domingo, 5 de enero de 2020

Vicente Aleixandre.



Al cielo


El puro azul ennoblece
mi corazón. Sólo tú, ámbito altísimo
inaccesible a mis labios, das paz y calma plenas
al agitado corazón con que estos años vivo.
Reciente la historia de mi juventud, alegre todavía
y dolorosa ya, mi sangre se agita, recorre su cárcel
y, roja de oscura hermosura, asalta el muro
débil del pecho, pidiendo tu vista,
cielo feliz que en la mañana rutilas,
que asciendes entero y majestuoso presides
mi frente clara, donde mis ojos te besan.
Luego declinas, ¡oh sereno, oh puro don de la altura!,
cielo intocable que siempre me pides, sin cansancio, mis besos,
como de cada mortal, virginal, solicitas.
Sólo por ti mi frente pervive al sucio embate de la sangre.
Interiormente combatido de la presencia dolorida y feroz,
recuerdo impío de tanto amor y de tanta belleza,
una larga espada tendida como sangre recorre
mis venas, y sólo tú, cielo agreste, intocado,
das calma a este acero sin tregua que me yergue en el mundo.
Baja, baja dulce para mí y da paz a mi vida.
Hazte blando a mi frente como una mano tangible
y oiga yo como un trueno que sea dulce una voz
que, azul, sin celajes, clame largamente en mi cabellera.
Hundido en ti, besado del azul poderoso y materno,
mis labios sumidos en tu celeste luz apurada
sientan tu roce meridiano, y mis ojos
ebrios de tu estelar pensamiento te amen,
mientras así peinado suavemente por el soplo de los astros,
mis oídos escuchan al único amor que no muere.

Abel Ochoa


Ne me quitte pas (No me dejes)


Bésame a cambio de cualquier afrenta,
que en insomnio se volvió este deseo
tan febril, tan brutal, tan maniqueo.
Dame tus migajas, mi muerte es lenta

y mi corazón está lleno de hambre.
En este lúdico amor ya ganaste,
cierra la llaga que una vez curaste
y cómete este, ya añejado, fiambre

aunque sea por una noche negra
con persianas cerradas, que la luna
no vea estas dádivas en tribuna
mientras que este pobre ser se reintegra.

Me invento tu dulce boca rojiza
arrancándome con tirria mis ropas
pero me siento desnudo; en estopas,
sin libertad, cubierto por cenizas.

Abrázame por la espalda, si quieres,
luego clávame el puñal de la apatía.
Cuando Dios algún día te hizo mía
teniendo arriba tantos menesteres;

comprobantes, facturas, mil castigos,
yo acá jugándome la única vida
y mi corazón en otra guarida.
¡Contigo tuve todos los abrigos!

¿Para qué quiero dormir si te sueño?,
¿para qué beber si ya no me sacio?
(sólo con la fuente de tu palacio),
¿cómo ver con los ojos del desdeño?

¿Para qué vivir si muero? Quizás
otros maldigan este amor bendito,
¿cómo escuchar? si sólo te repito:
ne me quitte pas, ne me quitte pas…


sábado, 4 de enero de 2020

GIOCONDA BELLI

 





Cómo pesa el amor

Noche cerrada
ciega en el tiempo
verde como la luna
apenas clara entre las luciérnagas.
Sigo la huella de mis pasos,
el doloroso retorno a la sonrisa,
me invento en la cumbre adivinada
entre árboles retorcidos.
Sé que algún día
se alzarán de nuevo
las yemas recién nacidas
de mi rojo corazón,
entonces, quizás,
oirás mi voz enceguecedora
como el canto de las sirenas;
te darás cuenta
de la soledad;
juntarás mi arcilla,
el lodo que te ofrecí,
entonces tal vez sabrás
cómo pesa el amor
endurecido.

Luis García Montero,


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Problemas de geografía personal
Nunca sé despedirme de ti, siempre me quedo
con el frío de alguna palabra que no he dicho,
con un malentendido que temer,
ese hueco de torpe inexistencia

que a veces, gota a gota, se convierte
en desesperación.
Nunca se despedirme de ti, porque no soy
el viajero que cruza por la gente,
el que va de aeropuerto en aeropuerto
o el que mira los coches, en dirección contraria,

corriendo a la ciudad
en la que acabas de quedarte.
Nunca sé despedirme, porque soy
un ciego que tantea por el túnel
de tu mano y tus labios cuando dicen adiós,
un ciego que tropieza con los malentendidos
y con esas palabras
que no saben pronunciar.
Extrañado de amor,
nunca puedo alejarme de todo lo que eres.
En un hueco de torpe inexistencia,
me voy de mí
camino a la nada.



viernes, 3 de enero de 2020

Eloy Sánchez Rosillo











La luz

     No se puede prever. Sucede siempre
cuando menos lo esperas. Puede pasar que vayas
por la calle, deprisa, porque se te hace tarde
para echar una carta en correos, o que
te encuentres en tu casa por la noche, leyendo
un libro que no acaba de convencerte; puede
acontecer también que sea verano
y que te hayas sentado en la terraza
de una cafetería, o que sea invierno y llueva
y te duelan los huesos; que estés triste o cansado,
que tengas treinta años o que tengas sesenta.
Resulta imprevisible. Nunca sabes
cuándo ni cómo ocurrirá.
                                                     Transcurre
tu vida igual que ayer, común y cotidiana.
"Un día más", te dices. Y de pronto,
se desata una luz poderosísima
en tu interior, y dejas de ser el hombre que eras
hace sólo un momento. El mundo, ahora,
es para ti distinto. Se dilata
mágicamente el tiempo, como en aquellos días
tan largos de la infancia, y respiras al margen
de su oscuro fluir y de su daño.
Praderas del presente, por las que vagas libre
de cuidados y culpas. Una acuidad insólita
te habita el ser: todo está claro, todo
ocupa su lugar, todo coincide, y tú,
sin lucha, lo comprendes.

                                                      Tal vez dura
un instante el milagro; después las cosas vuelven
a ser como eran antes de que esa luz te diera
tanta verdad, tanta misericordia.
Mas te sientes conforme, limpio, feliz, salvado,
lleno de gratitud. Y cantas, cantas.
 

Ernestina de Champourcín




Estás



Y estás: en el vacío
y en la ausencia presente,
en la que es y vive
sin dejar de ser única
oquedad invisible
con raíces eternas.
No hay mundo que la llene
pero sí algo vivo
que la besa y la calma.   

jueves, 2 de enero de 2020

Jorge Guillén




SalvaciÓn de la primavera

       

Ajustada a la sola
desnudez de tu cuerpo,
entre el aire y la luz
eres puro elemento.

              
¡Eres! Y tan desnuda,
tan continua, tan simple
que el mundo vuelve a ser
fábula irresistible.

              
...Mi atención, ampliada,
columbra. Por tu carne
la atmósfera reúne
términos. Hay paisaje.

              
Esos blancos tan rubios
que sobre tu tersura
la mejor claridad
primaveral sitúan.

              
Es tuyo el resplandor             
de una tarde perpetua.
¡Qué cerrado equilibrio
dorado, qué alameda!...)