miércoles, 4 de julio de 2018

Jose Carlos Arellano Ramos




La Semilla.


Quién sembró la vida en los campos de la tierra?
Quién es capaz de cortar de raíz el árbol sagrado de la vida?
Anochecer en ojos cerrados.
Clarividencia del amor.
Semilla que se entierra.
Flor de primavera en invierno.
Sol que mece la cuna.
Luna que amamantas las noches.
Milagro que reprime la ignorancia.
Fruto querido u odiado?
Que dilema....
La Vida está presente...
La Vida se hace curso en su propio camino.
El Amor riega esos campos antes baldíos.
El jornalero suda ante el calor asfixiante de la responsabilidad....
Agua le llueve del cielo de su alma.
Bendito el que ama sin pedir nada a cambio.
Bendito el que valora el grano germinado.
Bendito quien ama a la vida.
Bendito el que ama al amor.






martes, 3 de julio de 2018

Brenda Lopez Soler



Sólo tengo la palabra para que te quedes.
En este sagrado territorio sin espacio.
O es que quizá, es todo el espacio mismo.
Y no tenemos ojos para verlo, o no sirven.
Porque desborda todas las viejas razones de la tierra.

Y ni siquiera tengo la voz ni el gesto.
Ni el cuerpo ni el sueño.
Ni nada de lo conocido,
Para mostrártelo y que me muestres.

Cómo es posible entonces que sigamos aquí.
Y que te quedes sin entrarnos.
En esta extraña concupiscencia sin límites .
Ni labios ni manos.
Ni sexo de desordenadas sábanas blancas,

Debe de haber algo ancestral y milenario.
En lo que defiendo y defiendes.

- O es esto todas las razones del silencio, y quererte -


Maria Luisa Blandón Morales



NANA MARINERA


Gaviota que vuelas
sobre las olas
no molestes al niño
que ya no llora.

Gaviota que vuelas
sobre la playa
no molestes al niño
que ya se calla.

Viene una ola
de blanca espuma,
viene otra ola
mece la cuna.

Mi niño se ha dormido
sobre una ola
Y yo quiero que duerma
hasta la aurora

Gaviota que vuelas
sobre las dunas
no despiertes al niño
que está en la cuna.

Gaviota que vuelas
con tus graznidos
no despiertes al niño
que se ha dormido.

Viene una ola
de blanca espuma,
viene otra ola,
mece la cuna.




Jose María Parreño





Descálzate...


Descálzate
los ojos:
el mundo es un jardín
de páginas
o un libro

¿qué sabría
si no fuera por él?

¿de quién habría aprendido
tolerancia y bondad
sino del suelo
que lo mismo alimenta
la ortiga que el jazmín?

si no fuera por la noche
y el alba
¿cómo habría tenido la certeza
de que nada termina
de que todo termina
de que se llora hasta la última lágrima
y luego nos despierta
la serenidad?

¿cómo habría escrito versos
sin escuchar el ritmo
de la lluvia?
¿cómo habría escrito prosa
sin haber visto que la nieve contaba
de manera distinta la ciudad?
¿de quién aprendí humor
sino de nubes?

¿de quién paciencia más que del almendro
que espera el año entero
por un día?

¿de quién pasión más fiel
que del torrente:
cada deshielo
buscando sin dudar
el mismo cauce?

¿generosidad de quién sino de octubre
que marcha hacia el invierno
derrochando en monedas
el oro
que ganó bajo el sol?

¿de quién sabiduría más que del paisaje
que en cada ocasión se las arregla
para hacemos anhelar
lo que inexorablemente
le sucede?

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lunes, 2 de julio de 2018

Ángel Guinda





La mirada


Lo mismo que una llave abría el aire
a los misterios de la transparencia.

Me convocaba igual que una ventana
o una cita del cielo con el mar.

Podía haber vivido en su fulgor
o esperar a morir como un naufragio.

Porque aquella mirada no era de unos ojos
y aquellos ojos no eran de ningún mundo.



(de Caja de lava)



Begoña Abad,

 




SUEÑOS DE LEVADURA




Puso harina, agua, sal, levadura y comenzó a amasar dulcemente, con energía, pero dulcemente.

El pensamiento se le iba y venía hacia el lugar exacto en el que la había colocado desde el instante en que se cruzó con ella.
Cada día volvía a encontrarla a esas extrañas horas en las que él acudía a su trabajo y ella… Ella quizás regresaba del suyo. Aún no sabía nada de ella, pero sus pasos eran como una danza por las calles vacías, por el suelo mojado de la madrugada. Su sombra siempre parecía azul y al cruzarse hubiera jurado que olía a campo en primavera.
Era mujer de redondas caderas y dorados cabellos, era como el trigo dorado, como el harina suave, como la levadura menuda y el agua transparente.
Aquella mañana todos los panecillos de la panadería de Damián tuvieron forma de mujer.

© María Luisa Domínguez Borrallo.




FLANCOS CUBIERTOS

El enemigo vuelve
de las sombras a mis caderas,
al camino estrecho de mi cintura.
El sexo y las pupilas se dilatan,
un polvo más en la recamara.
La última bala aún bucea
entre mis piernas y huelo a pólvora.
Huelo a él,
a mí,
huelo a batalla.
Shhhhhhhh
Dejad que el amor duerma.


©Fotografía de Antonia María Peralto
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