordina,
hasta el final.
Quisiera ser pregunta pero voy en silencio.
Lo más dulce es callar,
volando juntas.

Alicia Correa Castelo

 






Manos ...
que acarician mis mejillas
antes de besar
Manos que aman en silencio
que se deslizan por mi cuerpo
y lo erizan ...

He besado tus manos
las he lamido
he estado entre ellas
me han sujetado a ti
y me han amado

Manos ...
benditas manos
esas manos
tus manos
llenas de pasión
nerviosas ...
Salen a mi encuentro
y me miran ...
Si , tus manos me miran
cuando me recorren
y juegan con mi piel
Bellas manos
incansables manos ...
que aletean
y me hacen volar .

Luis Rosales

 






AUTOBIOGRAFÍA



Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que más quería.



Anabel Cáceres

 


 





16 DE MARZO


Somos el capricho
de unos pájaros locos,
que vuelan bajo el influjo del km,
su bandera,  el tiempo,
la tuya,  la quimera.
Somos la vorágine de otros,
la sentencia sin culpa,
una maraña de hierros,
una frontera al nunca jamás
o la esperanza de unas manos,
la seguridad que aflora y protege,
la locura envuelta en seda,
cobijando,  sin daño.
Un claxon despavorido,
un eslabón suelto,
la parada sin retorno, 
o quizá,  otra lección por montera.
Fuimos escaladores de nubes
sin pisar el suelo firme,
la hambruna del asfalto
que traza frontera,
esa,  que no traspasamos.
Nacimos entre gotas saladas y chasis.
Fuimos,  visitantes a mesa puesta.
El segundo pasó,
con los puntos y comas de una vida,
hasta despertar,  en la existencia.






lunes, 2 de febrero de 2026

Julia Gutiérrez




























































Contra la indiferencia masticable
que no detiene
este sentimiento empeñado
en seguir destilando amor
hasta formar una nube
desgarrada
que vuelve a lloverme encima
cristalizando recuerdos
llevándome de vuelta a ti
sin anestesia,
aprieto los labios
y los puños
luchando conmigo misma.
Soy entonces una sombra
que no alcanzo con la mano,
un grito silenciadamente
arrítmico,
una boca-tumba que sepulta
tu nombre,
un corazón derrotado que agoniza
gota a gota sus miserias.
No quiero que latas más.
Yo te detengo.