viernes, 15 de junio de 2018

Luis García Montero





El amor difícil




Quizá tú no me viste,
quizá nadie me viese tan perdido,
tan frío en esta esquina. Pero el viento
pensó que yo era piedra
y quiso con mi cuerpo deshacerse.

Si pudiera encontrarte,
quizá, si te encontrase, yo sabría
explicarme contigo.

Pero bares abiertos y cerrados,
calles de noche y día,
estaciones sin público,
barrios enteros con su gente, luces,
teléfonos, pasillos y esta esquina,
nada saben de ti.

Y cuando el viento quiere destruirse
me busca por la puerta de tu casa.

Yo le repito al viento
que si al fin te encontrase,
que si tú aparecieses, yo sabría
explicarme contigo.



Virginia Quiroga








DESPERTAR




¡Quédate!...no huyas y
cobíjate en mi letargo.
¡Despierta!...vagaré en la mañana
buscando tus miedos...
abrazando tu alma.

jueves, 14 de junio de 2018

Andrés Carlos Méndez Perez



Dime desde donde llegaste,
porque un día te despertaste por aquí.
Quiero ver a través de tus labios,
brindo por respirarte, ebrio de sensaciones
añoro los años que negué tus manos,
las noches que no te dediqué mis sueños,
los días que escondí tus miradas.
Llévame contigo,
beberé de cada palmo tuyo,
lloraré con tus risas,
aplaudiré cada una de tus penas,
acompañaré tu soledades,
Déjame seguirte…
no quiero que nunca dejes de mirarme así.


Foto de bego82 

Gema Estudillo



LA OSCURIDAD


vuelves a la oscuridad
al brillo de la niñez
y a las risas
a la voz del panadero
que te atrae presuroso
hacia la cerca
sueñas
y el balido del carnero
te devuelve hasta la fuente
vas sintiendo
el calambre de tu pierna
ahora más intenso
y un sudor extraño
cala
hasta la caña
el hueso
se lo has dicho
y una arruga nueva
ha aparecido en su frente
sueñas
y en la noche has escuchado
el canto del vencejo
es ahora su mano
la que huele a leche fresca
fuera
la luz alborea
ladra el perro
pero aún hay tiempo


de "Complementos circunstanciales"

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Antonio Colinas



PARA OLVIDAR EL ODIO
    (11 de marzo de 2004)


      Acaso lo más duro y lo más cruel
no sea el abrir violentamente
lo negro en lo blanco:
en la armonía el caos,
en ojos inocentes un cuchillo de ira,
en los labios más tiernos de juventud
la muerte.
Acaso lo más duro sea el odio:
ese odio que establece diferencias,
ese odio que se mama en pecho de odio,
ese odio que se enseña y que se aprende,
que enarbola banderas como pústulas
y que niega brutalmente el amor.

    ¿Hasta cuándo en el mundo la dualidad más cruel,
la ausencia de armonía?
Nuestra patria es el mundo
y, en él, nuestros pulmones
inspiran armonía y espiran honda paz,
inspiran honda paz y espiran armonía.
Por eso, hoy sabemos ya muy bien
que, como primavera temprana,
como ojo inocente, como labio muy tierno,
nunca cesa esperanza de germinar: lo hace
con mayor rapidez que las mareas de sangre.

    Este jueves de marzo no llovía
lluvia de odio:
llovían manos mansas,
que a todo y hacia todos se tendían,
suavemente,
como marea de música,
sólo para sanar, para sanarnos.

    Por nada cambiaremos esa lluvia de manos bondadosas.
Son las manos de un fuego que es amor,
un fuego que no quema.
Son esas manos que siempre se entregan
y que nunca reniegan de palabras, ideas, sentimientos.
Marea del amor, más poderosa
que el odio que se mama y que se escupe,
que la sangre violada.

    Muchacha muerta que en la fotografía
levantas dulcemente tu rostro hacia el cielo,
muchacho muerto que pones tu oído en la tierra
como para escuchar sólo música:
estáis, en realidad, durmiendo, durmiendo, durmiendo.
No turbéis más su sueño.
No turbéis más sus sueños.


                                               (De Desiertos de la luz, 2008)

miércoles, 13 de junio de 2018

Esperanza Medina





 
nos gustaba rodar sobre la hierba,
observar los insectos,
los renacuajos antes de que se hiciesen ranas.
Mirar a las mujeres que tendían la ropa,
despertar la pereza de las horas completas,
las que pasan sin miedo a que nada se acabe.

Esperar que tu madre gritase «la merienda»
y volver a la calle del pan con chocolate.

Las tardes infinitas,
los lugares perfectos,
donde habitaban juntos los grillos y el asfalto.

Se podía pasar de la ciudad al campo sin salir de mi calle.
Se podían vivir las vidas de los libros,
o inventar otras nuevas.

Los amigos valían más que cualquier juguete,
la aventura esperaba siempre en las escaleras,
que bajabas deprisa sin usar pasamanos ni barandilla alguna.
Quién necesita apoyo cuando se siente inmune a todo lo que duele.

La galbana jugaba con la risa y al corro,
a la queda, al cascayo,
a la goma y a todo.

La galbana agotaba la luz de cada día,
y encendía farolas y bombillas y lámparas,
y nos llevaba a casa a cenar y a la cama.
Un lapsus solamente, la mañana volvía.
Y volvía otra vez cargada de pereza,
de carreras y olores.
Y había primavera,
y verano.
Así sería siempre, estábamos seguros.

Entonces no sabíamos que hay cosas que terminan,
personas que abandonan,
miedos que no nos dejan vivir esa pereza con gozo y sin recortes.
Entonces el presente pesaba como el oro, se medía en quilates,
ni el antes ni el después tenían importancia.

Ahora el pasado duele,
por su propia inconsciencia,
y por esta certeza de haberlo ya perdido.
Condiciona el futuro todo lo cotidiano
porque asusta saberse inseguro y finito.

Ahora necesito coger la barandilla,
mirar los escalones y no pisar en falso.
Sentirme cuidadosa, forzar el optimismo.
Y necesito, al menos cada una o dos semanas,
como una medicina que sosiega el cerebro,
volver a la pereza inútil de la infancia,
desconectar el ritmo circular de mis pasos
y escribir estas cosas,

que no sirven de nada.


Uberto Stabile




HÉROES Y TUMBAS


Y llegó el joven héroe
con el sexo abierto
y los brazos mutilados
y una muñeca sin cabeza cosida
al cuero de su maldito corazón.
¿Qué esperaban?
Tengo flores para todos los gustos
y siempre piden las mismas.




Jeremy Lipking - 21


Ilustración: fragmento de una pintura de Jeremy Lipking