martes, 24 de diciembre de 2019

Antonio de Padua Diaz


La imagen puede contener: Antonio Padua Díaz Sánchez, sonriendo, barba

Cuando el sol inunda las entradas de mi casa
sé que estás a mi lado
porque tu piel de él forma parte,
hueles a papelería antigua,de otros tiempos,
a lápiz de madera y grafito,
en tu alma ecológica recoges a pobres diablos
y con mano izquierda lirios azules,
besas a los amigos con tu boca poderosa
y a los hombres,con la mirada.
Siempre creo que formaste parte de mi vida
y jamás te he vivido,
como naúfrago solitario te espero
agarrado a la madera de lo poco que me queda:
unos cuantos poemas,cinco corbatas y mis libros preferidos,
no sé si existes tú,isla María,
en mis versos o en mi deseo,
pero hoy tu nombre se hace agua en mi boca
y a diario lo pronuncio,
volver a soñar con imposibles a tu lado,
pasear por las ciudades enlazados
y que en los hoteles nos conozcan por señores amor,
si algún día te puede la nostalgia
en el borde del mar búscame,
siempre te espero en la arena,allí donde nace el infinito.




Pablo Mora


Para qué la poesía
Pablo Mora


Para revivir cada día

Para revivir cada día


Alegría, alborozo, en orden a la obra colectiva en cierne. Sociedad Poética que nos confirma que la existencia no es más que un plagio (Moravia) y que todos los poetas escriben las mismas cosas con uno que otro colorido. Poesía, Sociedad Anónima. Tal vez la única continuidad de la Poesía sea ese hormigón profundo que, de siglo en siglo, establece una solidaridad poética universal. Sólo existe un poema y un poeta y hasta una sola palabra para los hombres y los libros que existen, existieron o existirán. Un mismo hombre converge con el otro, océano de por medio, con la misma angustia, con el mismo dolor, para ver eidéticamente la misma gota de lluvia deshojada en la trinchera, en la vanguardia, en las barracas de la guerra cotidiana.
Un pedazo de pan para los pájaros. Un alarido entre la guerra. La imagen vegetal de la lechuga. Un alpargata recibiendo sol. La sílaba final del viento... Sed de viento, de maíz, de pan. Palabra, cosa, huella, sombra y pólvora. Risa loca, risa engatillada. Atropellada rabia... El paso de Mercurio adolescente. O Marte espantadísimo del hombre... Siempre sola, oculta, detrás del misterio mientras murmura alrededor la noche... Crezca en tus manos la raíz del hombre. La paz sea contigo hasta en la guerra.
"Comarca de utopía para morar". Errabundaje, trashumancia del hombre que mira hacia la estrella. Lucha al pie del hombre, diariamente, por saber para qué se hizo, para qué sirve la palabra; si sirve para algo la alegría, si creen las espigas en el hombre, si vale la palabra todavía... La palabra siempre. En la punta del tiempo navegando. Cabalga que cabalga en las tinieblas
La medida justa del misterio humano... arma cargada de futuro... Jaula de cristal, hembra jadeante... Espuma de la noche, temblor de espuma, pie de sol enfurecido. Piedra de los dioses, sueño de la piedra, piedra de los sueños... Fecunda entraña de la luz... Lo más alto del hombre, el asombro... ¡Antes del Alma fue la Poesía!
Por sinfronismo, por el deseo de que algún día, en alguna parte, alguien reviva nuestros sueños, alegrías, pesares, arrecheras, creencias y esperanzas. Por arte y juego, por jugar al adivino y proponerle adivinanzas o prepararle trampas al tiempo que se esconde en los pañuelos. Por evasión, a pesar de tanta horripilancia en la nariz o en la bragueta. Por ansia de inmortalidad, quedando bien sembrado aquí en la tierra como nuestro perro en el jardín, donde nos oye, desde que el día amanece. Por compromiso, porque quien escribe debería ser un soldado armado para protegerse de la muerte con pistolas cargadas, capaces de hacer que cada hombre tuviese que inventar cada día su propio día, como a Sartre gustaba. (Raúl H. Castagnino). 

Abelardo Linares

La imagen puede contener: 1 persona, sentado e interior

EN LA MAÑANA DEL MUNDO

Apenas la caricia de tu mano.
Mi piel es de cristal cuando me tocas.

¿Qué apaciguada luz, qué temblor hecho brasa
se deslíe en mis ojos si me miras?

¿Dónde hiere tu risa y por qué hiere
si con ella me abres la mañana del mundo?

Tu existir me hace un dios y tú me creas.
No hay mayor claridad ni otro misterio

lunes, 23 de diciembre de 2019

- Julia Gutiérrez








Podríamos ajustar nuestros versos
afinar el poema en tardes como esta
en la que la poesía llama a mi puerta
pero pregunta por ti,
corretea por la casa como una loca
y porque te intuye, te busca,
rastrea tus huellas siguiendo tu olor.
Y ahora se ha ido, justo antes de que yo
escriba una sola letra.
Sabe que si encajáramos una estrofa tuya
con un fragmento hecho por mí,
serían ellas, las palabras, quienes dijeran
que en estas tardes, sobre un papel,
hay una forma nueva de querernos
y que al recitarnos hacemos de mi casa tu hogar
y de su música creamos nuestro mundo
y eso es algo bueno
al menos, en mi caso.


Brenda Lopez Soler





Sólo tengo la palabra para que te quedes.
En este sagrado territorio sin espacio.
O es que quizá, es todo el espacio mismo.
Y no tenemos ojos para verlo, o no sirven.
Porque desborda todas las viejas razones de la tierra.

Y ni siquiera tengo la voz ni el gesto.
Ni el cuerpo ni el sueño.
Ni nada de lo conocido,
Para mostrártelo y que me muestres.

Cómo es posible entonces que sigamos aquí.
Y que te quedes sin entrarnos.
En esta extraña concupiscencia sin límites .
Ni labios ni manos.
Ni sexo de desordenadas sábanas blancas,

Debe de haber algo ancestral y milenario.
En lo que defiendo y defiendes.

- O es esto todas las razones del silencio, y quererte -

sábado, 21 de diciembre de 2019

Sara Zapata





VERANO

Todo es posible en verano,
quitarse los zapatos,
pasear por la vida
comiendo helado
y saltar a la piscina
desde un trampolín
a tres metros de altura de la cordura.
Todo es posible en verano
porque el sol quema, calienta
y refrescarse a besos
y desnudarse,
es más sencillo que en el frío invierno.
Subir a un avión, cerrar los ojos
y abrirlos en Singapur
donde no entiendes
ni te entienden
y suspiras aliviada
por desprenderte de las palabras
y volver al gesto,
tan universal y prehistórico
como el dolor.
Pero luego está lo otro,
el despertar picoteada de mosquitos
que no sólo avivan el escozor
sino también la conciencia
un martes cualquiera
a las tres de la madrugada.
Sacar la ropa del año pasado
envuelta en recuerdos
y descubrir que no,
que ya no.
Todo es posible en verano,
todo,
menos lo que siempre,
fue imposible.




• Nuria Ruiz Fernández •



LABERINTOS


Laberintos de melancolías
confluyen en la desembocadura
de un océano de confusiones.
No sé cómo frenar
los impulsos del enigma
que navega contra corriente.
Las marismas del misterio
sortean libremente
los meandros de mi conciencia.
Y ya no puedo más.
Quiero huir hacia atrás
y la falta de velas
en mi máquina del tiempo,
me lo impide.
Y ya no puedo más.
Deseo adormecerme en la popa
de mis pensamientos
y la ausencia de orientación
me obliga a estar alerta.
Y ya no puedo más.
El navío del silencio se ancló
en el estrecho de mi sinsentido
y se niega a poner rumbo

hacia el puerto de las sinceridades.


Del libro: A tu encuentro.
Colección: Poesía en la Distancia.


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