lunes, 10 de agosto de 2026

Javier Sánchez Durán

 




MOLINO DE LA VEGA, CALLE TRIGUEROS, AÑOS 60



Aquellas interminables tardes de verano,
gozosas tardes de pan con aceite
que con los años se tornaron
en tardes de vino y hermosos geranios
en un luminoso patio
donde se cocía cotidianamente la vida
y el tiempo tórrido lo secaba todo.
Allí vivimos la sal y el salitre de la marisma próxima,
carreras y saltos al vacío del tiempo,
la búsqueda del tesoro de los besos robados
en la frontera informe de aquel barrio nuestro
con las cuadriláteras salinas del misterio oscuro
donde soñábamos libar una piel nueva
que llevara el gusto a la miel y a la albahaca de nuestros patios.
Eran tardes largas de estío
que se estiraban hasta la madrugada
en las que componíamos la vida
con pequeñas notas en la sinfonía triste del tiempo.
Nos bebíamos la mar toda de un solo trago
hambrientos de olas y de espuma
y reíamos porque estábamos vivos sin saberlo del todo
y la vida era tanta que nos salía por los ojos
y por la boca inmensa
con la astucia de un gato callejero
que a nadie pertenece y pertenece a todos.



"Versos de un viajero confuso" ED- NIEBLA


María Carvajal

 





BRÚJULA

Al sur de mí están mis pies para volver siempre
porque en el retorno hay refugio, amor y vino.
En el centro de mí está mi sexo para darme, para darte,
[para darnos
porque es mi regalo más personal.
Al norte de mí están mis ojos para mirar al este y al oeste
porque así me aseguro de que caminas conmigo
y de que al lado de mi sur está tu sur.

Antonio Gala

 






Ella


Bebió en tu boca el tiempo enamorado
y la cuajó con besos de paloma.
Casto tu cuello, sobre el oro asoma
tan sólo por el oro acariciado.
Lunado el pelo, el corazón lunado,
rubor apenas por el aire aroma.
Amapola ritual tu torso toma
y te aparta del mar verde azulado.
Tu mirada de miel, marisma ardiente,
la luz antigua con las luces nuevas
-recién despierta y ya cansada- alía.

Te duele la victoria, y dócilmente
a cuestas tu destino de amor llevas,
delicada y sangrienta vida mía.    


Pablo Mora

 



Regreso

Hoy entreabrí la puerta de la infancia

con la nostalgia vuelta hacia la cuna

y no encontré ni un rastro de la luna

que ayer nomás iluminó mi estancia.

Hoy me inundó la mar de la distancia

al evocar mi vegetal laguna

y en la vieja resaca una por una

fue anclando sus pisadas mi inconstancia.
Hoy me perdí en las ruinas de mi ayer

en busca de un alero, de un cimiento,

de un mango, un cafetal o mi nacer

y al verme en los umbrales de mi aliento

honda desolación cruzó mi ser:

oí que sollozaba mi lamento.

De Almácigo 2 (1980)
Foto de Lola Martínez Sobreviela