lunes, 19 de noviembre de 2018

José Puerto Cuenca





PLATÓN  TE  LLAMA
(Publicado en la revista “Espacio Habitado”, Sevilla, octubre 2011)



«Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre
 y eso es lo que realmente somos.»
José Saramago: Ensayo sobre la ceguera.




Hermano sal, no temas,
deserta de esta cueva,
deja que te desate los ojos y las manos,
desenreda las piernas,
 desentumece el alma,
aunque te cueste, álzate
 y atrévete a escalar
este espeso pasillo que amasan las tinieblas;
hermano,
         sube,
            mira que el sol te está esperando.
Hermano sube, yergue
tus huesos, tu entrecejo,
camina, tente arriba;
domina tus temblores
y aunque te tambalees,
dirígete a tu estrella,
con los miembros dispuestos y el ansia en los pulmones,
busca inhalar el soplo del cosmos que te llega
en hilos delicados,
calientes,
                       ambarinos…


Las sombras que tú crees la verdad aquilatada
no son más que artimañas que luchan por tenerte
esclavo de una noche que burla tu destino
y alimentan su ser de tu engaño angustiado;
no son más que reflejos de farsas,
temerosas
del triunfo de la luz sobre tu fontanela;
temen que al fin enfoques tu vista sorprendida
en colores y en bordes que nunca habías soñado;
temerosas que notes la trama,
la red cósmica
que todo lo penetra y que todo lo sostiene,
que todo lo equilibra desde afuera hacia adentro,
desde abajo hacia arriba,
de lo nimio a lo inmenso.


Por eso no te quedes sentado en la penumbra
barruntando presagios de barro y de ceniza,
no resignes tu frente a este duelo de arcilla
ahumada en el añejo sudor de la impotencia;
levanta tus pupilas,
estira tus alcances,
eriza tus sentidos y alarga tus antenas,
tente de pie sin miedo,
                                                           echa a andar con firmeza;
no temas a caer;
que si caes,
 tu caída
será leve,
 el tropiezo te servirá de avance;
y aunque la luz al pronto te deje casi ciego
y te sientas violado en las cuencas de los ojos,
no cedas,               no te ahogues,             respira,            sobreponte.


Hermano,
sal sin miedo de esta oscura caverna,
que tienes la otra orilla a la última zancada
no te mantengas preso en los chorros de aire negro,
 no malvivas esclavo de los miedos ajenos
    ni olvides que viniste a agrandar a Dios contigo.
Hermano no te venzas,
tú nunca te traiciones,
no des tu voluntad a torcer aunque te duela,
no dejes que la sombra te gane la partida,
que ese mar que lloraste ya limpió tus ventanas;
y si duró la noche fue por parir al alba
la esencia que fraguó tu camino y tu morada.


Que el sol te está esperando,
no tardes, que amanece,
que te conocerás en tu talla y tu tamaño,
busca dentro de ti la simiente que te estira,
la fe que te sembró,
 ese punto de luz densa
que teje tu verdad y que eriza tus estambres;
espera a que tus sienes la descubran y crezcan
y se rompan tus moldes y los moldes de afuera.
Descubrirás tu traje, tu casa, tu altozano,
tu tiempo sin agujas, tu valle sin mesura,
conocerás la tribu escondida que te encumbra
y el círculo de reyes que te estará aguardando…
Instálate en el centro de tu estancia dorada,
apacigua tu imperio y enciende tu corona…


                                                                 José Puerto Cuenca
                                                           http://puertodepoesia.blogspot.com

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