viernes, 20 de septiembre de 2019

Juana Castro



Dispuso sus cabellos,
sacudió las pavesas oscuras de los ojos,
midió sobre sus yemas una brizna rosada,
soltó la falda triste 
y apareció desnuda.
Ni diosa, ni dulce ni serpiente.
La verdad de su carne,
sola en lluvia o en tacto.
Memoria de la hierba, 
desde el talón tensada.
Alisó una última 
estela fervorosa 
y supo, inexorable, que no existe 
Paraíso o espadas.


          (De Fisterra)

No hay comentarios:

Publicar un comentario