viernes, 20 de octubre de 2017

Aurelio González Ovies






La rucha

Nadie responde

Preguntas que surgen en momentos de duda



Nadie responde 
Esta luz de la vida a qué se debe? ¿Por qué despiertan hoy las rosas tan radiantes? ¿Quién se encarga, temprano, de verter la belleza? ¿Qué fluye en mi interior con aspecto de bruma? ¿Qué empaña mis sentidos? ¿Por qué esta terquedad, por qué esta obsesión mía en apagarme? Abre el hermoso día con su canto de pájaros. Noto al alrededor mío formas, volúmenes, trazos mucho menos fingidos que mi cuerpo, mucho más duraderos que mi carne. ¿A quién le pertenece esta mirada? ¿De quién son estas manos que avalan lo que ocurre? ¿Por qué vuelco en mi sombra la piel que me define, el breve albor de mí? ¿Adónde he de llegar sin ser lo que detesto? ¿Cuándo seré capaz de hacerme frente, oírme, sentirme y aceptarme?

Y el tiempo? ¿quién dirige sus bridas inflexibles? ¿Hasta dónde conducen sus ansias insondables? ¿Por qué perdura más la llaga de su huida que la plata posible de su actualidad? ¿En qué se fundamenta su tarda prontitud? ¿Por qué recuerdo tanto lo que no hemos vivido? ¿Por qué añoro mañana lo que ahora aborrezco? ¿Cuándo es muy pronto o ya, definitivamente, tarde? ¿Por qué voy hacia atrás, quién me llama a menudo; qué resplandor es ese que se derrumba allá, como un alud inmenso de memoria? ¿Es esta la manera de no asentirme nunca? ¿La más honesta muestra de mi desconfianza? ¿Acaso una condena tal como la costumbre, el tedio, la indolencia, la angustia o el carácter?


¿Cómo sé cuánto amor me queda junto a ti? ¿Cómo inserto más yo en las causas que te hacen desearme? ¿A quién elevo el resto de la voz que te he dado? ¿Podremos terminar a la vez el trayecto? ¿Por qué no nos revelan el fin desde el principio? ¿Y si así fuera, entonces te admiraría más hondo, sabedor de la marcha? ¿Te encontraría de nuevo, incluso mucho antes? ¿El adiós nos limita; nos condiciona esta precaria permanencia? ¿Percibimos el aire, conscientes de la asfixia? ¿Evocamos el humo cuando se desvanece? ¿Contorna nuestros ojos la muerte inevitable?


Tantas incertidumbres para tan nimio lapso. Tanto dolor intenso en tantos corazones. Tan grande humanidad con tan poco coraje? ¿A quién interrogar? ¿A quiénes requerir que rindan cuentas? ¿De dónde esta negrura, este incesante acoso quién lo nutre? ¿Quién abastece el mundo con su maleficencia? ¿Quién hay? ¿Qué es este silencio? ¿Quién lo escribe en mi nombre? ¿Qué señales debiera pronunciar su mudez? Nadie responde. Nadie.

no le llames amor-MANUEL LOMBO

Aretha Franklin - Border Song (Holy Moses)

LOLA FONTECHA


DUELE EL OLVIDO, MADRE



Duelen los días, madre,



traspasa la piel el frío de tus manos en mi cara,



y rompe el alma



tu mirada perdida en el horizonte del olvido.




Duele el gris que anida sobre azul en tus ojos.



El silencio sin memoria enfadado con el mundo,



grita a los cuatro vientos



por haber perdido el mapa para llegar a ti.




Madre, me duele ver



que has dejado de mirarte al espejo



por miedo a no reconocerte.




He perdido el norte, madre,



los olores derrocharon significados



en el tropiezo de tus pies sobre la remembranza.




El papel de tu recuerdo ha quedado níveo,



tragando las letras del pasado,



y mi nombre se ha desorientado



jugando al escondite entre palabras olvidadas,



temblando como una hoja.




Hoy, el agua de la lluvia en mis ojos,



ha borrado la huella de tus pasos.



La melodía de tu nana ya no acuna mi sueño



porque la luna se olvidó de salir.



No hay marea, madre,



las coquinas quedaron olvidadas en la playa,



ya nunca más serán recogidas por nuestras manos



ni las olas del mar nos empujarán para sonreírle a la cara.




He amontonado los recuerdos en un cajón,



de él iré cogiendo aquello que precise



para no olvidarme de ti.




Duele tu olvido, madre,



por ello voy a restituir a tus pasos los colores



que permanecieron en el camino falso,



creado por la imaginación en blanco…



jueves, 19 de octubre de 2017

María José Gutiérrez Sánchez




UN DÍA CUALQUIERA

Un día cualquiera
el pan no está sobre la mesa,
no está el padre sentado,
ni se le espera.
No quedan libros, ni estantes,
se vendieron para apaciguar
la voz anarquista del hambre.        

Un día cualquiera
lucha insomne la madre,
remienda los fracasos
y afila concienzuda los lápices.
No quedan libros en la casa,
por eso ella, con esmero,
a escondidas los redacta.

Un día cualquiera
en mi particular patria,
amanece aun de noche y
duelen las manos de usarlas.
En las ventanas las banderas
¿jugará la selección
o jugará el Madrid-Barca?

Un día cualquiera,
la tierra será mía
en lugar de ser yo su esclava;
ni en campo santo tengo vara.
No voy a perder más hijos
por defender la casa de otros
que tienen la sal sobre la mesa
y fila primera en la playa.

Un día cualquiera,
te pondrás bajo mi cielo,
olvidadizo de lluvia,
y entenderás mis palabras.




PROBE DE MI - DIEGO CARRASCO

Ramón Llanes Domínguez





ZAPATOS MOJADOS


Se me han mojado los zapatos
con agua de otoño
mientras caían gotas
como dátiles
en la avenida larga
de mi querencia,
he sentido la lluvia
como una lágrima
correrme de los ojos
a los labios
y te he vuelto a pensar
en la sonrisa
teniendo idéntica ilusión
que en aquel otoño lejano
que enamoró
nuestros sentimientos.
Y se me han mezclado
las lágrimas
con los recuerdos.